Una mujer camina o, más bien, se precipita de un lado a otro de su habitación. Está harta. Harta de sus jefes, harta de la incompetencia de aquellos que están por encima en la pirámide jerárquica. Centenares de hojas escritas de su puño y letra se han extraviado dios sabe dónde por culpa de sus superiores, los mismos que le habían encomendado la tarea de escribir ese texto inacabable. ¿Pero cómo ha llegado esa gente hasta ahí? No aguanta más. Siente, dice, "grandísima repugnancia" en repetir aquel proyecto que tantos desvelos le había provocado.
Y cuántos, a día de hoy, no han sentido ese mismo rechazo "repugnante" por volver un día más a esa oficina de la que salieron escaldados el día anterior. O por tener que morderse la lengua para no responder de malas maneras a un cliente insolente y endiosado. Pero resulta que la mujer que está a punto de estallar de rabia en su habitación no trabaja tras un mostrador o frente a un ordenador. Se trata, en cambio, de María de San José, una monja agustina recoleta nacida a mediados del siglo XVII que tuvo que soportar que las autoridades eclesiásticas de la región en la que estaba destinada le ordenaran escribir su biografía para, más tarde, perderla.
Las doctoras en Literatura Hispánica y Estudios Culturales Ana Garriga (Salamanca, 1989) y Carmen Urbita (Madrid, 1989) narran las desavenencias de María de San José con sus superiores en Instrucción de novicias (Blackie Books, 2026). No es la única figura religiosa en aparecer: Teresa de Jesús, Catalina de Siena, Verónica Giuliani o Juana Inés de la Cruz, entre otras, también desfilan por sus páginas. Todas tienen algo en común, según las autoras: se trata de monjas barrocas cuyas vidas y obras pueden servir de lecciones en nuestro presente.
No es casualidad que una de sus frases más repetidas en la obra, prácticamente su leitmotiv, sea "da igual en qué siglo leas esto", a lo que sigue invariablemente la enseñanza que sacan las escritoras de una u otra religiosa.
De María de San José, por ejemplo, escriben: "Si en lugar de una agustina recoleta de pocos recursos y perfil bajo del siglo XVII, María hubiera sido una chica corporativa atrapada en alguna multinacional de nuestro siglo, los niveles de disgusto la habrían empujado hasta la oficina de recursos humanos para presentar su dimisión".
Carmen Urbita (i) y Ana Garriga (d), autoras de 'Instrucción de novicias'. Foto: Arden
Comparten, también, los vaivenes de Teresa de Jesús con una de sus más estrechas amistades, María de San José —no, no es la misma monja agustina a la que hemos dejado más arriba atribulada por la insensatez de sus superiores—. En las críticas que vierte la santa de Ávila sobre su amiga por su naturaleza manirrota, Urbita y Garriga ven un reflejo de la agridulce pero necesaria y reconfortante experiencia de la amistad tal y como la vivimos hoy.
La obsesión por estas figuras del siglo de Oro fue, de hecho, lo que motivó el nacimiento de la amistad entre ambas autoras cuando se disponían a embarcarse en un proyecto de doctorado en Estados Unidos.
Una vida, la de doctorandas en Nueva Inglaterra, que pronto vieron que, en su precariedad y restricciones voluntarias, se asemejaba más de lo que en un primer momento pudieron imaginar a la de una monja de clausura. "Es cierto que el voto de pobreza que tomamos al convertirnos en estudiantes de doctorado en Estados Unidos debía parecerse bastante al que asume una austera carmelita descalza. La sumisión académica hacia profesores y directoras de tesis no era menos inflexible que la negación de la propia voluntad que siempre encierra el voto de obediencia", cuentan en su libro.
Conforme pasaron los años, cada vez encontraron más semejanzas entre sus adoradas monjas barrocas y la vida moderna: "Muy pronto nos percatamos de que una camarilla de carmelitas descalzas españolas del siglo XVI podían analizar las complejidades del panorama amoroso contemporáneo con un nivel de fineza que ningún episodio de Sexo en Nueva York podría lograr jamás; que una clarisa capuchina ayunando en la Italia del siglo XVII puede ayudarte mucho más que cualquier gurú del body-positive; y que ninguna charla de Ana Botín sobre empoderamiento femenino estará nunca a la altura de las lecciones que una jerónima mexicana puede ofrecerte para aprender a manejar a tu jefe".
Cubierta de 'Instrucción de novicias' (Blackie Books, 2026)
En 2020, fruto de esta continua comparación entre ambas épocas y su devoción por el conocimiento que dejaron tras de sí varias de estas mujeres (además de, para qué negarlo el ansia creativa que trajo consigo la pandemia) nació su pódcast Las hijas de Felipe. En él, ensartaban en tono distendido la cultura religiosa con anécdotas personales.
Fue más tarde, en 2023, cuando se tuvo por primera vez noticia de lo que más tarde se titularía Instrucción de novicias. Garriga y Urbita presentaron en la Feria de Frankfurt—la primera escala de muchos proyectos literarios que todavía están en fase germinal para vendérselo a los sellos editoriales— lo que en aquel momento habían bautizado como Sabiduría de convento: cómo las monjas del siglo XVI pueden salvar tu vida del siglo. Fue un éxito total. Los días posteriores al evento, su agente recibió 25 ofertas de 8 países diferentes.
Instrucción de novicias aparece en un momento de máxima popularidad del mundo eclesiástico y, en concreto, de la vida monástica. Aunque el trabajo de esta docta dupla viene de largo —su pódcast arrancó en 2020, en plena pandemia— ellas mismas reconocen en su preludio una corriente que está cada vez más en boga, de la que obras como el último trabajo de Rosalía o el filme de Alauda Ruiz de Azúa Los domingos son reflejo cultural y de la que ellas son precursoras.
Para las autoras el origen de esta tendencia no es ningún misterio: "Todo lo que sucede ahora mismo parece invitarnos a buscar el refugio de un espacio seguro donde la comida, el cobijo y la rutina están garantizados y donde convive una comunidad movilizada por un propósito común. Pero ¿estábamos lo suficientemente desesperadas como para abandonar nuestros devaneos del siglo XXI y asumir las restricciones que entrañan los votos de castidad, pobreza y obediencia? Rotundamente no. Las cuatro paredes del convento no eran nuestra salida, pero las monjas que las habían habitado durante siglos sí lo eran", apostillan en el epílogo del libro.
Ellas, eso sí, no se reducen al mero fenómeno. Exploran los recovecos de los monasterios con el máximo rigor, buceando en los extensos testimonios (biografías, hagiografías, tratados espirituales y crónicas de viajes...) que dejaron por escrito muchas de estas mujeres. De todo ello han sabido extraer un valiosísimo jugo que les ha servido para sobrevivir a un presente más inclemente de lo que parece. Todo un recorrido por las vidas de estas religiosas del Siglo de Oro, que las autoras han sabido hacer ameno sin por ello perder por el camino un ápice de su indudable erudición.
