Javier Imbroda mira con valentía a la vida tras superar, por ahora, el cáncer.

Javier Imbroda mira con valentía a la vida tras superar, por ahora, el cáncer. NARRTA Media

Baloncesto

Javier Imbroda: “Con el cáncer, sientes que la muerte te visita y está coqueteando contigo”

EL ESPAÑOL entrevista al popular entrenador de baloncesto una semana después de hacer pública su enfermedad: “En muchos momentos, pensé que me iba” / “Tras la segunda cirugía, tenía 65 grapas en mi cuerpo” / “En pleno tratamiento de quimioterapia, estuve entrenando”.

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Javier Imbroda (Melilla, 1961) no ha perdido el buen humor en el último año. Queda comprobado poco después de descolgar el teléfono ante la llamada de este periódico. “Pensaba que eras del Espanyol de Barcelona”, bromea tras caer en la cuenta de quién es su interlocutor. Lo ha pasado realmente mal desde noviembre de 2016, cuando supo al cien por cien que padecía cáncer. Y, sin embargo, escucharle transmite ganas de vivir. Muchísimas.

La carta en la que Imbroda hizo pública su enfermedad no tardó en hacerse viral. Este ejemplo de superación escrito provocó una cantidad abrumadora de mensajes de apoyo hacia el entrenador. Y no sólo procedentes del baloncesto que le brindó éxitos a nivel de selecciones (un bronce olímpico con Lituania y otro europeo con España, junto a la que también ganó una plata continental) y de clubes (subcampeonatos de la ACB con Unicaja y Caja San Fernando [actual Betis] y un subcampeonato de la Copa del Rey con los sevillanos).

La emoción embarga su voz sin remedio al valorar todo el cariño recibido. Aunque lo que más desprende el técnico, mientras expone el drama vivido, es valentía. Ante todo, un mensaje cargado de rotundidad: “Hay que seguir luchando”.

¿Recuerda cómo fue el momento en el que se enteró de que sufría un cáncer de próstata?

Ha habido momentos en los que parecía que no tenía, momentos en que sí, momentos en que sí pero estaba localizado, momentos en que no y se había hecho metástasis… He pasado por diversos tramos emocionales. Hasta que el peor diagnóstico que me podían dar se confirmó definitivamente en noviembre del año pasado. A partir de ahí, tocó luchar, pero no hubo un momento concreto. Fueron varios.

¿Cómo fue el proceso?

De mucha incertidumbre. Cuando te dan un diagnóstico que no es del todo exacto… Parece que hay algo pero no se sabe bien el qué, porque tienes que pasar un montón de pruebas antes. Pasas a vivir un calvario. Sobre todo, no sabes a qué te estás enfrentando. Ese trance tiene un componente de angustia importante. No sabes qué está pasando.

Cuando se le comunicó la noticia, su primera reacción fue no créersela, ¿no?

Yo no había pisado un hospital antes. Rara vez me he tomado una medicación. No me he puesto malo casi nunca. Y, de pronto, pasas de no ponerte malo casi nunca a casi irte de este mundo. No terminas de créertelo. Pasas por una fase de perplejidad. Dices 'Cómo me está pasando esto'. Inmediatamente, lo puse en perspectiva, y en una diana. Dije 'Ahora voy a por ti'. Esa transición fue muy corta para mí. No permití prolongar ese malestar y dolor. Me puse a luchar desde el principio.

Dice que su estado anímico era como una montaña rusa. ¿Costaba encontrar el término medio entre derrumbarse y afrontar la situación con entereza?

Claro. Era una montaña rusa emocional porque había momentos en los que no parecía que fuera tanto. Vas asustado. Luego, las siguientes pruebas dicen que sí que parece que es más de lo previsto. Tu estado anímico, de tantos altibajos, te provoca esa incertidumbre que comentaba. Sientes que no sabes lo que está pasando en tu organismo. Porque tú te encuentras bien en general. Yo sabía que estaba teniendo problemas para orinar. Me costaba mucho. Podía ser una infección o inflamación de esa zona. Pero, por el resto, sí me encontraba bien. Perfectamente. No puedes pensar en eso, no te quieres creer que pueda suceder eso (el cáncer).

Rara vez me he tomado una medicación. No me he puesto malo casi nunca. Y, de pronto, pasas de no ponerte malo casi nunca a casi irte de este mundo

Será muy complicado convivir con esa idea constante de que la cosa se puede complicar, de que la muerte te pisa los talones.

