Carlos, Sixto y Jorge: la Trinidad.

Carlos, Sixto y Jorge: la Trinidad. Jorge Barreno.

Música Presentan 'Nuevas dignidades'

La Trinidad: "El rollo 'malasañeo' nos lo pasamos por los cojones"

"Ser moderno antes era subversivo, ahora consiste en ser proselitista y clasista" / "Los Planetas se han puesto el traje de revolucionarios y no tienen sustento político" / "Si nos hiciéramos ricos desayunaríamos todos los días en la calle". 

Muerte a los grupos descafeinados -sin memoria, sin raíz, sin mensaje-. Muerte a la marca blanca. Muerte al moderno que se disfraza y se finge enigmático porque, en el fondo, no tiene nada que decir. Nada que crear. Muerte al esteta que se deja caer por los circuitos cool como un simio en una feria. En la era de la laca y la purpurina, en una España donde agoniza el artista y resucita la vedette cultural, aquí están, vermú en mano, mochilas con mudas, anécdotas cáusticas, cinco horas de viaje en coche hasta la capital, no queda tabaco: La Trinidad, antes The Loud Residents. Ya no cantan en inglés, ahora se bautizan con nombre de barrio malagueño. Ahora es suya la lengua, el paisaje natal, el acento. Si eso no es una declaración política, que venga dios -padre hijo, y espíritu santo- y lo vea.

Sixto, Jorge y Carlos son insultantemente jóvenes y ya amenazan con convertirse en una de las bandas predilectas del panorama patrio. Lo que los cursis llaman la escena los viene soñando: miren cómo ha celebrado el público a los Carolina Durante, también fichados por Sonido Muchacho. Será que aquí andábamos huérfanos de grupos frescos, románticos -el amor es el nuevo punk-, luminosos, corrosivos, con carácter, desacomplejados. Relevo generacional contra los sillones polvorientos: gracias.

Nos tenían tan mal acostumbrados -tan atrincherados en lo previsible o en lo rancio- que hoy montamos fiesta cuando vemos a tres chavales que cantan en castellano, que se hacen cariños entre sí -imposible en los viejos machos-, que tienen complicidad y alegría y aún no han cometido el error de tomarse demasiado en serio a sí mismos. Para perder el toque, a menudo basta con recordar que se tiene.

Ellos, por ahora, siguen diciendo “viena” y “pitufo” -como medida del pan del desayuno- y se citan sacramentalmente en su bar de Málaga, El Muro, para charlar de esto y de lo otro, para ir derribando mitos adolescentes, para componer alrededor de la poética y la política -sin desdeñar la chanza-. Traen un EP caliente, Nuevas dignidades, con perlas como "no creo que sientas nada, eres tibia como la socialdemocracia; en mí crece espino, avanza por mi garganta, tu puto revisionismo necesita una nueva dignidad dramática". O "queridísimos esbirros: sangre y dinero huelen a lo mismo (...) no hay lugar para una pureza igual, huyamos pronto, nos aguarda el capital. Acabarán como el rosario de la aurora, no son tiempos para otra Faraona".

Próximas fechas: el 10 de octubre, en el Contenedor Cultural (Málaga), el 11, en la Sala Wah Wah (Valencia) con Las Ligas Menores, el 12 repiten plan en la Sala Sol de Madrid y el 23 de noviembre viene el plato fuerte: abren el concierto de Carolina Durante en La Riviera -todo agotado desde hace meses-. Aquí hay talento nuevo para tirar imperios. Pasen y vean. 

¿Qué es la Trinidad?

Jorge: Los Loud Residents con la camiseta metía’ por dentro.

Sixto: Un grupo de tres chavales a los que nos gusta mucho hacer música y poco más, no tiene mucha ciencia. No vamos a darte una definición súper loca. Los grupos ya se inventan muchas etiquetas. Queremos alargar esto todo lo posible y pasarlo bien.

¿Os sentís herederos de alguien?

Sixto: No, la verdad es que no. Influencias hay… claro. Al final siempre acabas componiendo sobre lo que has escuchado. “Herederos” es una palabra un poco grande.

Jorge: Claro, ¿qué decimos, que somos herederos de los Clash? Pues no, porque son… (resopla). 

Sixto: Sí, herederos de Airbag. Que nos den su patrimonio (risas). No, sería un poco pretencioso decir que somos herederos de alguien.

¿De dónde viene el título de Nuevas dignidades?

