Melbourne

Antes de despedirse agónicamente en la tercera ronda del Abierto de Australia, Alexander Zverev sufre la mejor versión de la derecha de Rafael Nadal. Durante buena parte del partido, que el mallorquín gana en cinco mangas, el número 24 del mundo se encuentra luchando contra pelotazos inalcanzables que nacen del drive de Nadal con una fuerza terrible. El español es el responsable principal por todo el trabajo que lleva acuestas, pero lo que tiene en la mano también le ayuda: Nadal juega con su raqueta de toda la vida, pero le ha añadido más peso en la cabeza para aumentar la potencia de sus golpes y enfatizar la recuperación de la derecha.



“Cuando acabó el año y decidimos no ir a los torneos finales de Basilea, París-Bercy y Londres, la reflexión era que tenía que hacer más daño con la derecha, intentar que cuando cogiese la iniciativa con el drive no la perdiese”, explica Toni Nadal, tío y entrenador del campeón de 14 grandes. “Es uno de los grandes problemas que hemos tenido en los últimos tiempos. Esta era la idea general. Tener más consistencia y que la derecha hiciese más daño”, prosigue el técnico mallorquín. “Por eso, hizo un pequeño cambio en la raqueta para aportarle un poco más de peso, buscando acelerar más”, confirma. “La raqueta es la misma, cambian los gramos que le pone en el balance”, cierra el entrenador del número nueve.



“A la raqueta se le ponen gramos de peso a través de cintas de plomo que se colocan en el marco”, cuenta Xavi Segura, encordador del equipo español de Copa Davis y uno de los hombres de confianza de Nadal. “Depende del lugar en el que se coloque ese peso variamos el balance de la raqueta”, prosigue el catalán, acostumbrado a juguetear con todos esos parámetros para cumplir las peticiones de los tenistas. “Hace tres años, agregaron tres gramos a la punta para que se tradujera en más potencia. Ahora están buscando más potencia y aceleración. Es normal: la aceleración que Nadal tenía con 25 años ya no la tiene. ¿Qué hacen? Buscar una solución en el material”.



Metido en la treintena, Nadal sigue siendo un jugador en constante evolución. El paso del tiempo le ha quitado cosas, aunque evidentemente también le ha dado otras. Para compensar la falta de aceleración, una de sus cualidades más famosas y admiradas en el vestuario, el mallorquín ha ido probando distintos ajustes, poniendo casi siempre el acento en la misma mejora que persigue ahora.



“Busco más potencia, añadir algo más”, reconoce el número nueve mundial. “Lo intenté el año anterior. Luego cambié de cordaje y no fue una buena idea y tuve que volver al mío de siempre”, recuerda sobre esa decisión errónea. “Por suerte lo hice, porque desde entonces empecé a jugar mucho mejor otra vez. Son pequeños ajustes. Cosas que uno va añadiendo para intentar buscar algo más. He añadido un poco de peso arriba de la raqueta para hacer más daño con mis golpes, con el saque, con la derecha… cuando tienes un poco más de peso la raqueta pasa más rápida y la pelota corre más, pero hay que controlarlo”, avisa. “Por suerte, he tenido un mes y medio para entrenarlo y ahora mismo ni me entero de ningún cambio”, se despide el balear, que el lunes se enfrentará a Gael Monfils por el pase a cuartos de final.



“Una raqueta es como un martillo”, compara Segura. “El martillo se agarra por la parte que menos pesa y tiene todo su peso concentrado en la punta. Por eso, haciendo poco esfuerzo podemos clavar un clavo. Eso sí, al tener todo el peso en la punta perdemos un poco de control y por eso a veces nos damos en el dedo. Cuesta más controlarlo”, continúa. “Si agarramos el martillo de la forma contraria a la habitual, es decir, por la zona del peso, tendremos más control y siempre daremos al clavo y no al dedo. Sin embargo, nos costará mucho más esfuerzo introducir el clavo”, añade. “Está buscando más potencia con menos esfuerzo, pero tendrá un poco menos de precisión”.



En Melbourne, Nadal y el ejemplo del martillo: una solución que en la pista funciona igual de bien que en el taller del orfebre.

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