Hamad bin Khalifa Al Thani, con los reyes Juan Carlos y Sofía, durante su visita oficial a España en 2011.

Hamad bin Khalifa Al Thani, con los reyes Juan Carlos y Sofía, durante su visita oficial a España en 2011. GTRES

Casas Reales MUERTES

Muere a los 74 años Hamad bin Khalifa Al Thani, el exemir que diseñó Qatar: 3 esposas, 24 hijos e imperio de 500.000 millones

Bajo su mando, el país se convirtió en el dueño de los almacenes Harrods, la firma de moda Valentino y el edificio Empire State de Nueva York.

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El pequeño territorio de Qatar amanece este domingo, 12 de julio, con un silencio sepulcral, roto únicamente por el ondear a media asta de las banderas color carmesí y blanco.

El Amiri Diwan lo ha hecho oficial: el jeque Hamad bin Khalifa Al Thani, el hombre que transformó un pequeño y polvoriento protectorado británico en el epicentro del lujo, la diplomacia global y el gas licuado, ha fallecido a los 74 años.

"El Palacio Real anuncia el luto oficial en todo el país por el fallecimiento de Su Alteza el Padre Emir, jeque Hamad bin Khalifa Al Thani, que Dios lo tenga en su gloria, quien falleció esta mañana a la edad de 74 años", reza el comunicado emitido por el órgano soberano del país.

La nación ahora se detiene. Con cuatro días de luto oficial y el cierre absoluto de las instituciones durante toda una semana, las autoridades guardan un hermético silencio sobre las causas de su deceso.

Una discreción muy propia de los Al Thani, una familia que bajo el mandato de Hamad aprendió a dominar los hilos de la narrativa global.

Hamad bin Khalifa Al Thani, con la reina Isabel II de Inglaterra, en Windsor, en 2010.

Hamad bin Khalifa Al Thani, con la reina Isabel II de Inglaterra, en Windsor, en 2010. GTRES

Un país de luto

"Que Dios tenga misericordia de la gran alma que ha partido en esta nación y le conceda el perdón (…) Que Dios lo recompense abundantemente por las grandes y perdurables obras que realizó por su nación y el mundo árabe e islámico, y que nos conceda a todos paciencia y consuelo", han añadido en el anuncio.

Con su partida, Catar no solo despide a quien consideran el verdadero arquitecto de su modernidad. Un líder cuya ambición y visión geopolítica reescribieron las reglas del juego en Oriente Medio.

Alguien que transformó un discreto protectorado del Golfo en una superpotencia mundial marca el fin de una era irrepetible en Qatar.

El exemir  Hamad bin Khalifa Al Thani, con Beatriz de Holanda, en Doha, en 2011.

El exemir Hamad bin Khalifa Al Thani, con Beatriz de Holanda, en Doha, en 2011. GTRES

El jeque que compró el mundo

Para entender quién era Hamad bin Khalifa hay que remontarse a 1995, el año en que decidió que el futuro no podía esperar.

Aprovechando que su padre, el emir Jalifa, veraneaba entre los lujos de Ginebra, el entonces joven y resuelto príncipe heredero ejecutó un incruento golpe de palacio. No se disparó una sola bala; bastó una llamada telefónica para cambiar la historia.

A partir de ahí, el jeque Hamad inyectó una dosis de esteroides financieros a su país gracias a las descomunales reservas de gas natural.

Bajo su batuta, Catar dejó de ser una nota al pie en el mapa para convertirse en un gigante inversor.

El exemir diseñó un fondo soberano, Qatar Investment Authority, que hoy gestiona activos por valor de más de 500.000 millones de dólares (más de 460.000 millones de euros). Una billetera global con la que compró trozos estratégicos de Occidente.

Fundó la influyente cadena de televisión Al Jazeera, puso en marcha la aerolínea Qatar Airways y, a través del citado fondo, se hizo con muchos de los "juguetes" favoritos de la aristocracia y el capitalismo occidental.

A través de dicho fondo, el jeque llegó a poseer más suelo urbano en Londres que la propia Corona británica, controlando desde el rascacielos Shard hasta la mítica villa olímpica o los icónicos almacenes Harrods.

También adquirió participaciones en Volkswagen, el equipo de fútbol Paris Saint-Germain y los edificios más exclusivos de la Quinta Avenida.