Sixto: Era una idea que tenía apuntada. Yo escribo las letras y tal. Anoto cosas que se me vienen a la cabeza. Hay una frase de una canción que habla de una “nueva dignidad dramática”. Me gustaba cómo quedaba pero hay un disco de Biznaga que se llama “Centro Dramático Nacional”, y era demasiado referencial. Decidimos que “nuevas dignidades” encapsula bien el concepto de las tres canciones, porque el LP habla de política, de amor…

Jorge: De Lola Flores.

Sixto: Sí, está todo muy entremezclado. ¿Qué es una nueva dignidad? Bueno, se ve en Del suelo a la boca, que es una canción de desamor pero en clave muy política. La estructura, el armazón es político. La nueva dignidad es cuando te desechan y te acabas recuperando, renaces con una dignidad nueva, ya sea en lo amoroso o lo político. Este usar y tirar que muchas veces sufrimos.

¿Qué es ser moderno hoy?

Sixto: Algo bastante contrario a lo que significaba ser moderno antes. Antes un moderno era una persona subversiva, o que tenía algo de transgresión.

Jorge: Ser moderno es escuchar grupos de bang punk que no conoce nadie y dártelas de guay por ahí.

Sixto: Ser moderno a día de hoy, en definitiva, es ser proselitista y clasista. Antes significaba algo… ahora ya no se puede ser moderno ni se puede ser nada, está todo tan absolutamente individualizado por un lado -todos tan desconectados, pero a la vez, yendo en la misma dirección- que los márgenes de los que salirse son muy estrechos. Y parece que estamos muy conformes con esto.

Carlos: Te encuentras con que ahora simplemente se reciclan referencias culturales y modas pasadas y es como: “¿Otra vez?”. No hay cambio.

¿Porque ya no queda nada que inventar?

Carlos: No tengo esa impresión, pero sí creo que la gente está muy acomodada en lo pasado, en la nostalgia.

Sixto: En el momento en el que no paramos de reciclar, parece que la gente ya no tiene nada que decir. ¿Tiene algún fin reciclar tanto? Se queda en un cambio meramente estético. No trasciende de la forma.

También igual porque estamos en la era del autor y no de la obra. No sé si habláis de eso cuando decís “la simetría es un valor al alza” o “los nombres propios, una nueva marca”. El producto cultural en sí le importa a la gente cada vez menos, sólo quiere parecerse a su mito, comérselo por los pies. Es una adoración mucho más física.

Sixto: Total. No hay ningún tipo de sustrato, es todo pura fachada. El arte está perdiendo (la música, en este caso) su cualidad artística, que es tener algo que decir. No deja de ser una producción a lo Warhol pero a nombre de cada uno, como individuo, casi ni importa lo que hagas.

La Trinidad.

La Trinidad. Jorge Barreno.

¿Cuánto hay de política en La Trinidad? ¿Sentís que tenéis algún tipo de responsabilidad social como grupo?

Jorge: No.

Carlos: Más que responsabilidad, el deseo de expresarnos. Somos actores políticos en el sentido de que somos ciudadanos, eso te lo va a contar mejor Sixto que nadie que para algo son sus letras. Pero no hay responsabilidad porque nuestro grupo todavía tiene un impacto mínimo. Sentirse responsable de un discurso… qué va, en todo caso podemos ser coherentes.

Sixto: Antes había ciertos consensos que hemos perdido por completo: tener cosas que decir sobre lo que vemos en el mundo. Pero por otra parte, el arte se ha elitizado tanto que sólo lo pueden hacer pijos o gente que se lo puede pagar… No da dinero, se ha precarizado, así que se acaba elitizando la profesión de músico. Si lo elevamos a las altas esferas y lo unimos con lo que hablábamos antes (lo del contenido cada vez más vacío), ¿qué sentido político tiene esto? Ninguno. Es un falso situacionismo que no lleva a ningún lado. Pero con La Trinidad… no es que me sienta responsable, pero sí creo que tengo cierta obligación de mantener la perspectiva crítica. Si veo que nadie dice ciertas cosas que están ardiendo, que son evidentes, que están radiando ahí… me apetece comentarlo. No por nada, sino porque me preocupa verdaderamente.

También es verdad que la canción protesta en las últimas décadas parece que se ha llenado de caspa, ¿no? Ha dejado de molar como molaba en los ochenta. ¿Cómo se consigue hacer una canción crítica sin dar lecciones al público, sin volverse un predicador ni decirles lo que tienen que pensar? Hay muchos fans de Nacho Vegas, por ejemplo, que se sienten así en sus conciertos. 

