Jessie Buckley, en un photocall en Los Ángeles, el pasado mes de enero. Gtres
Jessie Buckley, la estrella de los Oscar cuando el foco se apaga: del trastorno alimenticio y la depresión a su sólida familia
Este domingo, 15 de marzo, la gala del cine, celebrada en el Dolby Theatre de Los Ángeles, tiene a la artista como favorita a Mejor Actriz Protagonista.
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En la madrugada de este lunes, 16 de marzo, se celebra la edición número 98 de los premios Oscar, en el ya emblemático Dolby Theatre, en Ovation Hollywood, en Los Ángeles. Qué duda cabe de que es una de las noches más emocionantes del cine.
Los nervios, pues, están a flor de piel entre los nominados en las 24 categorías principales. Las apuestas llevan semanas sonando con fuerza: quién se llevará la estatuilla. Hay un nombre, por encima de los demás, que no para de ser susurrado como favorito: Jessie Buckley (36 años).
La actriz está nominada a Mejor Actriz Protagonista por Hamnet, una de las claras favoritas y que más premios se está llevando. Buckley está en el centro, en la diana: todo indica que será la gran protagonista de la noche. Pero, ¿quién y, sobre todo, cómo es Jessie lejos del foco?
Buckley no ha tenido una vida personal fácil. Antes al contrario: ha estado marcada por pasajes duros, como un trastorno alimenticio y una depresión en su adolescencia. Todo ello, afortunadamente, quedó superado y hoy es feliz y ha sabido construir una vida familiar sólida.
Jessie Buckley, en Los Ángeles, hace unas semanas. Gtres
Volviendo al plano profesional, salvo giro dramático de última hora, todo apunta a que este 15 de marzo el nombre de Jessie quedará grabado para siempre en el palmarés de la Academia.
El trayecto de Buckley hasta esta alfombra roja ha sido mucho más que una buena racha. Ha sido una demostración de fuerza, de tesón y esfuerzo.
Su victoria en los Globos de Oro a mejor actriz en drama y en los BAFTA británicos fue el primer aviso serio de que Hamnet no era simplemente otra buena interpretación, sino un trabajo llamado a marcar época.
Pocas veces un favorito llega a los Óscar habiendo encadenado este póquer de reconocimientos -Globos, BAFTA, crítica y sindicato- y, cuando ha ocurrido, las quinielas apenas han fallado.
Los mercados de predicción llevan días dando por prácticamente cerrada la carrera: algunas casas calculan hasta un 95‑97% de probabilidad de que Buckley se imponga. Que Buckley llegue encumbrada no significa que haya tenido el camino despejado. Su nombre se mide este año a pesos pesados.
Emma Stone (37), ya doble ganadora del Óscar, regresa con Bugonia; Rose Byrne (46) firma el gran papel de Si tuviera piernas te patearía; Renate Reinsve (38) vuelve a deslumbrar en Valor sentimental; y Kate Hudson (46) busca su gran redención interpretativa con Song Sung Blue.
Jessie Buckley, en Londres, durante la promoción de una película. Gtres
Sin quitar mérito a ninguna de estas interpretaciones, el despliegue emocional de Buckley interpretando a Agnes Shakespeare ha ido ganando terreno hasta borrar casi cualquier duda.
Bajo la dirección de la oscarizada Chloé Zhao (43), la película adapta la novela de Maggie O’Farrell para reescribir el mito Shakespeare desde un ángulo inédito: el de su esposa, Agnes, a quien la historia oficial relegó a un papel casi decorativo.
Buckley se sumerge en ese vacío historiográfico para construir un personaje complejo: madre, esposa, amante, ancla emocional y, finalmente, epicentro de un duelo que lo impregna todo.
La cinta se adentra en la pérdida del único hijo varón del dramaturgo, Hamnet, y en cómo ese golpe emocional transforma para siempre la vida de la pareja.
