David Palomo David Barreira

Hace poco más de un año, Raúl Chapado (Ávila, 1970) tomó el cargo de Presidente de la Federación Española de Atletismo. José María Odriozola, literalmente, le cedió el testigo tras 27 años ocupando el puesto. “Me dio una cosa suya y me deseó mucha suerte”. Desde entonces, se levanta sobresaltado por las noches, tiene “jaquecas permanentes” y acumula jornadas de 12 horas. “Me despierto a las 8 y no llego a casa antes de las 10 de la noche si tengo viaje”. Esa es la rutina que sigue en el día a día, lamentando no estar más tiempo con su hija, descuidando sus obligaciones con la prensa que consumió en su etapa en la Blume y liderando un cambio necesario. No le queda otra a un deporte manchado demasiadas veces por el dopaje y sin referentes tras la retirada de Ruth Beitia. De todo ello habla con EL ESPAÑOL desde la casa de todo el atletismo.



Hace poco un año se proclamó presidente de la Federación. ¿Cómo recuerda aquel día?

Lo recuerdo con tranquilidad. Había estado 11 meses viajando por toda España y explicando lo que iba a hacer. Y, normalmente, cuando creo que he hecho bien mi trabajo, estoy tranquilo, como también lo hubiera estado si hubiese ganado algún otro candidato. Hoy sigo con la misma sensación. He adquirido un compromiso con el atletismo y desde entonces trabajo. A veces más rápido, otras más lento… Pero con el compromiso de hacer lo máximo posible. El día en sí transcurrió con normalidad. Hice la presentación, esperé la votación… Me fui a comer y por la tarde estuve viendo a mi hija competir. Entonces, ya todo el mundo venía a mí para contarme los problemas del atletismo.



¿Sintió miedo o alegría?



Miedo, no. Soy una persona que antes de hacer las cosas las piensa mucho. Había estado dos meses investigando y construyendo lo que iba a ser mi plan de acción y después dejé unos días. Entonces le di muchas vueltas. Pero cuando me lancé estaba preparado mentalmente para ser elegido.



Accedió a la presidencia el día que falleció Fidel Castro. ¿Fue consciente?



No, me enteré al día siguiente. Pero lo llevo bien. Su importancia en la historia es totalmente diferente a la mía [risas]. Pero, bueno, con 365 días al año, es difícil no coincidir con algo. Es irremediable.



¿Qué le dijeron sus hijos (niño y niña) aquel día?



Para ellos fue una sensación agridulce. Por un lado, su padre había conseguido el objetivo que se había propuesto: ganar las elecciones. Pero, por otro, no creo que les gustara demasiado, porque ahora la gente va a pensar que soy el presidente del deporte que ellos practican. Y, por último, mi hija, que siempre me echa en cara que paso muy poco tiempo con ella, pues ahora, imagínate.



¿Cómo se encontró la Federación?



No me encontré grandes sorpresas. Sabía cómo estaba la gestión y lo que tenía que cambiar. Y, sobre todo, tenía dos cosas claras: tratar de mantener la solidez de la Federación y promover la evolución. Para eso es necesario que las personas adecuadas tomen la decisión adecuada en el momento adecuado, porque una decisión buena en un mal momento al final es mala. Sabía que los dos primeros años se iban a sustentar en una adaptación muy rápida en temas de comunicación, de marketing y planificación deportiva. En otras, en cambio, necesitábamos gente que se formara y aprendiera. Pero no quería tirar a la basura la experiencia de la gente que llevaba aquí tantos años. Eso te permite no cometer errores que ya se han cometido.



¿Era cómodo el sillón?



[Risas] No, la verdad es que no. Es verdad que hace un año este despacho era diferente. Había un montón de muebles y aligeré el tema de medallas y trofeos porque me gustaba más. Cambié los sillones, porque venían del antecesor de Odriozola, y el ordenador. Pero es lo único. He cambiado cosas porque entiendo que comienza una nueva época.



¿Es su vida diferente un año después?



Poco. Soy una persona que, por mis responsabilidades, he viajado mucho. Y ahora sigo haciéndolo. Un presidente tiene que estar al servicio del atletismo y, aunque haya gente que no lo crea necesario, yo sí que creo que hay que viajar. Primeramente, por apoyar a las federaciones autonómicas y conocer sus problemas. Y, por otro lado, el mundo de la gestión deportiva ya lo conocía y no me ha supuesto un cambio radical. El cambio es sentarme con la gente que tiene una determinada metodología de trabajo y que la cambien por donde yo creo que debe ir la Federación. Esa es la función que tiene que liderar el presidente con un equipo que le siga. Si creen en esto, el atletismo gana en confianza.



