Salvador Sobral (27 años) escuchó por boca de los médicos que necesitaba urgentemente un trasplante de corazón y que de no encontrarlo en el plazo de un año podría morir. Han pasado siete meses y aún no ha aparecido ningún donante compatible con el órgano vital del cantante portugués, por lo que su estado de salud se ha visto claramente afectado y su esperanza de recuperarse está en sus horas más bajas.

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"No es un secreto para nadie que mi salud es frágil. Tengo un problema y debo retirarme de los escenarios y de la música en general. Seguramente, el problema que dará resuelto. Pero no sé cuándo. Volveré pronto". Con esas palabras ha sido cómo Salvador ha querido anunciar su parón profesional, que espera retomar en una temporada aunque los doctores le expusieran el pasado invierno que su estado pasaba por un momento crítico que aumenta por cada día que no llega el ansiado trasplante.

Su talento quedó reflejado ante decenas de millones de espectadores que en el mes de mayo no se perdieron el Festival de Eurovisión. En ese escenario Sobral mostró su infinita sensibilidad, no solo en su sutil voz con toque jazz-pop sino también en su interpretación gestual. Su frágil aspecto completaba el mensaje de su canción que unido a su atuendo varias tallas más grande de lo que necesitaba lo convertían en un ser aún más menudo y tierno.

[Más información: El drama de Salvador Sobral, el portugués que cantará a la espera de un trasplante]

Bajo sus enormes ropas esconde aparatos que le ayudan a estar lo más erguido posible, ya que le operaron de dos hernias en un breve espacio de tiempo, una inguinal y otra en el ombligo. Es por ello que sus movimientos son muy lentos, pero, sin duda, su mayor calvario es debido a su insuficiencia cardíaca, que no le permite hacer grandes esfuerzos, y su pasado en el mundo de las drogas, que le dejaron secuelas irreversibles en su actividad motora.

Salvador Sobral junto a su hermana, Luisa. Redes sociales

El cantante se despedirá de los escenarios el próximo viernes, 8 de septiembre, en el Festival Internacional de Cascaes, en su país natal. Junto a él, como siempre, estará su hermana, Luisa, compositora de la canción premiada en Eurovisión, y su inseparable apoyo en su difícil recorrido con la enfermedad.

Fue a ella a quien consultó directamente qué hacer con su agenda repleta de conciertos cuando los médicos le aconsejaron dejar de trabajar hasta encontrar una solución que estabilice su estado de salud. Luisa prefirió seguir las indicaciones médicas y hacer efectiva la cancelación de las citas musicales de su hermano.

Salvador, a pesar de su complicado diagnóstico, no pierde la esperanza de volver a pisar los escenarios lo antes posible. Su fragilidad y sus melodías le hicieron alzarse con el triunfo en Eurovisión y ganarse el cariño de aquellos que fueron testigos de su interpretación, pero dentro de esa externa debilidad necesita un corazón fuerte que le permita seguir cantando al mundo.