La historia, a menudo, deja en suspenso a sus personajes hasta hacerlos caer poco a poco, meciéndolos con cuidado, pero acunándolos en su decadencia. Eso es inevitable. Nadie resiste al paso del tiempo. Ni siquiera las leyendas, convertidas en mitos cuando pierden su brillo. Ellas también sufren la erosión del reloj, aunque traten de esconderlo entre arrugas. Y Cristiano Ronaldo y Messi lo saben. Pueden no querer reconocerlo, pero su época camina irremediablemente hacia el final. Porque ambos, de diferente modo, han enseñado su fecha de caducidad en este Mundial. El portugués, tras la eliminación, abandonando el Real Madrid y fichando por la Juventus. “Será su último club”, anunció Jorge Mendes, su representate, capitulando el cuento. Y Leo, decididamente, precipitándose hacia un porvenir que no contempla que gane un Mundial antes de colgar las botas –en Catar 2020 tendrá 35 años–. Demasiado lejano, sin duda.



Pero el adiós de la época que han capitalizado ambos no sólo lo marcan sus propias trayectorias. La final del Mundial, de otro modo, también lo anuncia. Francia, ofreciéndole al fútbol varios candidatos para que los postule al Balón de Oro –y quién sabe si a la dictadura continental a nivel de clubes–. Concretamente, dos: Griezmann, que ya fue tercero; y, sobre todo, Mbappé. Él sí está llamado a acogerlo entre sus brazos más pronto que tarde. El delantero francés, a sus 19 años, no sólo es uno de los grandes talentos surgidos en los últimos años, sino que se ha puesto a la altura de los más grandes en este Mundial con varias exhibiciones. La más representativa, la que hizo ante Argentina, provocando un penalti y anotando dos goles –uno de ellos, semejante a aquellas cabalgadas con las que el brasileño Ronaldo rompió esquemas y defensas–.



Al otro lado, Croacia también ofrece un relevo, aunque más efímero. La selección de Dalic no ha llegado a la final gracias a un jugador en concreto. No, el equipo ha primado sobre las individualidades. Si acaso, Modric, como faro que lo guía todo, ha sido el punta de lanza de su selección hacia la final del Mundial. Y, claro, su nombre ha aparecido entre los candidatos a ganar el Balón de Oro. “De momento, no es mi prioridad”, contestó él en la previa. Sin embargo, la posibilidad existe, es real. Y sus compañeros, todos sus 'colegas' en este milagro (Rakitic, Mandzukic, Rebic…) lo reconocen como el jugador que puede convertir en metal preciado cualquier balón rutinario.

Modric, durante el entrenamiento previo a la final del Mundial. Reuters



Con Cristiano y Messi fuera de combate, el fútbol mundial tendrá que dilucidar en los próximos meses si acomete el relevo de los premios (o no). Cristiano, obviamente, cuenta con una última Champions –y con su gol de chilena en Turín, incluido– y un hat-trick contra España en el primer partido de la fase de grupos. Esa es su carta de presentación. ¿Y Leo? Dos títulos (Copa del Rey y Liga), pero un pobre campeonato de selecciones. En Rusia, ni ha sido decisivo ni determinante. Y eso le penaliza. Entonces, ¿qué hacer? France Football, en pocos meses, dará carpetazo a la era de estos dos o seguirá premiándolos a pesar de todo.



La revista será la que ponga el broche. Ella convierte a los mortales en semidioses y los baña en oro. Y ella será la que, dependiendo de lo que ocurra en la final –y de las exhibiciones individuales de sus contendientes–, opte por mantener el status quo actual o por romperlo. El otro factor determinante será la Liga. ¿Podrá Messi aguantar sin Ronaldo en el Madrid? ¿Encontrará la motivación que hasta ahora ha alimentado su hambre? Y, las mismas preguntas, se pueden hacer a la inversa.



La final, por tanto, será el pistoletazo de salida hacia una nueva era. Messi y Ronaldo comenzarán a alzar los brazos en pos de su despedida conforme desaparece la época sin tecnología –a partir de la próxima temporada, la Liga también incluirá el VAR–. Exhalarán sus últimos días –sin desparecer– entregando el posible Balón de Oro. A partir de ahí, nada es descartable. Rafa Nadal y Roger Federer, en otro deporte, han retado a la vejez para contemplar el resurgir de una nueva era con ellos dentro. Y eso es lo que pondrán a prueba los dos jugadores más determinantes y decisivos de la última década. Sin Mundial, eso sí. Ese trofeo lo levantarán otros. Quién sabe si serán los que les arrebaten el porvenir.

Messi, tras su eliminación del Mundial. Reuters

Noticias relacionadas