Ha hablado antes del plan de acción que preparó antes de las elecciones. ¿Dista mucho su gestión de aquello que escribió?



Lo tengo, lo consulto y me sorprendo muchas veces. Hay muchas cosas que estamos haciendo. Por ejemplo, fuimos la primera Federación en delimitar los mandatos del presidente (ahora sólo puede estar tres mandatos), la modificación de los estatutos, los cargos directivos de confianza han sido ratificados por la junta de gobierno… Necesitamos que la Federación esté al servicio del atletismo. De todos los internos (clubes, entrenadores…) y de los externos (medios…). A su vez, tenemos que reforzar el posicionamiento internacional de España y tomar medidas que sean una referencia. Recuperar también la credibilidad y generar transparencia de verdad, porque será difícil reclamar ayuda si no tenemos credibilidad. Al final, la imagen del deporte son los deportistas y el presidente es el de la federación.

Raúl Chapado posa para EL ESPAÑOL. Moeh Atitar EL ESPAÑOL



Intento enterarme de casi todo, aunque a veces me sorprendo a mí mismo. Pero me gusta saber lo que pasa porque lo que ocurre en el mundo afecta al deporte.



Y Cataluña, obviamente, afecta.



Podría haberlo hecho porque el presidente de la Federación Catalana es vicepresidente de la Española, pero seguimos trabajando con normalidad. No hay ningún club que haya querido salirse de ninguna competición o ningún atleta que haya hecho una declaración al respecto. De todas formas, hemos trabajado durante este tiempo para ver qué haríamos si alguien hubiera decidido o decide desintegrarse. Realmente, había un momento en el que no sabíamos lo que iba a pasar. Bueno, ni siquiera ahora. Pero con tranquilidad. Hay campeonatos que se van a celebrar en Cataluña.



En ese sentido, Ruth Beitia se ha pronunciado y ha reconocido no entender la doble moral de los atletas que compiten con España pero son independentistas.



Yo la respeto, pero es complicado juzgar externamente emociones o pensamientos. Lo que nosotros tenemos que exigir es que cualquier atleta que venga al equipo nacional tenga el compromiso por respetar las reglas y defender esta camiseta. ¿Meterme a valorar lo que siente cada uno? No lo voy a hacer. Este no es un problema de ahora. Incluso en los Juegos de Barcelona hubo cierta conflictividad si ibas con una camiseta u otra, y cuando hablabas con ellos es como si te preguntan si quieres más a mamá o a papá. Es una situación que tenemos que respetar dentro del marco jurídico que nos ampara, y cada uno que piense lo que quiera.

¿Cuántos dolores de cabeza le ha dado el atletismo durante este año?



El atletismo ninguno, la gestión federativa a veces sí. Pero si no entiendes el éxito y el fracaso como parte de la vida vas a sufrir. Y luego depende de los momentos. No todo depende de ti. Ruth, por ejemplo, saltó más en Londres que en Río y, sin embargo, la medalla la consiguió en Río. ¿Cuándo saltó mejor? Depende de las circunstancias. Y eso pasa en el día a día.



Y el atletismo, ¿está mejor hoy que hace un año?



No, la realidad de un deporte no se cambia en un año ni dos ni tres. Este año ha sido excepcional. Hicimos un buen campeonato en el Europeo de Belgrado, pero luego llegas al Mundial de Londres y dices: ‘Es que no se han conseguido medallas’. Pero, claro, si piensas que en el anterior Mundial conseguimos una… Es que este deporte en los últimos 10 ó 12 años ha tenido dos o tres opciones en cada campeonato. Y en ese contexto, puedes ganar una o quedarte con cero. O, como en el caso de Río, ocurre algo excepcional y ganan Orlando y Ruth. ¿Y dónde se cambia esta realidad? Abajo. Nosotros tenemos que darle más talento a los entrenadores para tener más opciones de medalla.



