En baloncesto, a menudo, gana el que, normalmente, tiene más tino; en atletismo, casi siempre, arriba primero a la meta el que goza de mejor marca; y en Fórmula 1, salvo sorpresa mayúscula, alzan los brazos los mismos. En la gran mayoría de los deportes, lo inesperado es casi una quimera que no acostumbra a emerger como costumbre. En fútbol, sin embargo, sucede a menudo. Mucho más en un Mundial. Y, posiblemente, con más asiduidad en Rusia. Sólo así se explica que Brasil, Argentina o Alemania hayan decepcionado en sus debuts. O, en última instancia, que lo haya hecho Colombia contra Japón en su primer partido: jugando con 10 durante 86 minutos por la expulsión de la 'Roca' Sánchez. Imposible hacerse mejor el 'harakiri' [narración y estadísticas: 1-2].

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Japón alzó los brazos contra todo pronóstico. Ni eran favoritos ni partían con posibilidades. Seguramente, eran los más débiles de un grupo que completan Senegal y Polonia. Pero, en su primer partido, dio un golpe encima de la mesa y demostró por qué no ha venido a Rusia tan solo para ver el espectáculo. Quieren ganar. O, al menos, competir. Y eso es lo que hicieron contra Colombia. De primeras, adelantándose nada más comenzar gracias a un error clamoroso de la ‘Roca’ Sánchez. El centrocampista, con una mano que se vio desde Bogotá, le puso la victoria en bandeja a los nipones. Fue expulsado y les dio la oportunidad de adelantarse de penalti. Y Kagawa, al que le sobra calidad, lo convirtió. La sorpresa, de nuevo, se repetía.


Pero Colombia lo intentó. Eso, al menos, no se le puede reprochar. Con 10, tomó el control del partido y creó ocasiones. Aunque, todo sea dicho, sin demasiada claridad. Tanto es así que el gol llegó tras una falta inventada por Falcao -el VAR no puede con todo- y convertida por Juan Quintero a lo Ronaldinho. El centrocampista cafetero, como el astro brasileño en aquella jornada de Champions contra el Werder Bremen, vio un hueco por debajo de la barrera y la coló por ahí. Ni por arriba, ni bombeada, ni por un lado u otro, sino entre los pies de los nipones. 1-1 y todo por decidir.

Sin embargo, en la segunda mitad cambió la tónica. Flojearon las piernas de los colombianos y con ellos su corazón. Y Japón, que decidió dar un paso hacia delante y tomar el control, tuvo varias ocasiones para ganar el partido. Una de Sakai, que llegó desde el lateral y se sacó un disparo que se fue muy cerca del palo; otra de Yoshida con la testa que se fue por arriba de la portería de Ospina. Y, finalmente, Osako, de cabeza, le dio los tres puntos a los nipones. Y fin de la historia. En los últimos 20 minutos, la selección cafetera no tiró a puerta. Ni siquiera James, que entró en la segunda mitad, consiguió poner en problemas a Kawashima. Difícil empezar peor que la selección de José Pekerman. Muy complicado. Lo inesperado se instala en Rusia.