Totalmente. Sientes que la muerte te visita y está coqueteando contigo. El diagnóstico era malo, lo que había que hacer era muy complicado… y yo, la verdad, no sabía. Claro que en muchos momentos pensé que me iba. En muchos.

Pruebas, análisis, biopsias, cirugías, postoperatorios, hormonoterapia, quimioterapia… Entre tantos momentos difíciles, ¿cuál ha sido el peor de todos, la mayor 'putada' del cáncer?

[Risas] Todo. Sí es verdad que el postoperatorio de la primera cirugía fue muy bestia. Encontrarte con una sonda 33 días puesta, una infección que esa sonda provocó por tanto tiempo, casi me tienen que ingresar otra vez… Fue durísimo. En la segunda cirugía, que fue todavía más traumática que la primera porque me abrieron entero, llevé mejor el postoperatorio. Cuando tenía 65 grapas en mi cuerpo. Reaccioné mejor. Era como decir 'Venga, que me queda esto, me tienen que limpiar esto también, que ha quedado pendiente. Vamos a por ello'.

Me salté el protocolo, que en estas enfermedades indica que tienes una cirugía y luego tratamientos (hormonoterapia, radioterapia, quimioterapia…). Cuando todavía me quedaban restos en los ganglios, células cancerígenas, se cuestionó si hacíamos radioterapia, si había que esperar… Yo le transmití a mi cirujano que si me tenía que meter otra vez en quirófano que lo hiciera. Y que me quitara eso de ahí. Volvieron a meterme. Me salté un poco los protocolos. La enfermedad fue muy agresiva conmigo, pero también lo fui yo con ella.

A pesar de todo, encontró cierta luz, esperanza, durante el proceso.

Sí, mi lucha siempre fue buscar una oportunidad de cura. ¿Tengo una oportunidad de cura? ¿La tengo, aunque sea mínima? Pues si la tengo, vamos a por ella. Eso fue decisivo a la hora de afrontar la enfermedad.

Además, el cáncer no le ha impedido mantener su ritmo de vida.

Absolutamente. De hecho, no he permitido que la enfermedad me postrara. El cáncer busca esto, va poco a poco. Es muy traidor. No te avisa. De pronto, te puedes encontrar un sitio en el que resulta que estás inválido entero. Y no te ha avisado, solamente al final. No te avisa en el comienzo.

Es una enfermedad inteligente, porque va minándote poco a poco. No aflora hasta un determinado momento. Y puede ser que ese determinado momento sea ya tarde. Esa es la gran fatalidad que tiene esta enfermedad. Busca que te rindas, que aceptes lo inevitable. Que te ha tocado y esto es lo que hay. Yo me negué, me revelé ante eso. Le dije a la enfermedad que no y esa es la manera de lanzarle un mensaje a esta: 'Yo voy a seguir con mi actividad, mis proyectos, mi fundación…'.

Por ejemplo, en pleno tratamiento de quimio estuve entrenando. Me llamó la academia de la ACB y estuve en Las Palmas con Aíto, Pablo Laso y más entrenadores. Compartí con ellos unas jornadas de concentración. El presidente de la Asociación de Entrenadores me decía 'Bueno, ¿das una charla?'. Yo le dije 'No, no, yo voy a entrenar también'. Y entrené.

La enfermedad fue muy agresiva conmigo, pero también lo fui yo con ella

Entonces, ¿los tiempos muertos con el cáncer han sido los más exigentes de su carrera?

Sin duda, pero los más clarividentes también.

Sus grandes apoyos han sido la familia y los médicos, incluido su sobrino. ¿Cuál ha sido la parte más inestimable de su ayuda?

Toda. Empezando por mi mujer. Es la persona que está conmigo, cuidándome diariamente. A pesar de mi fuerza y mentalidad de salir adelante, es verdad que hay momentos en los que lo estás pasando mal. Necesitas ese cuidado que mi mujer, mis hijos y la familia me han dado. Y mis médicos. Todos han tenido una dedicación y una cercanía fundamental. Digo bien, porque en estas enfermedades necesitas cercanía, no invasión.

Más allá de ellos y otros de sus allegados, ¿alguien conocía su estado de salud antes de hacerlo público?

Pues no demasiada gente. He procurado llevar esto con la mayor discreción posible. Respeto mucho a todas aquellas personas que enfermaron como yo y hacen de su enfermedad algo llevadero en el sentido mediático. También es una manera de agarrarse a la vida. Pero yo no quería convertir mi enfermedad en una crónica. Quería luchar en tranquilidad. Lo otro también conlleva un desgaste mental de tener que estar respondiendo. Cansa mucho mentalmente y distraes tu energía y tu lucha, que tiene que estar enfocada hacia dentro, hacia tu cuerpo. No hacia fuera.

