Los dos primeros capítulos de la serie documental de Rocío Carrasco (43 años), Rocío: contar la verdad para seguir viva, ha removido las entrañas de todo un país. El programa de televisión más visto del año -en algún momento fue sintonizado por 9,6 millones de personas- estuvo protagonizado por la única hija biológica de Rocío Jurado, quien rompía su silencio en una entrevista demoledora tras más de 20 años en la sombra. 

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Las reacciones en torno a sus palabras no se han quedado en el ámbito de la prensa del corazón. El mundo de la política se ha pronunciado respecto a Rocío Carrasco y, desde la ministra de Igualdad, Irene Montero (33), hasta la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra (41), han hablado de la hija de La más grande como una "mujer maltratada".

La impactante imagen no les dejaba lugar a la duda. Rocío Carrasco aparecía como una mujer herida, devastada, rota, entre lágrimas. Como una madre a la que le habían "arrancado" a sus hijos y a la que la justicia, en el ámbito concreto de los malos tratos psíquicos continuados por los que denunció a su exmarido, no le había dado -hasta ahora- la razón.

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En esta cruenta guerra, en la que Carrasco se reafirma como la víctima y en la que señala a Antonio David Flores como su "verdugo", la imagen del colaborador ha quedado absolutamente destruida. El retrato que desde el docu-reality se hizo del malagueño, y a continuación se apuntaló desde el plató con la voz de colaboradores expertos, fue nefasto. Precisamente con ese adjetivo empezó todo. "Nefasto" fue la palabra con la que Rocío Jurado se refirió a su exyerno en la primera entrevista en la se abordó la separación de su hija. Fue en el año 2002 en el programa de Mirtha Legrand (94) en Argentina. Han pasado casi dos décadas.

Y es quizá "nefasto" el calificativo más suave que Flores ha recibido en las últimas horas. En horario de máxima audiencia y desde la misma empresa que lo tiene contratado, a Antonio David Flores lo han acusado de ser "infiel" a sus dos esposas, Rocío Carrasco y Olga Moreno (45), "egocéntrico", "manipulador", un "ser diabólico", un "monstruo", según la tertuliana Belén Rodríguez (53), un corrupto en los tiempos en los que desempeñaba sus funciones como Guardia Civil y el peor de todos los agravios: un "maltratador físico y psicológico".

Antonio David está "condenado". Así lo ha afirmado María Patiño (49), compañera de Flores en Sálvame, en sus redes sociales. Pero esta condena no es más que una pena social y pública. En el plano judicial, Flores quedó impune de todos los delitos de los que le acusaba su exmujer y de los que le volvió a señalar este domingo en prime time.

Antonio David Flores a la salida de los juzgados.

En marzo de 2017, tras una macroquerella interpuesta por Carrasco, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer Número 1 de Alcobendas encontraba "indicios de criminalidad" en las actuaciones del Antonio David. A continuación, el juzgado acordaba el sobreseimiento provisional de las actuaciones contra él al no quedar acreditada la existencia de lesiones. Con el derecho a su favor, Carrasco recurrió ante la Audiencia Provincial de Madrid y, en noviembre de 2018, tras más de dos años de pugna jurídica, los jueces archivaban la acusación de maltrato psicológico continuado.

Rocío Carrasco presentó un recurso de queja ante el Tribunal Supremo -apelación que fue desestimada- pero sí que se abrió la puerta a que se reanudara el proceso "ante la aparición de nuevos indicios o pruebas". Antonio David no fue juzgado, y por ende, tampoco condenado.

La hija de La más grande continuará luchando por que el caso se reabra, con nuevas pruebas y fortalecida, con gran parte de la audiencia de su lado, tras la catarsis televisiva y la sentencia de muerte pública al padre de sus dos hijos: el hombre cuyo nombre jamás menciona. 

[Más información: "Me dijo 'te voy a quitar a tus hijos'", "Me pegó un tirón y di con la cabeza en la mesa": Rocío Carrasco, en titulares]