Es que en este deporte pasa una cosa muy particular que es que los países con menos PIB son los que están arriba en el medallero. Pero, dicho lo anterior, luego está el nivel competitivo, y ahí es donde hemos mejorado. A Londres llegamos con un atleta entre los ocho mejor clasificados… ¡y querían medallas! Sin embargo, nos volvemos con cinco finalistas, 12 atletas entre los 12 mejores, 12 mejores marcas personales hechas en competición… Y si comparamos esos resultados con los de Río o con los de años anteriores, ahí sí hemos sido mejores. Si a esto le sumamos que nuestros seis mejores atletas en Río o no llegaron o lo hicieron con problemas…



¿Qué tal le sentaron las críticas tras el Mundial?



Ya dije antes que iba a ser complicado. Tenemos una mala realidad deportiva y tenemos que mejorarla. Pero hacerlo mal hubiera sido llevar siete opciones de medalla y venirse con ninguna. Dentro de nuestro nivel, no hemos competido mal. Las críticas vienen porque los equipos son excesivos, y ahí es donde tenemos que hacer una reflexión. Hay gente que está a un nivel competitivo muy alto y, por circunstancias, no llega porque están lesionados o con muchas dudas. Ahí es donde tenemos que trabajar. Para eso hemos virado de un sistema de becas donde se premiaba la marca a otro en el que se van a premiar los resultados con el equipo nacional.

Raúl Chapado posa para EL ESPAÑOL. Moeh Atitar EL ESPAÑOL



¿Y no puede ser injusto ese sistema?



Nosotros podemos dar las mejores condiciones a los mejores, pero no podemos sostener el sistema entero. Hay una comisión en la que no estoy yo formada por el director técnico, el representante de los atletas, el jefe de los servicios médicos… que analizan las circunstancias. Cuando intentas abarcar mucho generas un sistema complaciente, y la ADO no es así. ¿El deporte es injusto? Mucho. Pero es tan justo como injusto. Quedas primero y ya está. ¿Y por qué no dan medalla a todos si corren mucho? Pues porque hay tres. Y el cuarto se queda sin medalla. Pues lo mismo. Esto es deporte.



¿Se van a modificar los criterios de selección?



No le compete al presidente. Y sí, es muy duro decirle a un atleta que tiene la mínima que no va al Mundial o al Europeo, pero voy a poner un ejemplo de fútbol. Haces un equipo para ir al Mundial y están seis lesionados. Imagínate que el seleccionador hace eso, pues lo ‘matan’. Pues esto es parecido. Puedes decir: ‘Es que ha estado bien durante el resto del año’. Ya, pero es que ahora no está bien. No puede ser que días antes no sepas dónde vas llegar. España ya no juega a estar en sitios, sino a tener un posicionamiento. Y luego ya aceptarás que a la gente le vaya bien o mal en el campeonato, pero es difícil justificar que hay gente que no puede hacerlo bien. Escribís (la prensa) con justicia que el equipo no ha tenido buen rendimiento y eso repercute en el aficionado, en los patrocinadores… Eso es lo que me toca valorar a mí.



Hablando de los que vienen. ¿Qué se puede hacer para que los sub-23, que han rendido a buen nivel esta temporada, lleguen bien a la absoluta?



Sobre todo, lo que tenemos que promover es que tengan posibilidades de ir con el equipo nacional, porque al final un día te das cuenta de que no tienes actividad. Aquí la estrategia es que compitan con el equipo nacional y que fidelicen tanto con la selección como con el deporte.

Eso es esencial para crear referentes. ¿Va a ser difícil llenar el hueco de Ruth?



Nosotros no creamos referentes. Los que lo hacen son los clubes, los entrenadores… Y nosotros lo que podemos hacer es visualizarlos. Pero, claro, si se va el mayor referente que has tenido en las pistas… Y el que viene más fuerte es Bruno (Hortelano) y pasa un año parado. Pero las hazañas las tienen que hacer ellos.



¿Es España un país injusto con sus deportistas, por aquello de que sólo los valora si ganan?



La cultura deportiva influye. En el Mundial de Londres, por ejemplo, el sábado previo a terminar el campeonato, el equipo británico sólo llevaba una medalla. Y yo pensaba: ‘Si llevamos nosotros una medalla en algo organizado en España...’. Pero luego consiguieron cinco. Eso se da. Pero es normal. Tenemos que ser críticos. El deporte es mejora. Creo que España sabe valorar los éxitos.