Sixto: Sí, hay una línea fina… no debería acabar esto en propaganda. La gente se cree que hacer música comprometida es ser Ska-P. Hablar explícitamente de algo. Parece que lo tienes que dar en bandeja: que si la PAH, que si tiran bombas… un discurso muy anticuado, muy masticado. Por otro lado, vigente, pero dale una vuelta, joder. De decirlo tan manido acaba perdiendo su significado. Pero por otro lado, tenemos la pose de que hacer protesta se ha vuelto una deriva estética. Como lo que están haciendo ahora Niño de Elche y Los Planetas. “Canción para los trabajadores de la SEAT”, y luego Los Planetas dicen en una entrevista que no se preocupan por las condiciones de los trabajadores en los festivales. Y te lo venden como “es una canción contra el catalanismo”. Catalanismo que se intuye como algo malo. Le están comprando el discurso a la derecha.

Carlos: Siendo eminentemente andaluces.

Sixto: Claro, cuando llevan años con la bandera del andalucismo. Lo que han hecho Los Planetas es comprar una pose. Como ponerte el traje de “ahora voy de revolucionario”, pero no tienen ningún tipo de sustento político y ningún tipo de compromiso. Puede haber mucho más compromiso en una canción de amor que en una canción por los trabajadores de la SEAT. ¿Qué coño están haciendo? Me parece ridículo. ¿Qué te crees, que estamos en el 77 en la huelga con los mineros en Manchester?

Supongo que tampoco seréis calcados ideológicamente los tres. ¿Os ponéis de acuerdo a la hora de echar a volar ciertas letras? Decís “eres tibia como la socialdemocracia”, ¿qué pasa si hay aquí un socialdemócrata entre nosotros? ¿Cómo se compagina la ideología personal con la del grupo?

Carlos (mirando a sus compañeros): ¿Qué, me vais a putear o no? (risas). Hay que entender dos cosas: en primer lugar, que somos amigos desde hace bastante tiempo y en ese sentido no hay ningún tipo de roce ni mucho menos, aparte de la chanza. Y sí que te encuentras con que el ideario de las letras corre a cuenta de Sixto, no exclusivamente, porque podemos matizar cosas, o podemos hacer arreglos… pero no dejan de ser sus letras. Sí que le compramos ese discurso a Sixto y nunca hemos estado incómodos. Pues si yo puedo considerarme socialdemócrata, lo siento… no me voy a rasgar las vestiduras.

Sixto: Él también puede ser crítico con lo que estoy criticando yo de la socialdemocracia, sin dejar de creer en ella.

Carlos: Talante, talante.

¿Cuál es la mayor Tragedia Nacional que existe ahora mismo?

Jorge: Álvaro Ojeda.

Sixto: La pasividad general que hay frente a la precariedad. El mundo pobre en todos los sentidos.

Carlos: Para mí la mayor tragedia nacional es el consumo low cost que nos están vendiendo a todos ahora y que nada más que genera precariedad y estamos todos de acuerdo con eso. La oferta, el mirar el precio antes que nada… te venden el “compra barato y ya”. Es una dinámica de consumo que se lo está cargando todo, y en un país como España, tan orientado al sector terciario, será lo que probablemente cave nuestra tumba.

Qué positivos sois.

Sixto: Optimistas trágicos.

Carlos: Luego también salimos de fiesta. No estamos tan mal.

Habláis con desprecio del dinero en las letras, pero me pregunto qué haréis si os llegáis a hacer ricos con la música. ¿En qué os lo gastaríais?

Sixto: Si ganase mucho dinero… me compraría un montón de guitarras, soy bastante fetichista. Nunca me he visto en esa situación. Siempre he sido muy poco gastoso en ese sentido. Ahora, si me pones una cuenta bancaria con muchos ceros… igual me se va la pinza. Pero no creo. No me han educado para eso.

Carlos: Yo desayunaría fuera todos los días de mi vida.

Sixto: Y yo contigo.

Jorge: Yo me pediría una copa en todos los vuelos de avión.

Sixto: Un buen pitufo todos los días…

Carlos: ¡Viena!

“No hay lugar para ti y para mí juntos en esta ciudad, ciudad rota en la que somos tú y yo, no hay sitio, está llena de dolor”. Hablemos de Ay, tus ojos (puñales de orfidal). Es una de las mejores, aunque no sea de este EP. ¿Cómo nace?

Sixto: Pues en ese EP fue la primera vez que me lancé a escribir en español, después de muchos años con los Loud Residents.

Esa es otra, ¿no? Durante mucho tiempo ha parecido que hay que cantar en inglés para llegar a alguna parte, como si esta lengua no fuera lo bastante hermosa.