Frecuentaba los veranos de la Costa Azul a bordo de su megayate Katara, un palacio flotante donde se decidían inversiones multimillonarias entre copas de champán y trajes a medida.

Sin embargo, en 2013, en la cúspide de su influencia y con la salud ya debilitada, sorprendió al mundo con una jugada inusual en las monarquías del Golfo: abdicó voluntariamente en favor de su cuarto hijo,el actual emir Tamim.

Hamad quería asegurar una transición impecable y joven. Desde entonces, retirado de la primera línea pero manteniendo el respetable título de "Emir Padre", se dedicó a disfrutar de los placeres de la vida sibarita, la cetrería en Asia Central y la filantropía discreta, observando cómo las semillas que plantó florecían en eventos de la magnitud del Mundial de Fútbol de 2022.

Hamad bin Khalifa Al Thania, con su esposa,  Mozah bint Nasser al-Missned.

Hamad bin Khalifa Al Thania, con su esposa, Mozah bint Nasser al-Missned. GTRES

La exjequesa de Qatar, la mitad de un tándem de leyenda

Si el jeque Hamad fue el cerebro y el músculo financiero de Catar, su segunda esposa, la jequesa Moza bint Nasseral-Missned, fue indiscutiblemente su rostro, su elegancia y su sofisticación.

Considerada una de las mujeres más bellas, magnéticas y enigmáticas de Oriente Medio, Moza desafió todos los estereotipos de la consorte árabe.

Mientras otras permanecían en la sombra, ella se convirtió en una fuerza de la naturaleza por derecho propio.

Con permiso de Rania de Jordania, con quien siempre ha mantenido un vibrante e implícito duelo de estilo en las páginas de las revistas de alta sociedad, la jequesa elevó la moda a la categoría de alta diplomacia.

Sus impecables conjuntos de Alta Costura firmados por Chanel, Dior o Valentino (firma que, por cierto, el fondo soberano catarí terminó comprando) combinados con turbantes a juego confeccionados a medida, la transformaron en un icono de la moda internacional y en la musa definitiva de la haute couture.

Pero reducir a Moza bint Nasser a sus estilismos sería un error imperdonable. Inteligente, culta y con un carisma arrollador, la jequesa ha sido la presidenta de la Fundación Catar para la Educación, la Ciencia y el Desarrollo Comunitario, impulsando la espectacular Education City en Doha.

Ella dotó al régimen de su esposo de un barniz cultural, intelectual y humanitario insustituible.

La exjequesa de Qatar, Mozah bint Nasser al-Missned

La exjequesa de Qatar, Mozah bint Nasser al-Missned GTRES Gtres

Padre de 24 hijos

El jeque Hamad y la jequesa Moza se casaron en 1977, cuando ella tenía solo 18 años y él era el príncipe heredero del emirato.

Juntos formaron una familia de siete hijos (de cuyo grupo nació el jeque Tamim, el actual emir del país, y la jequesa Al-Mayassa, una de las mujeres más influyentes del mundo del arte) y consolidaron el tándem más influyente en la historia moderna de Catar.

Cabe destacar que el jeque Hamad se casó en tres ocasiones por motivos de alianzas dinásticas y políticas dentro de las grandes familias del país, llegando a tener un total de 24 hijos.

Su primera boda fue con la jequesa Mariam bint Hamad Al Thani, su prima hermana y madre de ocho hijos, incluido su primogénito, el jeque Mishaal.

Ya en los años 80, el exemir contrajo matrimonio con una tercera esposa, la jequesa Noora bint Khalid Al Thani, también prima suya, con quien tuvo nueve hijos, entre ellos el jeque Abdullah, actual viceemir de Catar.

En la cultura y las leyes matrimoniales de las monarquías del Golfo, la poliginia permite a un hombre tener hasta cuatro esposas simultáneamente. Por ello, aunque Moza era cronológicamente su "segunda esposa", compartía el estatus de cónyuge en paralelo con las otras dos mujeres.

Sin embargo, mientras las demás permanecían en el estricto anonimato del entorno privado, la jequesa Moza, considerada el gran amor del emir, ejerció durante décadas como la única y oficial 'Primera Dama de Catar' ante el mundo.

Hoy, tras la pérdida del hombre con el que formó una de las parejas más poderosas y glamourosas del siglo XXI, esta mujer de mirada felina y porte real es quien, ajena a los focos, llora la pérdida de quien fue su compañero de dinastía durante casi 50 años.