El presidente de la Asociación de Entrenadores me decía 'Bueno, ¿das una charla?'. Yo le dije 'No, no, yo voy a entrenar también'. Y entrené

¿Qué ha sido lo más difícil de aparentar que todo iba bien de puertas afuera durante este último año?

Es difícil, sobre todo por tu aspecto. Cuando tienes que tomar corticoides, te ponen hormonoterapia, seis ciclos de quimioterapia… Yo decía que tenía cara de quimio. La quimioterapia cambia un poco tu fisonomía. Te ves físicamente más hinchado por los corticoides, la quimio te debilita de alguna manera (aunque he intentado no permitirlo del todo)… Tampoco he tenido mucho pelo, pero el poco que tenía también me lo ha quitado. Todos esos rasgos de la enfermedad afloran y no los puedes negar. He seguido con mi actividad. Sí es verdad que si alguien ha notado algo, que era fácil de notar, ha sido lo suficientemente prudente para no decirlo.

Le recomendaron escribir sobre su caso. ¿Qué siente después del gran eco mediático que ha generado el texto que publicó hace una semana?

Cierta sorpresa. Quise hacerlo con intención de soltarlo y dejarlo atrás. Y que pudiera servir de ayuda. Pero me ha sorprendido el eco que ha tenido. Muchísimo.

Imbroda llegó a tener 65 grapas en el cuerpo tras una operación.

Imbroda llegó a tener 65 grapas en el cuerpo tras una operación. NARRTA Media

Ha habido mensajes de compañeros de profesión, exjugadores suyos e incluso antiguos alumnos (Imbroda también fue profesor).

Sí, de gente del deporte, de todos los sectores, de todos los rincones de España y fuera. He tenido una cantidad de comunicaciones impresionantes, de un montón de países. Lo he agradecido en un artículo y en un mensaje porque me resulta imposible contestar a todo el mundo. Han sido miles o cientos de miles. Agradezco esos mensajes de ánimo. Y, sobre todo, muchos testimonios que me han llegado de personas a las que la carta está ayudando a afrontar la enfermedad y a seguir unas pautas que yo marcaba en ella. Y que, por lo menos, me han servido a mí. Que cada uno coja lo que le pueda servir de ayuda. Por eso, ya me siento satisfecho.

[Con voz emocionada] Ha sido algo tremendo. Me he sentido abrumado por la cantidad de mensajes de cariño. Sincero además. No ha tenido que estar demasiado mal lo que uno ha hecho a lo largo de la vida para que le envíen todo esto. Además, no hay necesidad de hacerlo.

¿Cuál ha sido la muestra de apoyo que más le ha llegado al corazón?

[Sin perder el tono emotivo] Sobre todo, las que más me llegan tienen mucho que ver con la situación que yo he vivido y la que están viviendo algunas personas, similar a la mía. Yo estoy en un proceso de salida, pero otros están en el proceso previo o durante este. Que me hayan podido trasladar sus sentimientos en estos momentos en los que están sufriendo la enfermedad de lleno y lo agradecidos que están a este tipo de pautas que yo he marcado… Dicen que les están sirviendo mucho. Una mujer me decía que le leyó la carta a su madre, que está malita con todo esto. Al día siguiente, estaba mejor. Testimonios de estos son los que agradeces. Si mi carta les ha servido, estoy feliz de poder ser un apoyo en momentos tan duros como los que viven.

Desde luego, cuando a uno le pasa algo así, aquel triple que no fue de Mike Ansley en 1995 (Unicaja habría ganado la ACB de haberlo encestado) es una tontería en comparación.

[Risas] Una cosa es jugarte un campeonato. Está muy bien, es muy difícil estar ahí y lograrlo. Otra cosa es el campeonato de la vida. Ese es el verdaderamente importante.

Sucede lo mismo con las grandes gestas de su carrera en los banquillos. Vencer en este partido es mucho más importante que todo lo demás.

Totalmente. Este es tu partido de verdad, el de la vida. Lo otro es una competición deportiva.

Una mujer me decía que le leyó la carta a su madre, que está malita con todo esto. Al día siguiente, estaba mejor

El baloncesto, por desgracia, tiene una relación complicada con el cáncer. Con otros tantos entrenadores como usted afectados. En todo este tiempo, ¿le han venido a la cabeza casos como los de Manel Comas, José Luis Abós o Quino Salvo?

