Aymeric Laporte.

Aymeric Laporte. GTRES

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Laporte: "A los 11 años me fui de casa. Mis padres me apoyaron, pero hubiera preferido una infancia más estable"

El futbolista revela la etapa más solitaria de su vida, marcada por el desarraigo y la distancia familiar, que forjó su desconfiado carácter.

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Los focos de la élite del fútbol, los títulos y los grandes traspasos a menudo esconden una historia de sacrificios tempranos que marcan a fuego la personalidad de quienes los viven.

Es el caso de Aymeric Laporte (32 años). El central, pieza clave en el esquema nacional tras obtener la nacionalidad española en mayo de 2021 mediante un procedimiento exprés, ha reconocido en más de una ocasión que su biografía no ha sido del todo fácil.

Bajo el eco de un titular que resume su vida -"A los 11 años me fui de casa y me fui a otro país. Mis padres siempre me han apoyado, pero he tenido momentos de infancia difíciles"-, el futbolista nacido en Agén (Francia) revela que el éxito actual es el resultado de una infancia fragmentada y de una prematura y forzosa madurez.

Su vida en un internado

El periplo de Aymeric Laporte comenzó mucho antes de lo que el gran público imagina.

Con apenas 11 años, el jugador abandonó el hogar familiar para ingresar en el Colegio Didier-Lamoulie, en Miramont-de-Guyenne, combinando los estudios con el balón. Fue el primer paso de un desarraigo que se acentuaría cuatro años después.

"Con 11 años me fui de casa, con 15 cambié de lado, o sea, me fui a otro país. Al final y muy a mi pesar, me he criado solo", confesaba recientemente a ABC.

"Sí es verdad que siempre ha estado mi madre, mi padre. Mis padres han estado siempre ahí para apoyarme en todo, pero sí que es verdad que he estado un poco aislado y he tenido que hacer mi vida por mi cuenta" relataba.

Aymeric Laporte, en un partido de la Selección.

Aymeric Laporte, en un partido de la Selección. GTRES Europa Press

Una adolescencia solitaria

A los 15 años cruzó la frontera para enrolarse en el Athletic Club, entidad a la que regresaría en una segunda etapa profesional.

Su llegada a Bilbao coincidió con un contexto familiar sumamente convulso: sus padres se encontraban en pleno proceso de separación.

Aquellos primeros meses en el País Vasco, sin dominar el idioma y recluido en una habitación modesta con "una cama, un armario y, si tenías suerte, un lavabo", esculpieron una profunda sensación de aislamiento.

En declaraciones a France Football, el defensor admitía el impacto emocional de aquella época: "Cuando escucho que dicen que soy un solitario, hay algo de cierto, no viví mi infancia en el entorno que me hubiera gustado. Y eso ha tenido consecuencias en mi carácter. Hubiera preferido una infancia más estable".

Para Laporte, el contacto familiar era un lujo caro. “Mi padre, mi madre, mi hermana venía a veces, pero como trabajaban y era caro, estaba solo la mayor parte del tiempo”, recordaba con nostalgia.

El fallecimiento de su padre

Pese a la distancia, la figura de sus progenitores fue el motor que impulsó su carrera.

En una entrevista con el diario británico The Guardian, Laporte rememoró cómo su padre, exjugador de la segunda división del rugby francés, alejó a su hijo del óvalo para protegerlo de la dureza física de ese deporte, orientándolo hacia el balompié.

A partir de ahí, el joven Aymeric quemó etapas a una velocidad de vértigo. "Empecé como delantero y luego me convertí en mediocampista titular y ahora soy centro. He hecho todo excepto jugar en portería", bromeaba al recordar sus inicios y su posterior fichaje por el Manchester City de Pep Guardiola.

Un camino donde desafió a las estadísticas más crudas: "Nos dijeron que de mil solo uno de nosotros llegaría a ser jugador profesional. Pero seguí luchando para lograr mi sueño todos los días. Trabajé duro e hice muchos sacrificios y aquí estoy ahora".

El destino, sin embargo, le asestaría un golpe devastador a nivel personal en febrero de 2025 con el prematuro fallecimiento de su padre. Un doloroso duelo que el propio futbolista compartió en sus redes sociales con un mensaje desgarrador.

"Muy pocas palabras para expresar lo que siento por perderte tan temprano, tan joven... Fuiste el pilar de mi éxito con mamá y perderte es lo peor. Te amaré por siempre, papá", escribió entonces.

Aymeric Laporte, con su padre, en una imagen de sus redes sociales.

Aymeric Laporte, con su padre, en una imagen de sus redes sociales. @laporte

La nacionalización exprés de Laporte en 2021 de cara a la Eurocopa levantó ciertas ampollas en su momento. La hemeroteca recordaba con insistencia sus antiguas declaraciones de afecto hacia la selección de Francia, combinada con la que llegó a ir convocado a nivel absoluto pero con la que nunca llegó a debutar.

Hoy, el debate parece enterrado en el césped. En la antesala del trascendental choque de semifinales de la Copa del Mundo entre Francia y España, Laporte se mostró tajante sobre sus sentimientos actuales.

"Ahora mismo no siento nada especial. Al principio sí que por mi familia y demás, que siempre ha apoyado a Francia, los sentimientos siempre estaban ahí, pero ahora mismo nada", zanjó.

Esa misma coraza que exhibe ante los delanteros rivales es el escudo que la vida le obligó a forjar desde niño.

Una madurez solitaria que él mismo resume con una madura resignación: "La vida me hizo desconfiado. La vida, la vida en sí me ha hecho ser como soy. La verdad es que no me voy a quejar, pero bueno, he tenido mis momentos también de infancia un poco más difícil que otra. Tengo muchas vivencias que me han llevado a ser así", ha sentenciado, en alusión a su fortaleza silenciosa.