Eusebio Sempere iluminando una maqueta de relieve luminoso, en 1959. Foto: Studio Yves Hervochon, París. Archivo MACA. Fondo documental Sempere

Eusebio Sempere iluminando una maqueta de relieve luminoso, en 1959. Foto: Studio Yves Hervochon, París. Archivo MACA. Fondo documental Sempere

Arte

Así llegó Eusebio Sempere a la abstracción geométrica: un artista en los márgenes

El IVAM presenta los 'goauches' y relieves luminosos del alicantinos, donde desarrolla sus ideas sobre el arte óptico y cinético.

8 abril, 2024 01:11

Con motivo del centenario de su muerte, Eusebio Sempere (Onil, Alicante, 1923-1985) vuelve al IVAM tras su exposición antológica en 1998, y a la que siguieron otras como la dedicada por el Reina Sofía en 2018. 

Sempere en París

IVAM. Valencia. Comisaria: Rosa Castells. Hasta el 9 de junio

Aunque siempre estuvo en el centro valenciano, siendo su colección uno de los núcleos fundacionales del museo, su obra ha permanecido a menudo sepultada por los avatares del veloz tiempo del arte al que el artista parecía no llegar en el justo instante.

En los márgenes de las tendencias dominantes del momento, ya fueran los informalismos durante, o el realismo crítico del pop y los conceptualismos después, este artista no acababa de cuadrar.

Sempere configura un abecedario de formas geométricas mínimas y sencillas sobre fondos oscuros

Próximo a las experiencias constructivas tras la Segunda Guerra Mundial, y ya en el París de los años cincuenta, su obra conectó con la deriva de la maltrecha vanguardia y, desde ahí, anticipó tendencias como el Op Art, el cinetismo y en cierta manera también del Minimal. Determinaciones estas que se vieron reconocidas en la exposición The responsive eye (1965) auspiciada por el MoMA, una de las escasas aproximaciones que este museo hizo a los artistas españoles surgidos en la segunda mitad del siglo XX.

A diferencia de las exposiciones señaladas, la muestra Sempere en París atiende en exclusiva a la producción del artista entre 1948 y 1960, centrada en la presentación de sus goauches y relieves luminosos, donde desarrolla sus ideas sobre el arte óptico y cinético, caracterizadas por una poética basada en la luz y el color.

Vista de la exposición de Sempere en el IVAM. Foto: Juan García

Vista de la exposición de Sempere en el IVAM. Foto: Juan García

Se trata por tanto no de una exposición al uso con la que abarcar la evolución del artista, sino de una “exposición de gabinete” en la que se encapsulan las bases fundamentales de su obra y que servirían de punto de inflexión en su producción, como el interés por el análisis de la forma, los efectos ópticos y la composición.

A ello se suma la presentación de nueve de sus célebres relieves luminosos. Artefactos llevados a cabo con chapado de madera y luz eléctrica en los que aparecen sus características formas geométricas recortadas. El objetivo es trasladar un efecto de movimiento a través de planos diversos retroiluminados alternativamente.

[La luz solitaria de Eusebio Sempere]

Asimismo, alrededor de 70 documentos inéditos, que incluyen álbumes de recortes, textos del artista, material de prensa y fotografías, entre los que destaca la correspondencia con otros artistas como Julio González, con su maestro Alfons Roig o con el crítico Vicente Aguilera Cerni y con la pintora Loló Soldevilla.

La exposición arranca con un excelente conjunto de dos acuarelas y un óleo fechados entre 1949 y 1950, obras en las que resulta patente la huella de Klee y Mondrian, como lo fueran antes las de Braque, Matisse o Sonia Delaunay.

Eusebio Sempere: 'Sin título', 1953. IVAM Institut Valencià d’Art Modern

Eusebio Sempere: 'Sin título', 1953. IVAM Institut Valencià d’Art Modern

Ya en París, becado en el Colegio de España, Sempere entra en contacto con los últimos coletazos de la vanguardia por la vía de la abstracción geométrica y lírica. Con ello saltaría de Albers a Kandinsky para abandonar definitivamente la figuración y los remedos expresionistas de sus primeras obras.

En contacto con Chillida, Pablo Palazuelo o Lucio Muñoz, Sempere asienta las relaciones artísticas que condicionarán su obra posterior. Por otra parte, en París se relaciona también con los artistas geométricos que recalaban en la galería Denise René como Vasarely, Arp, Schöffer, Soto, Sobrino o Seuphor.

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Ese sería el caldo de cultivo desde el que se fue perfilando aquello que el propio artista denominó como “vocabulario de significantes propios”, el lenguaje con el que definió su personalidad artística.

Así se configura un abecedario de formas geométricas mínimas y sencillas sobre fondos oscuros, dispuestas para establecer relaciones entre línea y color que dan lugar a sus primeros gouaches sobre papel en 1953. Se trata de los Sempere de Sempere. Obras que el artista guardó para sí hasta el final de su vida.

Otra de las salas de la exposición de Sempere en el IVAM. Foto: Juan García

Otra de las salas de la exposición de Sempere en el IVAM. Foto: Juan García

Estas obras, emparejadas en esta exposición con los interesantes lienzos de mediano formato como Sin título y Composición geométrica, ambos de 1954, anteceden el ciclo de los célebres “quesitos” sobre cartulinas oscuras y negras, así como el óleo sobre lienzo blanco Sin título (1957), en los que situaba la formación de diversas figuras geométricas con las que construir dependencias y movimientos diversos desde una consideración reductiva y mínima de la forma.

De ahí, el salto a los relieves de los que esta exposición da cumplida muestra. Gouaches y relieves en los que se expone el interés de Sempere por la movilidad de la luz, el espacio y el tiempo y que anticipan su fascinación por el arte óptico y cinético que se asienta en mitad de los años cincuenta.

[La fotografía, más allá de las pantallas, en las paredes del museo]

Sin embargo, frente a los juegos de desplazamientos meramente físicos, Sempere antepone lo contemplativo. Se trataría de cierta cadencia lírica que lo aleja del rigor más severo como también de simples efectismos, sin dejar de medir lo que vemos como meticuloso y metódico.

Con los relieves fechados en 1960, en los que se percibe la luz como materia poética, más allá de la pura óptica y el cinetismo, asoma otro Sempere, no un Sempere a primera vista frío y racional, sino el que ya antes se miraba en Klee a partir de un diálogo poético siempre en constante movimiento, siempre cambiante. Así, lo que podríamos percibir como severo va mutando en emotivo e incluso ingenuo, en construcciones sencillas que crecen sobre sí mismas para dar lugar a un volumen incierto, abriendo huecos de vacilante profundidad.

Vista general de la exposición de Sempere en el IVAM. Foto: Juan García

Vista general de la exposición de Sempere en el IVAM. Foto: Juan García Foto: Juan García

Y es posible, incluso, descubrir el juego y el divertimento, como lo delicado y lo frágil, sin marcos rígidos, sin posiciones invariables, porque todo se mueve –aun cerrando los ojos– en un paseo de iluminados nocturnos que regresan, una y otra vez, a una exposición que no hace sino volver sobre sí misma dejándose llevar. 

Maestro geómetra

Sus cuadros supusieron una revolución técnica al ser los primeros en contener luz y movimiento, pero sus composiciones geométricas fueron su principal baluarte. En un momento donde imperaba el informalismo gestual, él exploraba las geometrías complejas con líricas de ritmos oblicuos, de un modo pulcro y riguroso.