Moda

En otoño, saca tu lencería

Hazlo literalmente, deja que se vea, de forma sutil a través de tu camisa o en todo su esplendor a modo de top, pero deja que salga a la luz, que para eso esta prenda ha sufrido dos guerras y el puritanismo victoriano.

Hace ya tiempo que estamos viendo que los sujetadores comienzan a asomar entre las prendas exteriores. Parte de este éxito, el más acutal, se lo debemos a los ya famosos bralettes, otra parte a modelos como Kendall Jenner o Hailey Baldwin que no dudan en desproveerse de la prenda exterior para lucir el sujetador como única prenda y una tercera a un pasado lencero en el que suena fuerte el nombre de Coco Chanel (cómo no).

El caso es que este otoño, mejor de taparnos hasta las cejas, dejamos que el punto, la lana, la franela o lo que se a que vayas a llevar, se abra un poco (o un mucho) para mostrar encantos antaño impudorosos.

Pero ojo, quedarnos solo en estos datos es arañar levemente la superficie, antes de empezar a enseñarla ya hubo una revolución lencera. Y es que la historia de la lencería no es la historia de una prenda en sí, es la historia de la humanidad, y vamos a contártela muy brevemente antes de poner las miras en la industria y en cómo la llevaremos este otoño.

La lencería que cambió la historia (y viceversa)

Hemos dicho que sería breve, así que no nos remontaremos a las cavernas, no hace falta. Empezaremos en el siglo XVIII, cuando la ropa interior respondía a cuestiones de higiene y a una moral cristiana obsesionada con el tabú de los genitales y el cuerpo femenino, la lascivia y la impureza iban ligados a esas zonas del cuerpo y había que taparlas como fuera. Un siglo después, aparecían los pololos (unos terribles pantalones que había que llevar bajo telas y telas de falda).

Y en esa misma época, las cárceles victorianas con forma de corsé aplastaban las costillas de las mujeres hasta el desmayo. Sí, la reina Victoria trajo cambios sociales significativos para la mujer (derechos, divorcio, sufragio…) pero la estética era la de la cintura de avispa, aunque costara la respiración.

Pero ay, el imperio cayó, la reina Victoria quedó desplazada y ya se avistaba el fin de los alambres cercando el cuerpo femenino. Al tiempo llegaría la Primera Gran Guerra, luego la Segunda y con ellas las mujeres de alta y de baja cuna empezaron a salir a trabajar, demasiadas bajas en el frente y grandes revueltas por los derechos femeninos. El corsé no era apropiado, ni siquiera resultaba ya tan femenino. Las prendas interiores se relajaban para dejar a la mujer disfrutar de sus aún escasos derechos y luchar por los que quedaban por conquistar.

Mary Phelps inventó en 1914 por casualidad el sujetador cuando un par de alambres de su corsé afearon su vestido y los cubrió con tela. Y Coco Chanel despojó a los hombres del monopolio de esa tela tan cómoda y apropiada para las partes pudendas y se la pone a la mujer en la colección del verano de 1916.

Y la lencería salió a la calle

Tiempo después de aquella colección de Coco, el diseñador francés Jacques Fath volvía a coger los corsés (cierto paso atrás) para sacarlos a desfilar a la vista (paso adelante) entre sus vestidos de alta costura.

Pero si en ese temprano siglo XX la revolucionaria por excelencia fue Chanel, en la segunda mitad era Vivienne Westwood (como en tantas otras cosas). La diseñadora abanderada del estilo punk, la liberación de los cánones y el “haz lo que te dé la gana y viste como quieras”, por decirlo llanamente, montó SEX, una tienda de moda en la londinense calle King’s Road provocadora e irreverente como Vivienne y su pareja, Malcolm McLaren.

Pin-ups y Teddy Boys peregrinaban a esta tienda para estar a la última. Allí sacaron a la venta combinaciones lenceras y medias que querían salir sin taparse a la calle. Y no solo, eso, también uniformes que vestían la intimidad de las tendencias sexuales extremas se ponían a la venta para caminar por Londres. Cosa que les costó varias visitas a la comisaría.

Esto sucedía en los 70, en los 80 fue la Madonna con su querido Jean Paul Gaultier quien hizo del corsé el nuevo fetiche llevándolo sobre medias rotas o pantalones de raya diplomacia en sus conciertos. Y en los 90 fue Dolce & Gabbana quien los puso a desfilar. Tendencia que ha recuperado en su desfile Primavera-Verano 2018 de Milán, con una parte casi íntegramente en ropa interior.

La tendencia ahora

La tendencia a pie de calle para este otoño dice que insinúes la ropa interior en un botón abierto y desenfadado de tu camisa, con una breve puntilla por el escote de tu jersey de pico, a través de tejidos transparentes o, directamente, bajo tu americana como le gusta a Victoria Beckham.

Gigi Hadid y Kendall Jenner lo llevan haciendo desde que saltaron a la fama, de una forma prudente (si es que pueden serlo) o con absoluta y maravillosa indiscreción.