Arsene Wenger pone fin a su etapa como técnico del Arsenal. Después de 22 años, dejará el club a final de temporada, tal y como ha anunciado en la página web oficial de la entidad. “He hablado con la dirección y pienso que es el momento adecuado”, reconoció. “Estoy orgulloso por haber tenido el privilegio de entrenar a este equipo durante una buena etapa y en años memorables”.



“He trabajado con el mayor compromiso e integridad para que este club creciera. Quiero dar las gracias al staff técnico, a los jugadores, a los directores y a los fans. Todos ellos hacen del Arsenal un equipo muy especial”, finaliza, en una despedida que parecía que no iba a llegar nunca. De hecho, el pasado verano, Arsene Wenger renovó por dos años una extensión de su contrato después de que llegaran muchos rumores sobre su marcha o su dimisión. Pero no ha llegado a cumplirlo. 

Terminará la temporada, eso sí. Y antes de decir adiós, el técnico francés tiene un último reto por conseguir: ganar la Europa League y clasificar a su equipo, que marcha sexto en la Premier, para la Champions. Para conseguirlo, tendrá que eliminar primero al Atlético de Madrid, al que se enfrenta el próximo jueves en el Emirates Stadium (21:05 horas).

El técnico francés fichó por el Arsenal en 1996. Entonces, era un total desconocido. A Londres llegó después de conseguir la Ligue 1 y la Copa con el Mónaco y tras una etapa en Japón. Rechazó una oferta del Bayern de Múnich y aceptó el cargo como técnico gunner. Y, en sus primeros años, revolucionó la competición británica. Con sus nuevos métodos, ganó varias veces la Premier League (tres) y armó un equipo que la historia ha querido registrar como los ‘invencibles’, ganando el título sin perder un solo partido.



En total, 21 temporadas y 22 años de relación entre el club y el entrenador francés. 17 títulos y una sequía importante. Su comienzo fulgurante se ha tornado en los últimos años en un ocaso lento y errático. Desde 2005, tan solo ha ganado seis títulos (tres FA Cup y tres Community Shield). Nada más. Y, sobre todo, sus resultados en la Champions League han ido menguando. Ha llegado a finales (como aquella contra el Barcelona en París), pero las ha perdido todas.

Sus últimos años y sus recientes fracasos han devenido en un adiós que se ha perpetuado durante demasiado tiempo. Wenger fue un gran entrenador en sus inicios, quizás uno de los mejores –incluso llegó a estar cerca de fichar por el Real Madrid–, pero no ha sabido reinventarse con el tiempo. Se ha anclado en un club y en una posición que no han beneficiado ni al Arsenal ni a nadie. Ahora, se despedirá. Quizás con un título. Y dejará paso. Sin que se sepa quién será su sucesor. Lo que es seguro es que no tendrá 22 años para trabajar. Él es el último exponente de una política –la de dar al entrenador un proyecto largo– que se acaba.

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