Sixto: Sí, total. Pero cuando empecé el grupo hace ocho años, es decir, tenía yo 13, pues te da corte, toda la música que escuchas es anglosajona, te dicen tonterías como “así triunfarás”… triunfa primero en tu país, ¿no? Luego ya triunfarás fuera. Es una vergüenza nacional de punto de partida, luego se diluye. La relación con nuestra cultura es un poco problemática. Bueno, pues cuando por fin me convencieron para escribir en español, me costaba mucho, tenía un poco de miedo… y me apoyé en escribir cosas inspiradas o basadas en poemas. Esa canción me la inspiró un poema que me enseñó Isa, mi novia. En una esquina, de Aníbal Núñez. Se acabó convirtiendo en una canción de amor penosa, destructiva, con una visión distópica de la ciudad. Al final, es lo que es: estamos viviendo la peor de las distopías.

Recuerda un poco también al amor líquido de Bauman. Esta sensación de que es imposible encontrarse, agarrarse a algo ahora. Muy desoladora.

Sixto: Sí, sin duda. Habla de la ciudad como una especie de enjambre loco del que no se puede escapar… es muy agobiante, es un clima en el que todo va a estallar y ya no puedes estar ni contigo mismo.

¿Qué sabéis ahora del amor que no sabíais con 15 años?

Sixto: Con 15 años no me comía una rosca, la verdad.

Carlos: Sí, la verdad es que nos hemos desarrollado tardecito (risas).

Sixto: Sí. Yo creo que el amor, al final, es algo menos idealizado de lo que nos han contado siempre, pero es mucho más honesto y más sencillo y más humano y más provechoso.

Jorge: Yo es que estoy bastante desencantado con eso…

Carlos (señalando a Sixto): Este es el único al que le va bien.

Jorge: Ahora yo lo vivo en tercera persona, mediante las parejas de mis amigos. Y cada vez que me cuentan alguna movida, es como “otra vez esta mierda, tío...”. No sé. Siempre hay como mucha prisa con el tema, ¿no?, del amor… parece que tienes que encontrarlo ya. Pero yo paso, la verdad.

Carlos: A él sólo le importa el rock (risas).

Jorge: Sólo me importa el Zaragoza y ponerme fuerte.

Carlos: Yo no voy a contar nada nuevo, la historia de la humanidad ya ha dicho mucho sobre el tema. Pillarnos y luego cagarnos en todo. Pero yo sí que estoy un poco a favor de ese discurso…

Jorge: ¡A favor del amor!

Carlos: Sí, creo que es una cosa poderosa y bastante potente. Y evidentemente, duele, pero duele porque te lo has pasado bien antes.

Sixto: Se puede decir que es como un resacón. Yo sigo borracho y no quiero llegar a la resaca nunca. Jorge dice que si algún día los astros se alinean y lo dejo con mi novia, dejará de creer en el amor.

Jorge: Si eso ocurre algún día, no me quedará ni un ápice de esperanza.

La Trinidad.

La Trinidad. Jorge Barreno.

¿Qué hay de la relación de la música con el sexo? Montas un grupo, empiezan a ir chavalas a los conciertos, arranca el fenómeno fan…

Carlos: Yo es que no lo sé porque soy camarero en un bar de copas, así que no he necesitado montar el grupo (risas).

Sixto: Juega en otra liga.

Carlos: Es un cliché, pero es verdad.

Sixto: Ahora un grupo de rock no mola tanto como molaba antes. Creo que es bastante poco sexy el rock and roll ahora mismo.

Carlos: Necesitamos 30.000 seguidores y mucho autotune.

Jorge: Yo toco el bajo, eso es el antimorbo.

Desde que habéis encontrado en el circuito musical, ¿qué es lo que más os ha decepcionado?

Carlos: Estamos todavía de luna de miel.

Jorge: Uno se da cuenta también… del amiguismo, del postureo. Ves muchos grupos que quieren encajar a toda costa y ser amigos de todo el mundo enseguida. Creo que hay que ser más honesto.

Sixto: Esto de salir de fiesta y escuchar el “vamos a hacernos una foto y mencióname, por favor”. Menos mal que lo vemos desde la barrera porque vivimos en Málaga y todo esto de la capital nos queda lejos. Nos descojonamos la mayoría de veces.

Jorge: El rollo malasañeo nos lo pasamos por los cojones, básicamente.

¿No habéis tenido nunca esa tentación con Carolina Durante, que precisamente tocaréis con ellos en La Riviera en noviembre?

Sixto: Qué va, porque son unos chavales que pese a todo lo que han vivido tan rápido (de un día para otro, convertirse en estrellas del rock) son la peña más normal del mundo. El primer acercamiento que tuvimos fue hace un año y pico, cuando acababan de sacar Cayetano, y nosotros nuestro primer EP. Nos escribió Diego para decirnos “oye tío, por fin grupos guays que cantan en español, a ver si algún día hacemos algo juntos”. Y empezamos a hablar y hemos coincidido más veces. En cuanto han tenido la oportunidad de contar con nosotros, han contado con nosotros.

