La vida del ciclista siempre se ha calificado como una vida perra; "no es el deporte rey, es el deporte siervo", como dice la canción de Ángel Stanich. El ciclismo se ha visto envuelto en una gran polémica en los últimos días con un elemento tan sencillo como los bidones. Esta modalidad sigue mirando hacia el futuro, abriéndose entre la tecnología y la sombra del dopaje siempre acechando. Pero con algunas decisiones parece que se están dando pasos hacia atrás.

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Preparar durante todo un año una cita ciclista no es nada sencillo; concentraciones en altura, mucho tiempo lejos de casa y una dieta muy estricta. Son profesionales delicados como una pluma. Por si fuera poco con lo que tienen que controlar, un accidente puede ser mortal ya que no hay un monocasco que proteja al ciclista. Algunos cambios son necesarios como el que se ha llevado a cabo en las protecciones de las llegadas para que no se repita lo que sufrió Fabio Jakobsen.

Todo se puede ir a la borda con una caída, por ir mal colocado en el pelotón puedes perder el tren de la carrera o una mala alimentación que vaya acompañada de la pájara de tu vida te deja en la cuneta. Con ese ánimo se impulsó la propuesta de acabar con la posición del 'bicho bola'. Fue polémica y parte del mundo del ciclismo protestó porque ellos no veían peligroso bajar por las rampas de un puerto insertado en el cuadro de la bici aerodinámicamente.

Pero, por si fuera poco, los últimos cambios de las normas de la UCI que han entrado en vigor el día 1 de este mes de abril han traído una nueva forma de echar por la borda la preparación de todo un año. Un simple bidón le costó al ciclista suizo Michael Schar que tuviera que poner pie a tierra en el último Tour de Flandes. No era uno de los favoritos para el triunfo, quizá por eso fue más sencillo tomar la decisión. Pero seguro que a su jefe de filas en esa carrera, Greg Van Avermaet, que quedó tercero, le hubiera venido bien tener a un compañero más.

Fuera por un bidón

La hidratación de los ciclistas es vital durante una carrera y la figura del equilibrista encima de la bicicleta bebiendo a la vez que van a tope es más antigua casi que la rueda. Lo mismo que la figura del asistente de equipo que reparte esas grandes bolsas al aguador de turno, esas mismas que también han provocado más de una caída porque se enganchan a un manillar. Dentro de ellas, sobre todo, hay bidones para todos los compañeros de equipo.

Lo normal, para quitarse peso de encima o simplemente cambiar el bidón que no siempre es de agua es tirarlo. Ahí aparece la figura del aficionado. Esos que ahora hacen las delicias de los aficionados del ciclismo un día estuvieron en la cuneta y se morían porque Induráin, Jalabert o la estrella de turno les tirase uno de esos bidones como premio. Ahora no podrán hacerlo a no ser que se coloquen en una de las zonas que habilita la UCI en cada etapa o carrera para tirar residuos.

La UCI, dentro de su renovación hacia un deporte que cuide más del medioambiente, ha introducido una norma por la que sanciona a los ciclistas cuando tiran residuos fuera de las zonas marcadas dentro de la ruta para hacerlo. También se hizo con el objetivo de evitar caídas, ya que en más de una ocasión un bidón que se ha quedado en medio de la carretera ha provocado algún problema. Con estos dos razonamientos, tiene sentido la norma que trae sanciones económicas y exclusiones de carreras.

La huella medioambiental

Un deporte que discurre por montañas, bosques y parajes de ensueño tenía que cuidar de todo el entorno que le rodea, ya que es parte de la magia del ciclismo. Los coches de equipo se han ido adaptando para apostar por modelos eléctricos o híbridos más comprometidos con los vertidos de CO2. Esta medida de los bidones y los residuos es el último paso para convertir este deporte en uno de los más comprometidos con el medioambiente.

Pero una cosa es tirar un bidón a la cuneta y otra a un lugar donde hay espectadores. Eso es lo que sucedió este fin de semana con Schar. El ciclista de 31 años vio un grupo de niños en un momento en el que la carrera transcurría tranquilamente y en el que estaba alejado del pelotón. Por eso decidió que era un buen gesto para con los aficionados. Justo había una cámara detrás y, cuando echó la mirada para atrás, se dio cuenta de lo que acababa de hacer.

La normativa nueva de la UCI no contempla ningún caso en el que el bidón sea un regalo, como era la ocasión. Schar explicó lo que significa este gesto con una carta al organismo que colgó en sus redes: "Mis padres me llevaron a mi hermana y a mí al Tour de Francia de 1997 en el Jura. Fuimos hacia el recorrido y esperamos durante horas en medio de la multitud. (...) Recibí un bidón por parte de un ciclista profesional. Esta pequeña pieza de plástico hizo que mi adicción al ciclismo fuera completa. De vuelta a casa ese bidón me recordaría cada día cuál era mi sueño. Rodé con mi bidón amarillo del equipo Polit todos los días lleno de orgullo".

Quizá esto también tenga su parte de responsabilidad en los ciclistas. Cuando surgió la polémica del 'bichobola', Matteo Trentin explicó que, como miembro del pelotón que estuvo en las negociaciones entre la Asociación de Ciclistas Profesionales y la Unión Ciclista Internacional, de los 800 ciclistas a los que enviaron la información, "solo 16 la descargaron". Nadie protestó en diciembre, cuando se aprobaron los cambios, y sí ahora.

En cualquier caso, en un año en el que la pandemia ha dejado las cunetas vacías por la pandemia impone una normativa que no hace más que fomentar que el público no apoye un deporte muy mellado de por sí, más aún por la Covid-19. Schar ha seguido con esta protesta en su cuenta de Instagram colgando fotos que le han enviado aficionados con jóvenes que portan un bidón regalado por un ciclista profesional.

¿Y las chicas?

Más polémica se ha generado cuando las ciclistas se ven sometidas a la misma sanción; una igualdad relativa ya que la diferencia con los premios que reciben en cada carrera no se equipara como con estas normas. Letizia Borghesi también fue descalificada en la misma prueba en la versión femenina, en su caso por no darse cuenta de que la 'zona verde' había terminado. Además de no poder terminar la carrera, tiene que hacer frente a una multa de 1.000 francos suizos. El premio por ganarla habría sido de 1.265 euros.

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