Susan Sarandon en un acto público. Gtres
El lado desconocido de Susan Sarandon: no quería ser actriz, es apasionada del ping-pong y tiene su Oscar en el baño
La actriz recibirá el Goya Internacional 2026 en Barcelona. Estos son los capítulos menos conocidos de una vida que siempre ha ido a contracorriente.
Más información: Susan Sarandon recibirá el Goya Internacional 2026
Este sábado, 28 de febrero, Susan Sarandon (79 años) recibirá el Goya Internacional en los Premios Goya 2026, que este año se celebran en Barcelona. La Academia reconoce así una trayectoria sólida, comprometida y repleta de personajes inolvidables que han marcado la historia del cine contemporáneo.
Sin embargo, más allá de los focos, las alfombras rojas y los discursos reivindicativos, existe un lado menos conocido de la actriz que ayuda a entender mejor su personalidad libre, inconformista y profundamente humana.
Porque antes de convertirse en uno de los rostros más respetados de Hollywood, Sarandon fue, ante todo, una niña soñadora. Cuando le preguntaban qué quería ser de mayor, no respondía actriz, médica ni profesora.
Su deseo era mucho más poético y excéntrico: quería ser "una ola en el océano". Ella misma ha relatado esta anécdota en más de una ocasión como reflejo de su carácter poco convencional y de una imaginación que nunca ha dejado de cultivar.
Susan Sarandon en un acto público. Gtres
Tampoco su relación con el éxito responde a los códigos habituales de la industria. Su Oscar por Dead Man Walking, película que le valió la estatuilla dorada, no preside el salón de su casa ni ocupa un lugar de honor en una vitrina.
Lo tiene colocado en el baño. Sí, en el baño. La razón es sencilla: le incomoda exhibir el premio y prefiere restarle importancia.
Antes de alcanzar ese reconocimiento internacional, su vida estuvo lejos del glamour. Para pagarse los estudios y salir adelante, trabajó cortando el pelo, como camarera, operadora de call center e incluso limpiando casas.
Profesiones que le dieron una ética diferente a la hora de trabajar y, sobre todo, una conciencia social que sigue presente en el discurso público que ella misma manifiesta.
A diferencia de muchas estrellas, Sarandon tampoco ha abrazado el estilo de vida clásico de Los Ángeles.
Ha pasado gran parte de su carrera instalada en la Costa Este de Estados Unidos y ha reconocido en diversas entrevistas que evita el ambiente hollywoodiense porque lo percibe excesivamente centrado en el negocio.
Susan Sarandon en un acto público. Gtres
Esa conexión con la calle es literal. La actriz ha contado que suele dar dinero a personas que piden ayuda en la vía pública. Un gesto coherente con su perfil de intérprete politizada y activista, pero también con una sensibilidad cotidiana que no siempre trasciende los titulares.
En el plano más inesperado, pocos saben que es una apasionada del ping-pong (como Timothée Chalamet en su última película). No se trata de una afición superficial: llegó a cofundar la cadena de bares de tenis de mesa SPiN y es copropietaria de locales en Nueva York y Toronto.
Y en lo sentimental, más allá de sus relaciones más mediáticas, tras su matrimonio vivió una intensa historia con el director Louis Malle. También mantuvo romances con David Bowie y, brevemente, con Sean Penn, capítulos que las generaciones más jóvenes apenas asocian con ella.
Este Goya Internacional no solo premia a la actriz icónica, sino también a esa mujer que soñaba con ser una ola y que, a su manera, ha aprendido a moverse con libertad en medio del océano de la fama.