Si no se valoran, ¿puede ser por temas de dopaje o por posibles sospechas, como en el caso de Ilias Fifa?



Nuestro deporte ha cometido muchos errores en el pasado a nivel mundial y eso afecta a nuestra credibilidad, por eso tenemos que luchar con determinación. Pero, cuando, como en nuestro caso, llevas un equipo de 526 personas, no puedes controlarlos a todos. Esa no es nuestra obligación, sino de la AEPSD (Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte). En este sentido, el atleta tiene que saber que el sistema va a por él y que las sanciones van a ser contundentes. Atletismo más dopaje es hacer trampas y eso te va a condicionar el resto de tu vida. Una medalla con trampas es una estafa. Luego lo que podemos hacer es crear conciencia en los menores. No podemos trasladar un mensaje confuso, sino claro. Y por último, colaborar en todo lo que se nos pida.



En cuanto al caso de Ilias, es un caso que conozco por la prensa y del que no sabemos muchos detalles porque está bajo secreto de sumario. Tenemos que respetar la investigación y defender la presunción de inocencia sabiendo que nos puede hacer daño. Podemos llegar a congelar ayudas, pero no se puede condenar a alguien antes de que sea juzgado.



¿Ha hablado con él?



No con él. Sí con su representante y con su entrenador. Hay que dejar que las organizaciones lo juzguen y estamos a la espera de lo que pueda pasar y de que nos afecte lo menos posible.



Para acabar definitivamente con ese pensamiento generalizado de ‘todos se dopan’.



Poco a poco. Nadie puede garantizar nada. Hemos tenido casos de dopaje reales en Rusia, en Italia, en Francia, en Alemania…. Estamos pagando la penitencia de los pecados que hemos cometido. No podemos cambiar el pasado, pero sí trabajar para el futuro, también a nivel español. Especialmente, en este deporte, es importante el compromiso de los atletas con este tema.

Primer plano de Raúl Chapado. Moeh Atitar EL ESPAÑOL



Para terminar, responda a este test como 'nuevo' presidente.



1. ¿Cuál ha sido la jaqueca más grande de su vida?



Tener la sensación de que haces lo correcto. Vivo en una jaqueca permanente. A nivel deportivo fue no saltar 17 metros. Nunca lo conseguí.



2. ¿Qué le quita el sueño?



Muchas cosas. Muchas veces me desvelo y digo: ‘Esto no lo hemos hecho, esto otro sí...’. Pero el deporte me enseñó que no te puede quitar el sueño algo que no controles. Esto es como el día que te casas. Puedes controlar cómo está organizada la boda, pero no si llueve o deja de hacerlo. El problema es cuando no haces tu trabajo. Eso sí me quita el sueño.



3. ¿Cuál ha sido el mejor salto de su vida?



El haber tenido la capacidad de aprendizaje.



4. ¿Y el sprint?



Intento evitarlos. Todas las metodologías te las enseñan para llegar al éxito, pero el buen gestor es el que se prepara para el fracaso. Saber cómo comportarte entonces y salir adelante. Eso es lo bueno.

5. ¿Le da más vértigo el pasillo antes de salir a pista o presidir la Federación?



Si lo sabes controlar no te da ningún vértigo. Depende de que sepas adaptarte.



6. ¿Qué deporte le recomendaría a Puigdemont y a Rajoy para reencontrarse?



Una buena carrera en ruta estaría bien porque tienen tiempo de ir hablando. Eso estaría bien porque empiezas con mucha energía y al final, con el tiempo, te centras en lo realmente importante porque estás cansado. Aunque una de relevos también estaría mal, pero necesita más entrenamiento.



7. ¿A qué político resucitaría para poner orden?



Nos falta reflexión. A un político: Sócrates, Platón… Aunque los Beatles tampoco estarían mal.



8. ¿Su meta para el segundo año?



El primer año era para estudiar y diseñar planes, y el segundo para implementarlos y sacarlos adelante. España debería aspirar a organizar un meeting al aire libre, pero los presupuestos son pequeños. De todas formas, no podemos dejar de renunciar a eso porque vienen los mejores y funciona. Pero, claro, no hay estadios. Uno está en Barcelona y las circunstancias son complejas –llegamos a hablar de la posibilidad de optar a un campeonato del mundo– y otro en Sevilla que hay que remodelar.

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