Una de las sucursales de Arriaga Asociados.

Una de las sucursales de Arriaga Asociados.

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La ley hipotecaria obligará a reinventarse a los Arriaga y compañía

Arriaga, Triviño, Navascusi… Son despachos de abogados que se asocian con las reclamaciones a la banca. Uno de los sectores que más ha invertido en publicidad, y que más dinero ha logrado amasar gracias a los desmanes de la banca contra sus clientes. Una situación que podría cambiar en las próximas semanas, una vez que se apruebe la futura Ley Hipotecaria que se negocia en el Congreso de los Diputados. 

El texto provisional contempla eliminar la mayor parte de las reclamaciones que hasta ahora se hacían a los bancos: se obligará a que asuman los gastos hipotecarios, el impuesto de actos jurídicos quedará en manos de las entidades financieras, y habrá distintas medidas para evitar el abuso de cláusulas contra la clientela. Es decir, se busca dar claridad al mercado de hipotecas y, de paso, evitar reclamaciones a futuro. 

Una situación que obligará a los despachos de abogados conocidos como “fábricas de demandas contra la banca” a repensar su estrategia. El epicentro de sus reclamaciones estaba en la parte hipotecaria, por lo que desde la entrada en vigor de la ley su margen de actuación quedará reducido.

Aprovechar lo que resta 

Fuentes conocedoras del sector explican a EL ESPAÑOL que todavía tendrán margen de actuación con todas las hipotecas firmadas hasta el momento de su puesta en marcha; pero no con la nueva generación de saldos hipotecarios. Por tanto, sus negocios -basados en generación de volumen de demandas- quedará reducido en número y, por ende, les resultará mucho más complicado movilizar a la gente. 

Seguirán intentando mover el árbol con lo que hay por el momento; llegar hasta Estrasburgo con el tema del impuesto de actos jurídicos por si lograran la retroactividad; intentarán también una sentencia favorable para que todo el mundo cobre los gastos jurídicos, pero poco margen más de maniobra les queda”, explica un perito que trabaja con estos despachos de forma habitual. 

Los despachos están tranquilos. Desde uno de ellos insisten en la idea del perito, pero también recuerdan que son abogados especializados en consumo y derecho financiero. Es decir, que estarán en todo aquellos que sus clientes les reclamen por considerar un abuso. 

Muestra de ello es que casi todos están también presentes en el caso Popular (en donde se espera un repunte en los próximos meses de las demandas, una vez que se conozca el informe de los peritos del Banco de España); problemas con acciones subordinadas u obligaciones convertibles, etc. Pero el nexo común de todos, el grueso, eran las reclamaciones hipotecarias por cláusulas suelo, impuesto de actos jurídicos documentados y gastos de constitución. 

Los datos 

“Fíjate que algunos ya están virando hacia la devolución del IRPF por maternidad, empiezan a recordar que también se ocupan de divorcios, de las plusvalías… Empiezan a ponerse la venda antes de la herida, porque temas como el del Popular u otros escándalos financieros como las preferentes no debería haber más”, explican desde el sector financiero. 

Este tipo de despachos especializados en derecho bancario se han convertido en máquinas de generar dinero. Basados en una estrategia de volumen en casos donde consiguen un elevado grado de éxito, consiguen un gran beneficio (especialmente al quedarse con las costas). 

El bufete más grande de todos es Arriaga, como se puede comprobar en una comparativa de los principales despachos que se publicitan en los medios. Según datos de Insight View la empresa facturó en 2016 (últimos datos disponibles en el Registro Mercantil) cerca de 38,5 millones de euros (un 85% más respecto al año anterior) con un beneficio de 16,2 millones de euros. 

Según los datos consultados, tenía entonces 330 empleados con un coste medio de 26.300 euros y unas ventas por empleado de cerca de 116.800 euros. Unas cifras que, a buen seguro, se incrementaron durante el ejercicio 2017. 

Nadie duda de que Arriaga y el resto de despachos lograrán hacerse un hueco a futuro, pero lo que sí parece claro es que tendrán que buscar nuevos nichos en los que trabajar para intentar mantener los ritmos de crecimiento fijados hasta ahora.