Rafael Amargo.

Rafael Amargo. GTRES.

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Rafael Amargo, 51 años: "Tras pasar por la cárcel, mis padres me han tenido que mantener. Ahora estudio Psicología"

El bailaor regresa a los escenarios tras seis años sin bailar, y anuncia el giro radical que piensa dar a su futuro profesional: "No me quiero morir bailando".

Más información: Rafael Amargo rompe su silencio tras seis días ingresado en el hospital y manifiesta su enfado por el trato recibido

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Rafael Amargo (51 años) está de vuelta, pero ya no es el mismo. Tras el calvario judicial que comenzó con su detención por un presunto delito de tráfico de drogas en diciembre de 2020 -por el que pasó varios meses en prisión antes de ser plenamente absuelto en 2024 por la Audiencia Provincial-, el artista granadino rompe su silencio.

Amargo se ha sincerado sobre el impacto económico y psicológico que ha supuesto este proceso, revelando una cruda realidad financiera: ha necesitado el apoyo económico de sus padres durante sus vaivenes con la justicia.

"Menos mal que tengo a mi padre y a mi madre, que nos han mantenido, nos han ayudado, porque mi padre y mi madre también han estado enfermos con todo esto", ha confesado en la presentación de su nuevo espectáculo Alá! Iré, que podrá verse los días 27, 28 y 29 de julio en el Teatro Calderón de Madrid.

Rafael Amargo, el pasado 23 de junio, en la presentación de su nuevo espectáculo, 'Alá. Iré'.

Rafael Amargo, el pasado 23 de junio, en la presentación de su nuevo espectáculo, 'Alá. Iré'. GTRES

"Estoy en la Universidad de La Rioja"

En la actualidad, el granadino compagina su reaparición sobre las tablas con las aulas universitarias. Se ha refugiado en una nueva vocación con la que pretende reinventarse cuando el cuerpo ya no resista la presión de un escenario.

Consciente de que el baile no dura para siempre, mira con ilusión el futuro. En estos momentos se encuentra terminando el grado de Psicología en una universidad del Norte de España que califica de excelente.

"Estoy pensando en acabar mi carrera de Psicología, que me encanta. Este cuatrimestre las asignaturas que tenía las he aprobado todas por evaluación continua", ha desvelado con orgullo.

"Ahora los exámenes son para nota, pero ya he aprobado. Cuando eres joven no estudias. Y con 50 años uno estudia de verdad, con ilusión. Quieres hacerlo bien. No me quiero morir bailando", añade.

El bailaor está convencido de que, a su edad, debe "reciclarse" profesionalmente de cara a su futuro. Por eso, no ha dudado en inscribirse en una universidad pública: "Estoy en la Universidad de La Rioja, que es maravillosa y me encanta la carrera".

Rafael Amargo, en una imagen de archivo.

Rafael Amargo, en una imagen de archivo.

Quiere especializarse en "la psicología del artista"

Su idea es poder "ayudar a las personas" una vez que cuelgue los hábitos como bailarín. Personas que, al igual que él, se dediquen a las artes escénicas y que atraviesen problemas emocionales.

Su meta a largo plazo es clara: quiere dedicarse a la "psicología del artista". Amargo planea enfocar su carrera en tratar patologías específicas del gremio, como los trastornos de conducta alimentaria en modelos o las crisis de salud mental que sufren músicos y bailarines.

Incluso pone ejemplos: "Una modelo o un cantante que tiene bulimia".

"Es una psicología muy dedicada a cada paciente", subraya. Él, conocedor de las luces y las sombras de su profesión sabe que las "cabecitas" de los artistas tienen sus altibajos.

Su regreso al arte se materializa en el mismo teatro donde comenzó su trayectoria. Allí presentará un espectáculo que fusiona danza urbana, contemporánea y el flamenco más puro.

Sin embargo, este regreso tras seis años sin bailar está teñido de cierta amargura. Porque, según él, ha sido víctima de una "cancelación profesional" orquestada por las altas esferas.

Rafael Amargo, con su pareja, Luciana Bongianino.

Rafael Amargo, con su pareja, Luciana Bongianino. GTRES

"Ya no soy quien era", lamenta. "Ahora estoy prudente, estoy cauto, y en vez de brillar ya lo que quiero es bailar, y brillar a este precio hubiera preferido no brillar".

"Tengo miedo porque esto ya me ha pasado... No sabemos si la gente va a querer venir o no. Yo creo que sí, porque la gente quiere ver arte", expresa.

El bailaor lamenta la falta de apoyo institucional tras demostrarse su inocencia: "La pena es que, después de haber ganado todo esto, nadie tenga la humanidad de ayudarte. ¿Ahora qué pasa conmigo? ¿Lo dejan así? Por lo menos echar una mano a alguien que lleva el nombre de este país por bandera".

A lo largo de su particular via crucis, el otro gran sostén en su vida, además de sus padres, ha sido su pareja, Luciana.

"Ella lo ha dejado todo por mí. Luciana ha estado conmigo y 24 horas porque el que está en una cárcel lo pasa mal, pero el que está afuera, peor. Porque tienes que estar pendiente de llevar, de ir, de estar. Los nervios", ha explicado.

"Ha demostrado ser una gran mujer. Creo que ahora se merece también recuperar su carrera como actriz, que la había dejado abandonada por estar a mi lado".

"Pasado pisado": un giro al optimismo

Pese al dolor acumulado, Rafael Amargo ha optado por transmitir un mensaje de optimismo. "He dicho no. No voy a contar más penas. No es necesario. Ya ha terminado. He salido ganando", ha destacado con rotundidad.

Y zanja: "La versión que hago ahora es luz, alegría, renacimiento. Pasado pisado Y venga, a bailar. Cuando uno era joven quería brillar, ser conocido. Ahora, si volviera para atrás, no sé si lo quisiera. Ahora estoy cauto. En vez de brillar, lo que quiero es bailar. Y brillar a este precio... hubiera preferido no brillar".