Críticos como Peter Bradshaw, de The Guardian, han descrito el trabajo de Buckley como una actuación "hipnótica", capaz de "beguile and captivate" (cautivar y hechizar) al espectador con cada gesto, cada mirada, cada silencio.
Otros, como Angie Han en The Hollywood Reporter, subrayan que ella es "el corazón emocional" de la película, llevando a Agnes desde la ligereza de una joven libre hasta la fragilidad devastada de una madre en duelo sin perder nunca la verdad del personaje.
En otro tercio, la noche de los Oscar no será la primera cita de Buckley con la Academia. En 2022 ya estuvo nominada como mejor actriz de reparto por La hija oscura, el debut en la dirección de Maggie Gyllenhaal, donde compartía personaje con Olivia Colman (52).
Aquella nominación fue la señal de que Hollywood había tomado nota de una intérprete que venía del teatro y la televisión británica.
Pero, como decíamos unas líneas más arriba, detrás de toda actriz, hay una vida personal, familiar. A veces, dura. Jessie no es ninguna excepción a la regla.
"Tuve un trastorno alimentario, y llevó tiempo, y requirió mucha ayuda, y también fue depresión", explicó a la presentadora Lauren Laverne, sin especificar el diagnóstico médico concreto.
Contó que empezó a ir a terapia entonces y que, durante años, no sabía "cómo estar viva de la manera en que quería estarlo".
"Fue difícil, pero ni por un segundo me arrepiento; creo que he sido capaz de transformarlo y de reconocer nuestras vulnerabilidades como seres humanos en el mundo".
La actriz recordó también el golpe que supusieron las críticas a su físico cuando, con solo 17 años, participó en el concurso de talentos de la BBC I’d Do Anything, que buscaba una Nancy para el musical Oliver!
Jessie Buckley.
Gtres
Aquellas opiniones, centradas en su apariencia en lugar de en su voz o su interpretación, contribuyeron a alimentar una inseguridad que la acompañaría durante su salto a Londres y sus primeros pasos profesionales.
"Hubo momentos en los que pensé que, si no mejoraba, no iba a poder seguir haciendo música, ni teatro, y probablemente no sobreviviría", confesó. Su tabla de salvación, dice, fueron precisamente la música y la escena.
"La música y el teatro son esenciales para mi supervivencia", resumió. Hoy, nominada también a los premios Mercury por su faceta como cantante, conserva esa idea de la interpretación: ha llegado a describir el acto de actuar como "beber agua", una necesidad básica más que un mero oficio.
Orgullo de la chica que fue
Si algo llamaba la atención en esa conversación con la BBC era el tono: lejos del discurso de víctima, Buckley hablaba de aquellos años con una mezcla de dureza y gratitud. "Estoy muy orgullosa de esa chica", dijo al recordar su yo adolescente.
"Creo que lo hizo muy bien y no me arrepiento de nada", agregó. En el mismo programa, se emocionó al hablar de su madre, Marina, a la que definió como "extraordinaria" y a la que rindió homenaje eligiendo un villancico cantado por ella como una de sus canciones de isla desierta.
"Mis padres ya no están juntos y ella vive en Dublín, escribiendo ahora su propia historia con 60 años. Estoy muy orgullosa de ella", añadió.
Esa red afectiva -la familia, los amigos, la comunidad artística- es clave para la estabilidad emocional de Jessie. Y en el plano de la familia, parece obligado hablar de su marido y su hija: sus auténticos asideros.
Su marido, conocido públicamente solo como Freddie, es un trabajador del ámbito de la salud mental al que conoció en una cita a ciegas y con quien se casó en 2023 en su casa de campo de Norfolk.
El matrimonio, que reparte su día a día entre Londres y esa antigua casa señorial, dio la bienvenida en 2025 a una niña cuyo nombre no ha trascendido, una bebé de la que Buckley habla como una "fuerza vital" que le está descubriendo una maternidad intensa pero "maravillosa".