Rafael Nadal se clasificó para jugar la final del Masters 1000 de Montreal sin saltar a la pista a jugar. La retirada de Gael Monfils, que acabó muy dolorido en su tobillo izquierdo tras necesitar 2h 24m para derrotar a Roberto Bautista el sábado por la mañana, después de que la lluvia pospusiese el encuentro la noche anterior, despejó el camino del español, que el domingo buscará algo inédito en su carrera: defender un título de pista rápida. A los 33 años, Nadal lo ha conseguido prácticamente todo, pero se le sigue resistiendo proteger una corona fuera de la tierra batida, algo que puede lograr mañana si vence a Daniil Medvedev (6-1 y 7-6 a Karen Khachanov) para revalidar el trofeo que levantó el curso pasado en Toronto.

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"Mi entrenador me dijo que no podía correr el riesgo", confesó Monfils tras el abandono. "Él sabe que me encantan estos partidos, unas semifinales en sesión nocturna con Rafa. Juego al tenis para vivir esos grandes momentos, pero tenía razón. Es el primer torneo desde mi regreso, y hay que tener en cuenta que iba a jugar contra Nadal, un partido que es muy difícil incluso estando al 100%", prosiguió el francés. "Podría comenzar el encuentro, pero luego quizás no habría jugado más en toda la gira de pista dura. Por eso, tal vez fue la mejor decisión no salir a la pista esta noche".

Ganando a Bautista por 6-4 y 2-1, Monfils se hizo daño en el tobillo izquierdo mientras perseguía una bola del español. Durante la siguiente media hora, y pese que pidió la presencia del fisioterapeuta para que le vendase, el francés siguió como si no le hubiese sucedido nada. Luego, cuando la articulación se enfrío un poco, se dio cuenta de la magnitud del problema y tomó la primera decisión del día: centrarse en jugar solo sus turnos de saque, dejándose ir al resto. La estrategia le permitió llevarse la victoria, pero le condenó irremediablemente a sacar bandera blanca cuando llegó al vestuario y valoró con su técnico los riegos de regresar a la pista en una conversación en la que el francés no tuvo margen de negociación.

—Quiero enfrentarme a él.

—No tienes ninguna oportunidad.

—Nunca se sabe, me encanta jugar estos partidos. Vivo para estos grandes momentos.

—No esta vez.

Así, Nadal se clasificó para su quinta final en Canadá, que es también la número 120 de su carrera (51 en Masters 1000). Al español le espera el domingo uno de los jugadores de moda en una prueba inédita, porque nunca se han enfrentado antes: Medvedev, que el lunes se estrenará como octavo tenista de la clasificación, está listo para asaltar la final más importante de su carrera ante el campeón de 18 grandes con una promesa interesante: pase lo que pase, el ruso ha prometido no dejarse impresionar por su rival.

En el partido, claro, le tocará demostrar que eso es verdad.