Protagonista por partida doble. Hay pocas dudas de que Alberto Chicote (51 años) ha sido uno de los personajes destacados en los últimos días de la actualidad televisiva, ya que el cocinero madrileño, además de regresar a la pequeña pantalla con otra temporada de ¿Te lo vas a comer?, volverá a presentar las campanadas en Nochevieja.

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Con ese menú y la situación tan complicada que atraviesa el sector hostelero en España, el menú estaba servido, aunque la cena se quedara un poco fría: al retraso en su hora de comienzo, Pablo Motos (55) se demoró más de lo habitual presentando la carta de invitados para la semana que viene, por lo que el corte publicitario llegó sin que Chicote apenas hubiera pronunciado una sola palabra.

Cuando le llegó el momento, el chef no se anduvo con rodeos. En primer lugar, explicó, a grandes rasgos, de qué irá la nueva temporada de ¿Te lo vas a comer?“Siempre hemos sido un programa de denuncia, pero esta vez será más cañero”, adelantó. Sobre ello, Motos le preguntó que si los consumidores nos tragábamos los engaños por ser demasiado dóciles. Chicote argumentó que “en el caso de los consumidores no es tema de docilidad, sino falta de conocimiento”.

Alberto Chicote, este jueves en 'El Hormiguero'. RRSS

Sobre ese desconocimiento, el cocinero madrileño contó que “el jueves que viene tenemos dos programas del tirón, uno de ellos es el pan. Detrás de esa supuesta salubridad con el término masa madre, se acaba vendiendo un pan normal. En realidad sí se puede comprobar, pero no es tan sencillo, sobre todo para el consumidor. Lo que hacemos es buscar quién te la está colando y, además, buscar a alguien que está haciendo las cosas bien y cobrándolo a un precio justo. Si es masa madre tiene que ser un 100%”, explicó.

Sin embargo, parece que el plato fuerte de esta temporada no va a ser el pan, sino otro asunto que algunas veces ha estado en tela de juicio por la opinión pública. Parece que las leyendas urbanas a veces se cumplen: “Dentro de la comida a domicilio, igual ahora un poco menos que ha cambiado con la pandemia, la china era la que más se pedía en casa”, contextualizó antes de ver un vídeo en el que se le veía visitando un local casi clandestino: “Aquello era como La matanza de Texas, terrible. Dan unas direcciones que no existen y cuando llegas a una que sí se corresponde y es, cómo te diría, de 0 a 10, con diez como máximo de mierda, le pongo un 10,5”, valoró.

Autoridades

La duda clara tras estas afirmaciones es saber si podemos confiar en estos establecimientos. Chicote intentó dar respuesta a ello: “La única manera es confiar en que la gente que está vigilando para que se cumplan las normas lo haga. En ese sitio hay una secuencia en el que ves el recorrido de unos cacharros infectos y que terminan en los tuppers inmaculados que te llegan a tu casa. Aquello en particular está poco vigilado. Tuvimos la ocasión de acompañar a la policía municipal en una visita que ellos hacen. El sitio quedó precintado”, aseguró.

Otro de los asuntos polémicos que tratará el programa será el fraude del reetiquetado. “Partamos de que tenemos la mayor superficie de huerta de Europa, Almería, que nutre a muchísimos países, no solo España, con un índice de calidad altísimo. Hay gente que se dedica a importar productos de otros países para envasarlo como si fueran productos de Almería. Esa etiqueta es muy buena para cometer un fraude; se están cargando la marca”, lamentó.

Después de una breve disertación sobre que la labor de control y vigilancia no es tan exhaustiva por parte de algunas administraciones como debiera, Chicote se remangó para abordar un asunto más delicado si cabe: la situación que atraviesa la hostelería. “Ahora está terriblemente mal y mucho peor que se va a poner el tema. Ante el cierre obligado todo el mundo tenía ganas de trabajar, pero ha habido mucha gente que a la hora de echar las cuentas se ha dado cuenta de que no cuadra. No es posible reinventarse. Estamos con una capacidad de trabajo limitada y con unos costes que son los de antes, es imposible”, denunció.

A su juicio, “todo empezó mal cuando los aforos se limitaron de forma porcentual. Hay negocios que ya tenían una distancia de seguridad entre sus mesas, a lo mejor podrían tener un 80%. Esto se hace porque hay un desconocimiento enorme del sector y de lo que hay. Si facturo el 50% no significa que vaya a tener un personal al 50%, necesito un cocinero independientemente de si viene un cliente o 50”.

Poco a poco, Chicote se fue calentando hasta acabar explotando cual olla exprés. “Todo el mundo del sector está echando las mismas cuentas: cuánto me cuesta el negocio abierto y cuánto me cuesta cerrado. Tienes que decidir lo que te lleve más lejos, porque todo el mundo tiene la misma sensación, cuanto más lejos llegues, más posibilidades tienes de sobrevivir. Hay miles de trabajos que dependen de la hostelería y si nos ningunea, no solo eso, sino que además se nos criminaliza, somos los causantes de los contagios, cuando en un restaurante, precisamente, los contactos están mucho más vigilados que en otros sitios. Un restaurante no te pone una mesa de más de seis personas, no como en casa. La gente de la hostelería ha sido un ejemplo en todo esto”, zanjó.

Y, claro, ante una situación así, no es de extrañar que cada uno trate de sobrevivir como sea, incluso apelando a la economía sumergida. “No tengo los datos para poderlo saber. Es evidente que la gente defiende su negocio tal y como pueda. Siempre que hablamos de las pequeñas y medianas empresas, lo hacemos de gente que tiene compañías sin grandes ahorros, con una revitalización casi mensual. En otras crisis las grandes empresas soportaron mejor los problemas. Está ocurriendo lo contrario. Las pequeñas empresas tienen más controlados los gastos. El otro día, sin ir más lejos, hemos asistido al cierre del Zalacaín”, expuso.

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