Annapurna Interactive ha ejercido una influencia decidida en el desarrollo de lo que hemos llegado a denominar indie en los videojuegos, un término que hace mucho tiempo que se disoció de los bajos presupuestos y la falta de apoyo corporativo. El sello de Megan Ellison, hija del magnate tecnológico y hermana del megalómano líder de la Paramount, reunió una de las colecciones más excelsas de la historia, una suerte de títulos innovadores, emotivos y muy influyentes que consolidó su reputación en una industria zaherida por las pulsiones fiduciarias.

Al menos hasta la espantada de 2024, cuando 25 miembros clave del personal renunciaron por desacuerdos con la dirección, una espantada que de manera ineludible ha lastrado la percepción de una marca que hasta entonces se podía comparar con lo que A24 hace en el cine. Mixtape, la nueva obra de Beethoven & Dinosaur (artífices del evocador The Artful Escape), sobrevivió al trance y por fin, tras casi cinco años de desarrollo, llega a nuestras manos.

En una ciudad californiana a finales de los años 90, tres adolescentes disfrutan del último día del curso antes de que sus caminos se bifurquen para siempre. Stacey, la líder espiritual del trío, está determinada a viajar a Nueva York para erigirse en una supervisora musical que marque una época gracias a su conocimiento enciclopédico de la industria.

Para celebrar su última velada juntos, ha pergeñado una selección de canciones perfecta, la banda sonora de una época que recordarán con entusiasmo el resto de sus vidas. O eso piensa ella. Conforme avanza la tarde, las tensiones que han ido bullendo bajo la superficie asoman la cabeza para interrumpir el plan.

A priori, Mixtape puede dar la impresión de circunscribirse al modelo de Life is Strange, pero más allá de algunas coincidencias circunstanciales, estamos ante una experiencia muy diferente. Aquí no hay puzzles, decisiones o misterios que resolver; sino más bien un apacible recorrido por una colección de postales que beben de la misma sopa primordial: el imaginario de las películas de John Hughes y las sitcom de la época que se desarrollaban en tranquilas zonas residenciales de las afueras.

Stacey y sus amigos se expresan con un ingenio y una inventiva que ningún adolescente (de entonces ni ahora) es capaz de emular, con un fondo de armario de referencias culturales insondable y siempre preparado, al mismo tiempo que insertan chiquilladas infantiloides igual de forzadas, definiendo un panorama tan evocador como irreal.

Es muy complicado dilucidar si este era el propósito original de Johnny Galvatron y su equipo cuando se pusieron manos a la obra con este proyecto. Un relato fantástico, una experiencia onírica. Stacey y sus amigos recuerdan episodios de sus aventuras adolescentes con obvias florituras estilísticas (como una persecución policial de película) que van a más conforme avanzan en el relato hasta llegar a una apoteosis donde la conexión con las leyes de la física es meramente testimonial.

Un fotograma del videojuego 'Mixtape'

Podemos pensar que sí, en efecto, todo es intencionado; pero a la postre estos personajes también comparten los mismos rasgos caricaturescos que adornan las diferentes secuencias, lo que provoca una desconexión de raigambre límbica difícil de obviar. Algo que, indefectiblemente, le acaba pasando factura cuando asoman los títulos de crédito.

Mixtape tiene muchos argumentos a su favor. Estéticamente es brillante, sacando el máximo partido del skip frame que popularizaron las aventuras de Miles Morales en las películas animadas de Sony. Cualquiera que haya crecido en los 90 reconoce este imaginario, identifica estos patrones y vibra con esta maravillosa colección musical. O al menos una buena parte de nosotros que estuvimos expuestos a la influencia cultural anglosajona desde antes de pronunciar siquiera una palabra inteligible.

Un fotograma del videojuego 'Mixtape'

Hay momentos en esta aventura donde todos los neurotransmisores de serotonina disponibles ejecutan la más excelsa coreografía sincronizada en nuestras sinapsis cerebrales. Momentos tan excelsos que nos recuerdan, con letras brillantes, por qué los videojuegos disfrutan de esta primacía estética tan avasallante. Pero al final, el remanente es mucho más liviano de lo que se intuía al comienzo. Son calorías vacías, desechables, impermanentes. Como una radiofórmula veraniega.

En un momento dado, Stacey se angustia con la presión de tener que estar viviendo la experiencia adolescente, a lo que uno de sus amigos le responde que la experiencia adolescente es inasequible. Es quizá el retazo de mayor sabiduría del juego. Ciertas etapas en la vida nunca vuelven y capturar la esencia de estos momentos transformativos es tan imposible como fútil. Lo que queda, al menos, es una colección de canciones absolutamente genial. Y quizá eso debería de bastar.

Mixtape

Estudio: Beethoven & Dinosaur

Editora: Annapurna Interactive

Director creativo: Johnny Galvatron

País: Australia

Plataformas: PC, Switch 2, Xbox Series, PlayStation 5