Publicada

Somebody Tried To Sell Me A Bridge

Van Morrison 

A sus 80 años, el león de Belfast vuelve a rendirse al blues. B.B. King, Lead Belly, Fats Domino y John Lee Hooker desfilan por su nuevo álbum, el cuadragésimo octavo de su trayectoria.

El  músico norirlandés homenajea al género con el que creció y que tantas alegrías le ha dado, solo un año después de publicar Remembering Now (2025).

En este anterior trabajo, Morrison demostró estar vocalmente en plena forma y que su devoción por Ray Charles seguía intacta.

En este nuevo trabajo vuelve a hacer lo propio, pero no todo son versiones: incluye cuatro canciones nuevas escritas por Morrison –“Monte Carlo Blues”, “Loving Memories”, “Social Climbing Scene” y la propia “Somebody Tried To Sell Me A Bridge”– que encajan con naturalidad entre los clásicos y muestran que todavía tiene cosas que decir como compositor.

Un álbum de 20 canciones sin riesgo, que no busca reinventar elgénero, sino exhibir a su banda y de paso, su propio oficio. 

Secret Love

Dry Cleaning

El tercer álbum de la banda londinense es un ejemplo de cómo hacer canciones sobre el presente sin caer en el cliché ni en el aburrimiento.

Quien llegue a Secret Love esperando un disco de pop al uso puede salir desquiciado por el soliloquio de la vocalista Florence Shaw, que rara vez canta y casi siempre recita.

Pero si se deja arrastrar por su voz monocorde y fría, es fácil engancharse a la ironía y la sátira que atraviesan sus letras.

La vocalista canta sobre las fake news (“Hit My Head All Day”), los trabajos alienantes (“Cruise Ship Designer”), la soledad elegida que se convierte en aislamiento (“Let Me Grow and You’ll See the Fruit”) y la presión cotidiana de las tareas domésticas (“My Soul / Half Pint”). 

El cuarteto se entrega a la producción de Cate Le Bon y a su gusto por los arreglos raros y los bajos melódicos, dando forma a un disco peculiar pero muy disfrutable.

Selling a Vibe

The Cribs

Los hermanos Jarhman vuelven después de cinco años con Selling a Vibe, un disco que suena a segunda juventud. La banda, formada una década antes de la era dorada del indie británico (2010), no gozó del reconocimiento que sí tuvieron sus coetáneos Franz Ferdinand, Bloc Party, The Libertines o Kaiser Chiefs.

Aun así, el trío familiar de Wakefield — con los gemelos Gary y Ryan a la cabeza, y el pequeño Ross en la batería— se ha ganado un público fiel y la etiqueta de banda de culto.

No todo el mundo puede presumir de haber contado con el guitarrista Jhonny Marr como cuarto miembro (de 2008 a 2011), ni de hacer un disco con Lee Ranaldo, cofundador de Sonic Youth. 

En este nuevo álbum, The Cribs reinciden en ese sonido dosmilero de guitarras afiladas y estribillos coreables, destilando algo de la nostalgia indie en canciones como “Dark Luck”, que bien podría haber sonado en cualquier pub en 2010. 

En sus letras, los Jarhman miran con ironía a la autenticidad (la propia "Sellin a Vibe"), la integridad (“Self Respect”) y el paso del tiempo (“Never The Same” o “Looking For The Wrong Guy”) en una industria musical cada vez más frenética. 

No es casual que cierren el disco con “Brothers Won’t Break”, un recordatorio de que el centro de gravedad del grupo sigue siendo la lealtad entre hermanos. 

Don't be dumb

A$AP Rocky

Más acostumbrados a verle en la gran pantalla que en la cabina de grabación, A$AP Rocky regresa a la música después de ocho años con Don’t Be Dumb. 

Tras Testing (2018), el rapero neoyorquino vuelve con un álbum ambicioso, con el que el demuestra estar más preocupado por construir un universo visual —con Tim Burton a cargo del diseño de la portada— sonoro y narrativo propio, que por encajar en los estándares y los tiempos del mainstream.

Este disco es un homenaje al rap de Harlem de los 2000, del que salieron raperos como The Diplomats, de Jim Jones y Cam’ron, a los que recuerda en "Helicopter".

Rocky, nacido en el mismo barrio neoyorquino, se apropia de ese sonido y le imprime una capa electrónica y experimental que lo acerca a su propio universo.

El músico, que en estos años ha pasado de soltero de oro a padre de tres criaturas junto a Rihanna, recuerda en este nuevo trabajo cómo la fama y la industria acaban siendo amantes traicioneras, y se posiciona en sus letras como el protector definitivo, física y emocionalmente presente para sus hijos.

Se lo recuerda a Drake en "Stole ya flow", una de las perlas del álbum, a quien le reprocha estar más preocupado por los juegos “sensibleros” de la industria —y sus encontronzados con Kendrick Lamar—que por lo que ocurre en su propia casa.

Lo hace con la fanfarronería del rap clásico, presumiendo de dinero, estilo y estatus y de colaboraciones como Gorillaz ("Whiskey"), Tyler, The Creator y will.i.am. 

Por la hierba 

Ángel Stanich

Ángel Stanich es uno de los mejores letristas actuales en español y lo vuelve a demostrar en Por la hierba (Calaverita Records). Que sea su disco más introspectivo no significa que haya dejado de envolver sus canciones con un crujiente rebozado de referencias culturales y de actualidad política, de Ilia Topuria a Melania Trump, de Los Simpson a François Truffaut.

Tampoco significa que no haya varias canciones muy bailables, y además contiene algunas de sus mejores melodías hasta la fecha

El álbum, con arreglos de primera y producción impecable (labor del propio Stanich junto a Juan Torán), arranca con el ritmo motorik de “Carretera o trueno” (con la colaboración de Anni B Sweet y el cameo de Abraham Boba) y continúa con el aire disco y melancólico de “Poquita fe”, una oda a los fracasados entrañables como el José Ramón interpretado por Raúl Cimas en la serie homónima

También hay blues (“La casa negra”), baladas vintage (“Super Gris”), rock de raíz americana (la fantástica “Os traigo amor”, que fue el primer adelanto) y hasta bachata (“Una bachata nueva”). 

El último tercio nos deja tocados emocionalmente con “He ido más allá”, “Solo en la ciudad” (triste y hermosa) y “Por la hierba”. Aunque suene a tópico, es un disco que se va revelando poco a poco con cada nueva escucha.