Han pasado ya 60 días desde aquella fatídica fecha del 13 de mayo en la que el único hijo de Ana Obregón (65 años) y Alessandro Lequio (59) dijo adiós para siempre. Al menos en lo que a lo físico respecta, porque tal y como expresó su madre tras el funeral: "No ha sido una despedida, Álex permanecerá siempre con nosotros". Y de alguna forma así está siendo. Está muy presente tanto en la vida de sus padres como en la de su novia, Carolina Monje Vicario, porque están saliendo adelante y llevando su duelo como él hubiera querido.

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Si Álex ha dejado alguna herencia o legado entre los suyos -y entre el resto de españoles que le conocieron- es la importancia de vivir con optimismo. Ver la parte positiva de las cosas, sacar fuerzas de cada detalle que aporte ilusión y luchar con una sonrisa en los labios. Para esto último aún es muy pronto para quienes estaban a su lado cuando todo acabó, pero el ejemplo de vitalidad del joven está sirviendo de ejemplo para Ana, Alessandro y Carolina a la hora de hacer frente a su dolor dos meses después de su muerte.

Ya no quedan reuniones, citas ni misas por celebrar -al menos no oficialmente- para homenajear a Álex. El calendario pasa día a día y hoja a hoja y ese niño que mordía micrófonos y se convirtió en un emprendedor exitoso no va a volver, pero está más presente que nunca en cada una de las personas que le quisieron. Así lo expresaron los amigos y compañeros de universidad del joven en su último adiós: "Tenías miedo de que te olvidáramos y créeme que eso es imposible. Porque cada vez que nosotros, tus amigos, nos vemos, te vemos; cada vez que reímos, te reímos; cada vez que callamos, te pensamos, y cada vez que brindamos, lo hacemos por ti".

Ana Obregón y Carolina Monje, muy unidas en el funeral de Álex Lequio. Gtres

En esa forma de tomarse la vida es donde siempre quedará patente la herencia de Álex. Él, con solo 23 años ya creó su primera empresa. Su negocio, sus trabajadores y sus clientes eran su gran pasión y se involucró al máximo incluso en los peores días de su tratamiento y así fue hasta el final. No ponía excusas, sino todo lo contrario, y ese es el ejemplo que siguen hoy su padre y su novia, ambos inmersos en su trabajo; por una parte, para llenar su mente con otras tareas que no sean recordarle, y por otra, para homenajearle, porque él sería el primero que nunca hubiera bajado la guardia en su puesto de trabajo por nada del mundo.

Alessandro Lequio acude a El programa de Ana Rosa, reconvertido en El programa del verano debido a las vacaciones de su presentadora, siempre que la dirección así lo estipula. Continúa mostrando cada mañana su humor ácido y ese sarcasmo tan suyo cuando comenta alguna noticia del corazón desde ese sofá rosa. Eso es justo lo que querría Álex. Que su padre siga con su vida y que no pierda ese carisma que ambos tenían en común.

Carolina, por su parte, también vive estas semanas por y para su trabajo. Como fundadora y diseñadora de la firma Carola Monje, la joven lleva un mes activa con su proyecto personal, tras unos primeros 20 días de duelo silencioso y sin ejercer ninguna actividad laboral tras la muerte de su novio. También se ha dejado ver por las calles de Barcelona, su ciudad natal, haciendo gestiones e intentando llevar una vida normal y discreta. Su marca está en plena campaña de verano y el trabajo es frenético, y ella supervisa desde la creación de las piezas, la comunicación en las redes hasta la atención al cliente, por lo que su implicación es absoluta. Este aspecto de exigencia profesional era algo que compartía con su novio.

Y es que Álex era un gladiador, ya lo decía Ana Obregón. De hecho, en su funeral sonó la banda sonora de la película que lleva ese nombre, porque era su film favorito. Pero para su familia y amigos, Gladiator no está protagonizada por Russell Crowe sino por su guerrero más heroico, Álex Lequio García.

Y junto al valiente luchador siempre permaneció una madre coraje, esa misma mujer que lleva dos meses llorando al hombre más importante de su vida, pero que incluso en los instantes más dolorosos, como fue el funeral, fue capaz de demostrar ante todos su generosidad y agradecimiento sin tener por qué hacerlo. Ese aspecto de humildad es el que heredó Álex de ella y hoy ella debe hacer suyo el legado de Álex y sonreír poco a poco a la vida. Su familia lo sabe, y por eso han volado a Mallorca, como cada año, para que este verano no sea diferente, no sea triste, porque Álex sigue con ellos, pero de otra forma.

Ana Obregón, en las calles de Palma de Mallorca. Gtres

El gesto de Ana aún es cabizbajo y su mirada está triste, pero está honrando a su hijo de la mejor manera posible: sin dejar a la familia, sin aislarse e intentando disfrutar de la isla balear en la que tantas cosas vivió junto a su "grandullón". Seguro que Álex allá donde esté está sonriendo, porque los suyos están haciendo uso de la mejor herencia que les podía dejar: su lucha y su optimismo a pesar de la adversidad.

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