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De haber perdido tres finales de Grand Slam a tener la oportunidad de ganar dos en un mismo año. Alexander Zverev luchará el domingo por ganar Wimbledon después de ganar en tres sets a Arthur Fils (6-7, 2-6, 4-6).

El alemán, flamante campeón de Roland Garros y con actuaciones discretas, históricamente, en el All England Club, está mostrando este año su gran adaptación a la hierba con un triunfo incontestable ante el número 114 del mundo.

El británico está viviendo un auténtico sueño y firmando una gesta que Wimbledon no presenciaba desde 2001, cuando Goran Ivanisevic alcanzó las semifinales tras recibir una wild card antes de acabar levantando el trofeo. Nadie esperaba a Arthur Fery, ni siquiera él mismo.

En una edición especialmente discreta para el tenis británico, el joven de 23 años fue avanzando rondas casi en silencio. Sin embargo, al otro lado de la red le esperaba el flamante campeón de París.

Zverev, que nunca había pasado de los octavos de final en Wimbledon, parece haberse quitado de encima todos los fantasmas que le acompañaron durante años hasta conquistar Roland Garros. Liberado, con mayor confianza y el mismo apetito competitivo de siempre, el alemán quiere prolongar en Londres el momento más dulce de su carrera.

Aunque todas las miradas estuvieran puestas en la otra semifinal entre Jannik Sinner y Novak Djokovic, este duelo no tenía nada que envidiarle. Ambos perseguían su primera final en Wimbledon y encontraban en el servicio su mejor refugio para controlar los nervios.

Igualdad máxima

Fery, además, contaba con un aliado de excepción: una Pista Central completamente entregada. El público de la Catedral le empujaba en cada punto y evitaba que se viniera abajo incluso cuando cedía el saque, respondiendo con un break inmediato.

La igualdad fue máxima, con apenas un par de concesiones al servicio, y el primer set terminó resolviéndose en el inevitable tie break.

Fue precisamente en el desempate donde apareció la gran diferencia entre ambos: la experiencia. Zverev se desenvuelve con naturalidad en los momentos de máxima tensión, golpeó primero y se adjudicó la muerte súbita sin ceder un solo punto.

Zverev, durante el partido ante Arthur Fery en Wimbledon. Reuters

El alemán se llevaba así una primera manga muy equilibrada, decidida por pequeños detalles, con un ajustado 7-6.

Superada la exigencia del primer set, Zverev dio un paso al frente. Su derecha empezó a marcar diferencias y encontró la manera de desactivar el juego del enérgico Fery, que por primera vez en todo el torneo fue incapaz de responder al resto del alemán.

Ni las dejadas ni las continuas subidas a la red bastaban para derribar el muro del campeón de Roland Garros, sólido y concentrado de principio a fin.

El británico, por el contrario, comenzó a perder el hilo del encuentro. Se mostró frustrado, protestó en varias ocasiones a la juez de silla y esa desconexión terminó pasándole factura.

Dos breaks consecutivos permitieron a Zverev abrir una brecha definitiva, mientras la Pista Central, que al inicio rugía como un estadio de la Premier League, quedaba sumida en un silencio absoluto. El alemán cerró el segundo parcial con un contundente 6-2 y dejó el encuentro prácticamente sentenciado.

La tercera manga mantuvo el mismo guion. Fery, que durante el torneo había demostrado una enorme capacidad para resistir y remontar en los momentos más complicados, esta vez tuvo que rendirse ante la evidencia.

El drive de Zverev se adueñó por completo de la Pista Central, acompañado de un servicio tan potente como preciso. Terminó así la inolvidable aventura de Arthur Fery en Wimbledon 2026, un torneo que quedará para siempre en su memoria.

Su sueño se apagó ante un Zverev brillante, vencedor por 7-6(0), 6-2 y 6-4, y transformado desde su conquista en Roland Garros. Lejos de conformarse con haber levantado su primer Grand Slam, el alemán ya apunta al segundo.