¿Por qué el Bayern destituyó a Ancelotti? ¿Por qué en Alemania nunca llegaron a comulgar con Guardiola? ¿Por qué Rummenigge busca un entrenador germano para el próximo curso? Estas tres preguntas, así formuladas, las podría responder cualquier aficionado muniqués con una simple afirmación: Mia san Mia. Es decir, “nosotros somos nosotros” (traducción del bávaro, dialecto de la zona). La frase, estampada en las camisetas y souvenirs del club, lo explica todo. Su significado responde a las señas de identidad el conjunto de Múnich. Es, por decirlo de algún modo, el #Nonospuedenentender del Atlético en versión germana. A partir de ahí, se puede intuir por qué Heynckes es el entrenador al que mejor le sienta el banquillo del Allianz Arena. Pero, para comprender la importancia de Jupp, las razones por las que este año son más candidatos que nunca a ganar la Champions –previo paso por Sevilla (martes, 20:45 horas)–, toca analizar a sus predecesores, su figura y su vinculación con la entidad. Así, es más fácil de comprender todo. 

El Bayern ya está en Sevilla



PRECEDENTES



El Bayern de Múnich, tras ganar el triplete, confió su suerte futura a Guardiola. Él debía ser el que llevara al equipo un paso más allá, el que mantuviera los éxitos y –esto era lo peligroso– consiguiera el Sextete. Ese era el objetivo del club y el encargo que le hicieron al técnico español. A partir de ahí, lo planeado no encontró respuesta en lo logrado. En sus tres temporadas, se ganaron siete títulos. De hecho, el club acabó contento con la labor de Pep y lo quiso renovar, pero él fue quien denegó seguir en Alemania. Esa fue la visión del club. En la calle, en los bares, entre cervezas, la afición no acabó de comulgar con el catalán. ¿Los motivos? El estilo de juego –el arraigado e histórico contraataque no se cambia de un día para otro–, sus derrotas en semifinales de la Champions y, por qué no decirlo, el no ser un técnico alemán en una entidad de tradición germana, que siempre ha basado su potencial en jugadores de la tierra, dirigentes de la tierra y técnicos de la tierra.

Guardiola y Ancelotti durante un choque entre Bayern y Real Madrid. Reuters



ANCELOTTI, UN FALLO



“Lo peor que le puede pasar a un entrenador es coger un equipo después de Guardiola (por lo que tiene de ‘marrón’ tras sus éxitos). Lo mejor, llegar tras él (por lo que deja en los jugadores)”. Fabio Capello ‘congració’ a Ancelotti con esta frase. Él analizó la llegada de su ‘colega’ en lo futbolístico, pero le faltó concretar en lo social. El fichaje de Carlo venía viciado desde el principio por varios motivos: la afición pedía a gritos un entrenador alemán después de Pep –el preferido en todas las encuestas era Jürgen Klopp– y se encontraba a una plantilla con demasiados ‘gallitos’. Ribéry y Robben, que ya no estaban para jugar, remaron contra su criterio; los jugadores germanos no entendían a un técnico que hablaba alemán con muchas dificultades y el que hacía de contrapeso contra todos los problemas (Lahm) se retiró tras la primera temporada del italiano al cargo. Por todo eso, el ex del Real Madrid fue un blanco fácil en su segundo curso y acabó despedido por las continúas quejas de los jugadores.



HEYNCKES, LA SOLUCIÓN



Ante esta situación, el Bayern apostó sobre seguro llamando a Heynckes. Eso sí, Jupp les puso sólo una condición: sería su última temporada. Después, ya no habría más. Avisó a los jugadores y al club. Les contó su plan y se puso a trabajar. Volvió a Säbaner Strasse (ciudad deportiva del club), se puso el chándal, saludó a sus viejos conocidos (Robben, Ribéry, Javi Martínez…) y empezó a trabajar. En pocos meses, el equipo, que había perdido el pulso de la Bundesliga, recuperó su nivel y volvió a arrasar. Definitivamente, el club había conseguido cambiar el rumbo con su fichaje. ¿Por qué? A eso vamos…

Heynckes da la enhorabuena a James tras su buen partido. Reuters



¿POR QUÉ JUPP ES FIABLE?



Heynckes es una institución. Nadie le discute. Ni siquiera Robben o Ribéry -que, además, han encontrado mayor regularidad-. Lo que diga Jupp va a misa. Los jugadores saben que, ante un enfrentamiento con él, tienen las de perder. Todos confían en el técnico germano, saben que pueden ganar con él –de hecho, muchos jugadores levantaron el Triplete a sus órdenes– y apoyan y respeta cualquiera de sus decisiones. Incluso los alemanes, con un peso específico dentro del vestuario, callan para escucharlo. Además, la comunión con el público es perfecta. En el Allianz no se cuestiona el estilo o el juego del equipo. Da igual. Saben que con él llegan los éxitos. Es más, lo reconocen como uno de los suyos. Él representa el “Mia San Mia” en su expresión más amplia.



UN ÚLTIMO BRINDIS POR JUPP



El Bayern, si pudiera, lo renovaría, pero saben que eso no es posible. Heynckes accedió a hacerse con el banquillo hasta final de temporada. Después, se acabó. Será el final. Por eso, los jugadores quieren ganar la Champions y despedirlo como se merece. Y por eso, el club ya no quiere hacer probaturas con técnicos internacionales. Ese fue el motivo por el que pensaron primero en Thomas Tuchel, extécnico del Dortmund, como sustituto –y parece, próximo ocupante del banquillo del PSG–, pero éste se negó. Poco importa. “Presentaremos al entrenador en abril y será alemán”, reconoció Rummenigge. ¿El motivo? El club busca otro Jupp. Saben que ese es el mejor camino a seguir. ¿Por qué? “Mia San Mia”, en sus palabras. O, dicho de otra manera: por la tradición del club, por su vinculación con la cultura germana, por su tradición histórica de contraastaque y por su nuevo proyecto, plagado de nuevas perlas germanas. El Bayern, en definitiva, quiere ser lo de siempre. Ni más ni menos. Aquellos años de Guardiola fueron una excepción. Y, a ser posible, quiere ganar. Y el que mejor lo sabe hacer es Heynckes. 

Lewandowski celebra un gol con el Bayern. Reuters

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