Los príncipes Alberto y Charlène de Mónaco, en el Baile de la Cruz Roja, el pasado sábado, 18 de julio.

Los príncipes Alberto y Charlène de Mónaco, en el Baile de la Cruz Roja, el pasado sábado, 18 de julio. GTRES

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Frialdad en Mónaco: la 'química cero' entre Alberto y Charlène en el Baile de la Cruz Roja opaca la gala y enciende las redes

El descafeinado baile del matrimonio al ritmo de Barry White en la Salle des Étoiles ha encendido las alarmas sobre su nula complicidad.

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Un año más, el Principado de Mónaco se ha puesto de gala con motivo de la celebración del Baile de la Cruz Roja. Una cita benéfica que se celebra cada mes de julio en la emblemática Salle des Étoiles de Montecarlo, una de las salas de espectáculos y eventos más legendarias y glamourosas de Europa.

Ubicado en el corazón del complejo Sporting Monte-Carlo, y con vistas al Mediterráneo, este lugar ha sido el espacio en el que, como marca la tradición, el príncipe Alberto II (68 años) y la princesa Charlène (48) han ejercido de anfitriones.

Como se sabe, ambos son presidente y vicepresidenta, respectivamente, de la institución, estrechamente ligada a los Grimaldi desde su fundación en 1948. Así, pues, la jornada exigía el recato y la elegancia que se esperaba de ellos.

Escasa cercanía

En ese sentido, han cumplido sobradamente las expectativas. Alberto lucía esmoquin blanco con pajarita roja, un guiño quizás a la institución a cuyo beneficio estaba destinada la recaudación del evento.

Charlène, por su parte, llevó un espectacular vestido dorado de escote asimétrico y falda larga, un diseño que realzaba la silueta con elegancia y discreción.

El principal atractivo de su atuendo residía en el elaborado juego de drapeados, que nacían en el cuello halter, cruzaban el torso en diagonal y convergían en la cintura formando un sutil efecto nudo que afinaba visualmente la silueta. Desde ese punto, la falda caía con fluidez hasta el suelo, aportando movimiento.

Hasta ahí, la estampa del matrimonio parecía idílica. A simple vista, y tirando únicamente de las fotos, parecían dos figuras prácticamente perfectas, con sus vestimentas de lujo y sus sonrisas amables. Inmaculados. Impolutos. Guapísimos. Y elegantes.

Alberto de Mónaco y su mujer, la princesa Charlène, en el Baile de la Cruz Roja, este sábado, 18 de julio.

Alberto de Mónaco y su mujer, la princesa Charlène, en el Baile de la Cruz Roja, este sábado, 18 de julio. GTRES

Sin embargo, las imágenes posteriores de la velada, los vídeos que los mostraban en pleno movimiento, han puesto sobre el tapete una realidad bastante diferente: la evidente falta de química entre ellos.

Los vídeos que han circulado en las redes sociales de distintos medios franceses de referencia, como Gala o Point de Vue, muestran de manera muy representativa la escasa cercanía de la pareja.

En dichos vídeos se aprecia cómo Charlène camina manteniendo una marcada distancia de su marido. O cómo, a la hora de inaugurar el baile, el contacto físico entre ellos era el mínimo e imprescindible.

Un baile descafeinado

Al dar paso a la danza en la pista de baile, en el salón sonaba de fondo I've Got So Much to Give, una de las baladas más míticas de Barry White. Una melodía sensual y cálida donde las haya.

Pues bien: ni siquiera esta canción vibrante (que ayudó a convertir al estadounidense en un icono de la música romántica, el soul y la música disco) fue capaz de hacer mover, mínimamente, las caderas, ni tampoco los pies, de los príncipes.

Apenas se tocaban. Apenas se miraban a los ojos. Y, huelga decir, el diablo está en los detalles. Y miles de usuarios de las redes sociales no han tardado en percatarse de la química cero entre Alberto y su mujer.

Bien es cierto que en un evento de estas características no resulta tarea fácil mostrarse espontáneo, ni tampoco especialmente ducho con los movimientos de baile si no se es experto en la materia.

Lo llamativo en el caso de Charlène y Alberto es que no parecían en absoluto confortables ante la idea de tener que acercar sus cuerpos el uno al otro. Y, como suele suceder en estos casos, los comentarios sobre su falta de feeling han circulado como la pólvora en las redes.

"Menuda tristeza estos dos", "Extraña la forma en que bailan", "No hay emoción", "¿Bailan o se mueren?", "Solo les falta quedarse dormidos" o "En mi opinión están juntos para ceremonias pero no viven juntos" son solo algunas de las palabras que han compartido los internautas que han visto las imágenes.

Camille Gottlieb, hija de Estefanía de Mónaco.

Camille Gottlieb, hija de Estefanía de Mónaco. GTRES

Junto a los soberanos ha estado Camille Gottlieb, hija de la princesa Estefanía, una de las asistentes habituales a esta cita benéfica. La joven lució un vestido amarillo pálido firmado por Elisabetta Franchi.

También acudieron el gran duque Jorge Romanov, heredero de la Casa Imperial de Rusia, y su esposa, Victoria Romanovna.

Entre las personalidades presentes destacaron igualmente Kate Forbes, presidenta de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y Caroline Cross, máxima responsable de la Cruz Roja Francesa.

Para la princesa Charlène, esta edición tiene un significado muy especial. Se cumplen dos décadas desde que acudió por primera vez a esta gala, un acto que marcó su presentación oficial ante la sociedad monegasca.

Ahora, 20 años después, la cita se ha consolidado como el compromiso más relevante de su agenda institucional y el escenario en el que ejerce como gran anfitriona junto al príncipe Alberto.

La gala pone en valor la labor que desarrolla la Cruz Roja de Mónaco y reconoce el compromiso de los donantes, cuyo respaldo resulta imprescindible para atender a las personas más vulnerables.

Más allá del componente social, el evento tiene un marcado carácter solidario: los fondos recaudados se destinan tanto a las intervenciones internacionales de la organización como a sus programas de ayuda en el Principado, que incluyen asistencia social urgente y cursos de formación en primeros auxilios.

Aunque algo opacada ante la evidente frialdad entre Alberto de Mónaco y su esposa Charlène, la velada ha vuelto a evidenciar el peso de Mónaco dentro de la red humanitaria internacional.