Jesús Carmona

Este jueves ha pasado algo muy importante en Supervivientes. Algo capital, diría yo. Algo que, como dirían los antiguos, marca un antes y un después. Normalmente, las tramas del concurso se escriben entre los concursantes, y ya, tan avanzado el percal, anda todo muy trazadito. Se sabe quién se mete con quién y la sorpresa, a estas alturas del crucero, es poca o directamente nula. Eso pensaba yo hasta que he visto este jueves la gala del concurso. Algo en mi apatía me ha hecho activar. 

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En concreto, dos estímulos: uno agradable y otro bastante agrio, repulsivo, agregaría. No sabría explicaros muy bien el qué a priori. Es como cuando ves la tele en mute, estás viendo imágenes al tuntún y carentes de sentido narrativo. Y yo me hallaba viendo el juego de localización así cuando algo me ha hecho click. Algo me ha sacado de ese organigrama, puzzle bien montado. ¡Voz al mando ya! 

Con un golpe de vista, me he percatado de qué era. Lara Álvarez (33 años) le hacía ver a Ana María Aldón (43), que competía contra Yiya, que su pie durante la prueba -se trataba de hacer fuerza a dúo contra un armatoste para ver quién caía antes al agua en una suerte de pasarela- estaba donde no debía. Que había hecho trampa a modo de freno y la organización no lo entendía válido. La que se iba a liar solo era cuestión de tiempo. 

Rocío Flores durante su confesión con Jorge Javier. Mediaset

Pero me van a permitir que me detenga antes en otro gran momento -en el gran momento- de la noche: las confesiones de Rocío Flores (23) con respecto a su familia. ¡Como consecuencia de una trampa, de una jugarreta del programa! Les cuento. Al principio de la noche Jorge Javier Vázquez (49) le ha hecho ver a Antonio David Flores (44) que la niña quería hablar, que todos creían que así iba a ser. El problema es que en ningún momento ha sido así: únicamente cuando el presentador la ha llamado a un aparte ha sido cuando Rocío hija se ha desahogado. ¡Cuando le han apretado las tuercas de la emoción, antes no! Dato importante. 

Qué manipuladores son en Mediaset. Eso, queridos, no es querer hablar libremente; es forzarlo a hacer. La pobre no quería hablar ni del desapego con su madre -tan cacareado- ni del motivo real de su incursión en Honduras. ¡Habéis sido vosotros! Bronca aparte, ¡vamos a sus declaraciones! Rocío venía, minutos antes, dejando claro en su guerra con Avilés que ella no es alguien agresivo, que ya está bien con ese sambenito siempre a cuestas. Y una cosa, llevó a la otra. "Lo tengo trabajado y sé dónde veía. Sabía que tenía un precio, pero nunca he hablado mal de mi madre", ha respondido Flores hija cuando el presentador ha salido a porta gayola. El drama de la madre, Rocío Carrasco (42). El eterno drama. Esa pelea a golpes, ese día de marras en que todo estalló. 

¿Te gustaría que te viera en el concurso?, ha seguido Jorge, clavando el estoque. "Me gustaría que viera esto, aunque ella dijo que como solo veía Netflix...". ¿Ve un acercamiento con ella?, se azuza. Ahí se rompe, por su hermano "especial": "Creo que estaría bien, sobre todo por el que viene detrás de mí, que se está criando sin su madre". Cuando ya está blandita, se trata el crudo episodio aquel de (supuestos) malos tratos que las distanció hace siete años: "Tengo superado ese episodio, tengo 23 años, pero me ha tocado vivir mucho. Llevo siete años sin saber nada de ella, se ha perdido todo de nosotros". Reiterar: ¡ha sido una encerrona, en ningún momento Rocío quería hablar de motu proprio

Aquí viene, para mí, la pregunta más cruda: ¿crees que tienes que pedirle perdón por algo?". Y Rocío, empapada en dolor y lágrimas, responde: "Creo que no tengo que pedirle perdón por nada. Ahí me voy a quedar". Y se rompe, ya sin remedio, cuando expone el motivo por el que realmente ha acudido a la isla: "Yo no he venido a aprovecharme de la fama de nadie. Yo estoy aquí porque pensé en mi hermano, para ayudarlo lo máximo posible. Mi hermano, todo el mundo lo sabe, es una persona especial y quería saber que nunca le va a faltar de nada. Lo demás me sobra". Ella es clara, siempre lo fue: "A mí nadie me ha dado la oportunidad de conocerme. Sin conocerme, se dijeron barbaridades". Ni que lo diga. "Estoy cansada de que me digan que soy agresiva, mi vida transcurre mucho más que un hecho en concreto", remata la joven. Ay, aquel episodio tan duro...

Ana María Aldón y Jorge Javier en montaje de JALEOS.

Y volvemos al enfado de Ana María Aldón en la prueba! Huelga decir que se han vivido minutos de tensión en los que Ana María, con cara de póquer, no ha encajado bien el contratiempo. Yo no he hecho nada, eso es mentira, yo nunca he puesto el pie donde dices. Eso, con cara adusta y, me permiten, más bélica que nunca. Se palpaba la tensión. En Ana María no es propio ver esa faceta, ella tan mamá y conciliadora. Tenía este jueves un mal día. Y el hambre, saben, ha hecho el resto. En otras circunstancias, quién sabe, habría cantado por la mismísima Jurado, pero este jueves no. La pizza que se exponía como premio parecía muy sabrosa... o que directamente, de verdad, Aldón entendían que se había cometido un atropello. 

Total, que ha explotado contra todo y contra todos. De hecho, en un momento dado ha abandonado el duelo a medias y se ha ido a respirar entre los árboles. "No es justo. Revisa lo que quieras, en todo momento no he pisado el tablón. No hay más. No lo he pisado. ¡Que no le he dado con la punta a nada! Yo no lo he pisado. Es injusto. No, no, que no, Jorge. No es justo. Yo no hago trampas ninguna. Y me lo tomo todo al pie de la letra", ha estallado Aldón, brazos en jarras y mirada asesina. "Aquí hemos llegamos", llegaba a asegurar en un momento dado. 

Como que existe Dios, veo que Jorge Javier empalidece. Algo cambia. Cuando el presentador le ofrece, conciliador, ver las imágenes en las que, según él mismo sostiene, se ve la trampa, ella responde: "A mí no me hace falta ninguna imagen, sé perfectamente lo que he hecho. Me está produciendo vergüenza este momento. Yo no he apoyado la puntera en ninguna tapa. Muchas gracias, pero no quiero ver las imágenes. Hasta aquí llegamos. Yo no he pisado la tabla y es así". Ana María le toma el pulso al programa. ¡Señores, la mujer de José Ortega Cano (66) grita, alto y claro, que aquí está ella, que cuidado quien la pise! Sí, la prueba se repite por sus santas partes y se lleva a la boca una deliciosa pizza como recompensa. ¿Llegó a irse de Honduras Isabel Pantoja (66)? 

Expulsado: Nyno

Nominados: Hugo, Jorge, Avilés y Barranco

[Más información: La llamada que trastoca los planes de Ortega Cano: ¡lo que su mujer no le dejó decir en Supervivientes!]