Sin duda. Tienes tiempo para todo eso y más. Pero también piensas que eso ha sucedido, desgraciadamente, y que tú lo que quieres es agarrarte a esa oportunidad de vida o de cura que puedas tener. En eso concentras todas tus luchas. Si piensas en lo otro, lo único que consigues es desánimo. Eso es lo que quiere la enfermedad. Y no se lo voy a consentir.

¿Qué le pareció el paso similar al suyo que dio Eduardo Berizzo, el entrenador del Sevilla de fútbol, hace poco?

Me recordó a mi caso cuando me enteré. Por otro lado, no hubiera vuelto tan pronto como él lo ha hecho. Pero también desconozco en qué grado estaba su enfermedad. Si yo hubiera tenido la oportunidad de hablar con él, le habría dicho que esperase un poco.

Física y mentalmente, no estás en plenas condiciones, ¿no? Juegas el partido y tienes un empate con el Levante. Encima, el que es hooligan va a decir 'Muy bien, cúrese usted, pero márchese'. La gente no va a valorar o a saber apreciar el paso que estás dando de estar al frente de tu equipo. Hay mucha gente que no entiende esto, desgraciadamente. La respuesta ante eso es cierta pena. ¿Para qué te das prisa? Espérate, recupérate mejor.

Usted, ante todo, nunca ha perdido la valentía. Por ejemplo, mantiene la costumbre de disfrutar del ron y de los puros alguna vez.

[Risas] Sin duda. Es otro mensaje a la enfermedad. Es decirle que no me va a quitar poder tomarme ron con mis habanos ni tener una sobremesa para charlar, que me encanta compartir. No me vas a impedir que viva.

Imbroda ha ganado el partido más importante: el de la vida.

Imbroda ha ganado el partido más importante: el de la vida. NARRTA Media

Ahora todo está controlado, o eso parece. Aun así, ¿qué le lleva a seguir desconfiando de la enfermedad?

Ahora mismo, la enfermedad está eliminada. Lo que no significa que esté curada. Tiene una resistencia que el tiempo consigue ir eliminando definitivamente. Hoy puedo decir que mis valores son normales, pero con la lógica prudencia que estos casos requieren. Hay que estar alerta y pasando revisiones, pero estas se van espaciando cada vez más en el tiempo y yo me encuentro muy bien. Estamos en el camino.

¿Cuál es la mejor enseñanza que saca de todo este tiempo?

Ya nada es igual. Cuando vives una cosa así, empiezas otra vida. Lo que siento es que la vida tiene otra perspectiva para mí. Vives con más intensidad y también con más alegría. Yo siempre la he tenido, pero esto la ha acentuado. También, en mi caso, he ganado serenidad.

¿Y el consejo que cree que más les puede servir a otras personas que estén en su misma situación?

Que lean mi carta. Una de las pautas que yo doy en ella es 'No leas'. Una mujer me decía que no paraba de leer y buscar. Nos dedicamos a buscar respuestas que no encontramos. Porque no las vamos a encontrar. Nos tenemos que dedicar a curarnos y a luchar por eso. No a querer saber más que los médicos. A ver si vamos a descubrir una fórmula mágica que no existe. La mujer me decía que había dejado de leer sobre la enfermedad en el momento en el que leyó la carta. Que le estaba ayudando mucho.

El cáncer no me va a impedir que viva

Aunque ahora esté todo bien, ¿cómo afrontaría usted la situación en el hipotético caso de que volviesen a existir complicaciones? ¿Valor y al toro?

Esa es una posibilidad evidente, pero no pienso en ello. Pienso en hoy. Qué tengo que hacer, qué actividades tengo que desarrollar, qué proyectos voy a seguir acometiendo, mi baloncesto siempre cerca… Es inevitable pensar en eso, pero lo pienso de pasada. Y ya está.

Si el cáncer fuese un jugador de baloncesto, ¿cuál sería su definición de este?

[Risas] ¡Menudo problemón! Sencillamente, si lo tienes en forma de jugador hay que extirparlo del equipo.

Y si lo vivido hasta la fecha hubiese sido una temporada al frente de un club y le tocase dar una rueda de prensa para hacer balance del año, ¿qué diría?

Empezamos muy mal, con todo en contra. A lo largo del curso, fuimos remontando. Reaccionamos y el balón de partido ahora lo tenemos nosotros. La posesión es nuestra. Le hemos dado la vuelta al marcador.