Estuvimos de Erasmus, nos llamaron para tocar en el Ocho y Medio, no pudimos porque estábamos fuera… en Andalucía no pudimos tampoco. Y ha llegado su fecha más grande, La Riviera, y nos llamaron. O sea que había un interés real, y hay una simpatía, no te voy a decir una amistad porque esa es una palabra muy grande. Hay una sensación de puta madre porque son muy buena gente y muy normales. Creo que ellos están bastante lejos del rollo malasañeo.

La Trinidad.

La Trinidad. Jorge Barreno.

¿Qué hay de la censura artística? Sabéis que los ayuntamientos se han cargado de los carteles de fiestas a C. Tangana en Bilbao y a Luis Pastor y Pedro Pastor en Madrid. ¿Sentís que hay cosas que no podéis decir?

Sixto: A ver, no nos vamos a callar absolutamente nada.

Carlos: Las cosas que nos podemos callar es por ser personas razonables (risas). Es una autocensura desde la vergüenza.

Sixto: Nuestras burradas, en la intimidad. Fin. Nos da igual el signo político, cualquier censura es despreciable a cualquier nivel. Vivimos en una sociedad…

Jorge: “Vivimos en una sociedad”, lo ha dicho.

Sixto: Sí (risas). Una sociedad donde la libertad de expresión cada vez tiene unos márgenes más reducidos. O la estupidez de SFDK. Con el punto violeta. “No, es que no me gustan sus letras...”. Grupos teniendo que recibir formaciones.

Carlos: Y que habían sido contratados.

Sixto: Lo importante es que no nos pueden quitar el decir gilipolleces, o el decir burradas. No podríamos vivir sin decir burradas. Vivimos en una época asquerosa en este sentido.

¿Qué hay del trap y su relación con una presuntamente nueva emancipación feminista? No sé si habéis visto el show del Perreo de la muerte de Yung Beef. Mujeres gordas desnudas, golpes en los culos…

Jorge: Eso no es empoderamiento, por mucho que sea gente que no tiene un peso estándar. Es igual que si fuese una tía delgada. Me parece igual de empoderante, que es cero. 

Sixto: Eso es jugar al poliladron. Es un juego estúpido y de niños que no tiene por dónde cogerlo. Tú verás cuando salga la entrevista, “tres machotes aquí diciéndonos lo que es empoderamiento y lo que no” (risas). Me parece que todo es una farsa. Ahora todos juegan a ser barrio. Igual que cuando han vendido el trap como una música de izquierdas. Mira, no, el discurso del trap es puramente neoliberal. Yung Beef sería como el socialdemócrata del trap, pero como buen progre se come todas las mierdas del tipo “mover el culo es empoderante”.

Carlos: Y va de “si eres de barrio y eres un héroe, vas a meter droga en tu puto barrio”.

Sixto: Sí, te venden como heroicidad lo que ha sido una puta desgracia para este país desde los años ochenta. Santificar la droga, santificar la prostitución y la cosificación de la mujer: no tiene otro nombre. Este nuevo canon del empoderamiento se basa en la idea patriarcal de que “una mujer” es “su cuerpo”. ¿Por qué no entendemos que una mujer puede liberarse por sí sola y no moviendo el culo en la cara de un tío? “También nos gustan las gordas”. Joder, y querrán que les aplaudamos. 

¿Hay una pérdida de conciencia de clase en el trap? El rap español, históricamente, ha sido de izquierdas. Pero aunque el trap traía también ese discurso concienciado, en cuanto tienen dos chavos parece que se olvidan…

Sixto: Sí, o se olvidan del barrio o se hacen los jefes del barrio. Nos han vendido el trap como música de clase obrera y bueno, igual sí que es de clase obrera por sus inicios, pero su discurso es completamente desclasado. Que venga C. Tangana a reivindicarnos a Andy Warhol… es como “encima te creerás innovador”.

Y a Dalí.

Sixto: Sí, genial, nos está vendiendo a dos de los mayores payasos de la Historia.

¿A quién haríais ministro o ministra de Cultura?

Todos: A Javi Ferrara.

Sixto: A Maxim Huerta, de entrada, no. Como la OTAN. A Kiko Veneno o a Santiago Auserón. A Jorge Ilegal.

Jorge: A La Mala Rodríguez.

Carlos: A Isa Bellido.

Sixto: A María Arnal.

La Trinidad.

La Trinidad. Jorge Barreno.