Es más cómodo atacar una futurible dictadura de la IA que preguntar sobre las guerras actuales, y el cine lo puede todo, excepto la política. Así se ha demostrado con una jornada que aunaba el regreso de Gore Verbinski (Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra, 2003), el Oso de Oro honorífico a Michelle Yeoh y las declaraciones de Wim Wenders como presidente del Jurado Oficial.
Lo ha verbalizado el responsable de Alicia en las ciudades (1972) o París, Texas (1984), un alemán que dice haber “exorcizado el sueño americano” con sus películas. Cuestionado por un periodista sobre su posición sobre Palestina, un sorprendente "fallo técnico" ha privado a la prensa de conocer su respuesta.
En la rueda de prensa inaugural de la 76ª edición del Festival de Berlín, Wim Wenders declaraba: “Sí, las películas pueden cambiar el mundo, aunque no de forma política. Ningún político cambiará sus ideas gracias a una película. Pero podemos cambiar las ideas de la gente sobre cómo vivir”. Como si algo fuera política y lo otro, no.
Luego, Wenders atacaba a la desinformación de los noticiarios. Su recelo anti-institucional recuerda al practicado por la ultraderecha, la que repite aquello de que ya no puedes fiarte de nadie: “Cómo vas a saber nada [sobre el mundo] sólo viendo las noticias. Puedes conocer mucho más si entras a una sala y ves a una persona en su sufrimiento, y cómo preferiría vivir”.
Le seguía la productora de La zona de interés Ewa Puszczyńska, también miembro del Jurado Oficial: “El cine es soft power. No nos damos cuenta del poder que tiene el cine para cambiar las conciencias”, a remate de Tricia Tuttle, directora artística de la Berlinale, que aseguró que era “el vivo ejemplo de que el cine puede cambiarte de una forma que el diálogo solo no puede”.
Wim Wenders, de ochenta años, sucede en el cargo a Todd Haynes, a Lupita Nyong'o y a Kristen Stewart. Ninguno de ellos tuvo reparos en abordar la política de frente, a pesar de la presión que la Berlinale ha ejercido sobre cualquier proclama del genocidio en Gaza (véase la denuncia colectiva, junto al ayuntamiento de Berlín, contra el equipo de No Other Land por “antisemitismo”).
Entre el imagine all the people y la pacificación en términos de Pax Romana avanzaba el debate inaugural, hasta que un periodista ha preguntado explícitamente por el posicionamiento de los miembros del Jurado alrededor de la política arbitrada por la dirección del festival en materia palestina.
En ese momento, la retransmisión en abierto ha caído –por un alegado “fallo técnico”– y no se ha recuperado hasta cerrar el tema. Mientras, el Jurado recriminaba la pregunta al periodista, pero si el episodio no ha trascendido como un gesto parecido a la censura es, simplemente, porque no se ha visto.
Honor para Michelle Yeoh
Michelle Yeoh, con el Oso de Oro Honorífico. Foto: EFE/EPA/FABIAN SOMMER
“Mi camino ha atravesado idiomas y culturas, continentes y géneros, a veces con elegancia y otras un poco a tropezones, pero siempre guiado por la curiosidad y una fe profunda en el cine”, se secaba las lágrimas la actriz conocida por Tigre y dragón (Ang Lee, 2000), Amor, honor y libertad (Luc Besson, 2011) o Todo a la vez en todas partes (Dan Kwan, Daniel Scheinert, 2022), aunque su carrera se extiende unos cuarenta años en el cine de acción hongkonés.
Su discurso también ha esquivado la denuncia, destacando en cambio lo excepcional de su carrera: “Aquella chica de Malasia, que amaba la disciplina, el baile y soñar sin límites, no podía imaginar que viajaría tan lejos a través de las historias”.
Y ha seguido, emocionada: “El cine se convirtió en el lugar donde podía abrazar las contradicciones: la fuerza y la vulnerabilidad, la seriedad y el juego, el control y la entrega. Me dio no solo una carrera, sino una vida muchísimo más grande de lo que jamás me habría atrevido a imaginar”. El cine, que lo puede todo mientras no moleste a nadie.
Vuelve Gore Verbinski
A pesar de haber dirigido el arranque de la franquicia descomunal de Piratas del Caribe, el remake revienta-taquillas de The Ring (2002), y aunque ganara un Oscar con Rango (2011) y tenga en su filmografía trabajos con Brad Pitt y Julia Roberts (The Mexican, 2001), o con Nicolas Cage y Michael Caine (El hombre del tiempo, 2005); el caso es que Gore Verbinski nunca terminó de convertirse en un nombre reconocible para el gran público, alguien a quien echar en falta.
Por ello, resultó bastante indoloro el tiempo transcurrido desde el fracaso de El llanero solitario (2013) y La cura del bienestar (2016), hoy vista como una antecesora del terror elevado y con estatus de culto.
Tampoco las productoras lo han estado solicitando: se le conocen dos proyectos fallidos (uno, Cattywampus, un musical sobre un gato eternauta), su gran regreso sólo consiguió realizarse gracias al apoyo de Sam Rockwell, gran amigo y actor protagonista, y la película acabó en manos de Briarcliff, distribuidora conocida por comprar películas problemáticas; de la boicoteada The Apprentice. La historia de Trump (Ali Abassi, 2024) a Magazine Dreams, con Jonathan Majors.
Ello no capa las ansias de grandeza o el espíritu maximalista de Good Luck, Have Fun, Don’t Die, un cruce entre la acción en tropel imperfecto de Terminator 2 y la sátira tecnológica de Los Mitchell contra las máquinas, con las esporádicas salpicaduras sangrientas de Bienvenidos a Zombieland.
Sam Rockwell en 'Good Luck, Have Fun, Don't Die'
La sencillez del argumento, que arranca cuando Rockwell recluta a un grupo de perdedores para extirpar el origen de una Inteligencia Artificial dictatorial del futuro, no hace ascos a ninguna de las estampas de los géneros entre los que se bambolea. Eso es: sátira, acción shoot’em up, terror zombi y algo de melodrama resabiado para una moraleja a la altura.
Los volantazos que dirigen de una situación a otra, una colección de deus ex machina, se sostienen sólo gracias a la tremenda energía del reparto, aunque ni Rockwell ni Haley Lu Richardson ofrecen perspectivas nuevas a su repertorio habitual.
Si el filme divierte por encima de lo extendido, inverosímil y plano del relato, es porque -como en un doomscroll infinito por entre vídeos de brainrot- sólo nos queda esperar, con curiosidad ligera y malsana, a una próxima ocurrencia absurda.
