El Hormiguero despidió otra semana desde la implantación de su nuevo formato, y lo hizo con las entrevistas a dos personajes, a priori, con muy pocas cosas en común: Marta Sánchez (53 años) y Alberto Chicote (50).

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Esta vez el consejo inicial de Pablo Motos (54) estuvo más destinado al público infantil que al adulto, muy ligado a la difícil convivencia familiar en estos días de confinamiento: "Os quiero trasladar una idea genial que me la ha contado una guionista del programa. Ella se reúna con otras madres a través de una videollamada para tomar un vino y charlar. Decían que estaban cansadas de no poder contener la energía de los niños. Una de ellas, que es profesora de Educación Especial, les propuso llevar a cabo la catarsis: consiste en encerrarse en una habitación con mucha música cañera y que durante 6 minutos hagan todo lo que quieran, gritar, decir palabrotas… Los resultados por lo visto son espectaculares, ya que los niños se regulan el resto del día, sabiendo que todo lo que se les ocurra se lo tienen que guardar para la catarsis", explicó.

Tras ello y el paso por publicidad, la tertulia estuvo protagonizada esta noche por Marron (40), Nuria Roca (48) y su marido, Juan del Val (49). En esta ocasión estuvieron especulando sobre cómo será el hecho de ir por la calle todo el mundo con la mascarilla. "Es una ventaja para los feos y es una desventaja para los guapos", comentó Motos, pero la solución la puso Nuria Roca: "Propongo una mascarilla transparente y universal, igual para todo el mundo. Esto va a tener una repercusión, la gente no se va a poner ácido hialurónico en los labios ni se van a hacer operaciones estéticas de nariz".

Futuro negro

Esta conversación baladí, salpicada con los debates sobre si Nuria Roca tiene los ojos verdes, si estamos preparados para la desescalada y el curioso colegio liberal al que fue Roca, donde los propios alumnos se ponían la nota, fue la antesala de la entrevista a Alberto Chicote. El chef madrileño comenzó cambiando los papeles con el presentador de El Hormiguero: "Hoy viene a divertirse a casa de Chicote Pablo Motos".

El cocinero se está cuidando durante el confinamiento: "Estoy siguiendo la dieta, aunque alguna vez nos damos un lujo, como los donuts. Estoy haciendo en Instragram recomendaciones de platos e ingredientes que pueden aguantar mucho en el frigorífico. Hay conservas que son maravillosas, como las de legumbres. Hoy, por ejemplo, hemos comido un churrasquito con ensalada de canónigos".

Sobre su rutina diaria, Chicote asegura que no tiene demasiado tiempo para el aburrimiento: "A mí al menos los días se me acaban sin haber hecho las cosas que tenía pensado. Cocino la comida y la cena, hago ejercicio en la cinta, leo, plancho…Cuando miro al reloj son las 11:30 o las 12, así que a la cama". Otros ratos libres los ocupa con un hobby relativamente nuevo: pintar miniaturas. "Conocí a un tío que debe ser el número uno de esto, Alfonso Giráldez, me ha dado la vuelta a la vida". Ni corto, ni perezoso, el chef mostró algunos de sus trabajos.

Al margen de ello, Chicote sí que es una voz autorizada para hablar del futuro que le espera a la hostelería en general y a los restaurantes en particular tras esta crisis: "Tenemos una preocupación enorme por los restaurantes. No sabemos en qué condiciones vamos a volver. Si sigue la cosa como ahora, tendremos que volver con el 100% de nuestro equipo con una facturación que no creo que llegue al 40%, eso nos llevará a la ruina a todos. Algunos están planteando que podamos sacar a personas del equipo e ir incluyendo según la necesidad y los ingresos. Sería volver para morir. Vamos a ver cómo podemos hacer esto, porque va a ser muy complicado. Hay mucha gente que se está planteando no volver para no perder más dinero".

Preguntado por la sugerencia de abrir estos negocios con menos capacidad de clientes, Chicote tiene claro que "la mitad del aforo sería su capacidad de trabajo, pero nadie te garantiza que vaya a llegar público suficiente para ese cupo; hay miedo en la calle. Lo que noto es que hay un gran espíritu de adaptación y superación, pero el camino que hay que recorrer parece imposible, te exige tener un pulmón que muchos negocios ni lo tienen ni lo pueden tener".

De himnos y paellas

La siguiente parada estuvo en las Islas Canarias, donde esperaba Marta Sánchez. La artista madrileña confesó que está allí porque le pilló la declaración del estado de alerta tras una actuación en el archipiélago. No está sola, ya que la acompaña su hija.

Este confinamiento está siendo prolífico para Marta Sánchez, que ha lanzado una nueva canción, un himno contra el coronavirus: Un mismo corazón. Y hablando de himnos, Motos quiso saber su valoración, con más reposo, sobre la famosa versión del himno de España, si creía que las críticas surgieron "porque nos aburríamos": "Me dicen muchos amigos ahora por qué no lo cantas ahora en este momento. Lo canté en Zarzuela antes de que estallara todo lo de Cataluña. Me siento muy orgullosa de haberlo hecho en ese momento y me gusta que la gente me está pidiendo que vuelva a cantarlo, ha cobrado más sentido que nunca", valoró.

Al margen de las canciones, Marta Sánchez también está dedicando el tiempo libre a otros menesteres, como la cocina. "Tenía una obsesión, me consideraba torpe por no saber hacer una paella. Le pedí a un amigo que me echara una mano por WhatsApp. La primera fue horrible, pero la segunda fue sensacional, aunque cuando digo en casa que la voy a hacer me dicen que no", confesó.

Antes de despedirse, Sánchez quiso dar una sorpresa al equipo de El Hormiguero "en especial a Trancas y Barrancas": una versión muy especial de la canción que baila todo el equipo en el arranque de cada programa.

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