El expríncipe Andrés en una imagen reciente. Gtres
El expríncipe Andrés ya está instalado en su casa de Marsh Farm: su llegada con gesto serio y acompañado de sus perros
Desde que el pasado febrero abandonara Royal Lodge, el también exduque no se había mudado a su nuevo destino porque mandó realizar una reforma.
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El destierro de Andrés Mountbatten-Windsor (66 años) dentro de la Casa Real británica ya no admite marcha atrás. El que fuera uno de los hijos predilectos de Isabel II acaba de estrenar la que, salvo sorpresa mayúscula, será su residencia definitiva, en Marsh Farm.
Andrés, por fin, se ha mudado este pasado lunes, día 6 de abril. Su flamante residencia es una discreta casa de campo en los terrenos de Sandringham, lejos del boato y de la visibilidad institucional que durante décadas definieron su existencia.
Su traslado culmina un proceso de progresiva expulsión del centro de poder de la monarquía, precipitado por su estrecha relación con el caso Epstein y por un descrédito público que parece irreversible.
El exprincipe, conduciendo su propio vehículo, en una imagen reciente. Gtres
Si durante más de 20 años Royal Lodge, en Windsor, fue su refugio y símbolo de estatus, hoy ese palacio forma ya parte de un pasado que la propia Institución intenta borrar con la misma contundencia con la que lo ha apartado de la primera línea.
La mudanza a Marsh Farm, la propiedad rural que ahora ocupa en el condado de Norfolk, se ha completado tras meses de incertidumbre.
Andrés tuvo que abandonar Royal Lodge el pasado febrero y, durante un tiempo, se alojó en otra vivienda cercana, en Wood Farm, mientras se acometían las obras de acondicionamiento de su nuevo hogar.
La casa, de cinco habitaciones, llevaba tiempo desocupada, lo que obligó a una profunda reforma: desde el mobiliario interior hasta el saneamiento de los establos, imprescindibles para que pudiera instalar allí a sus adorados caballos.
También se ha reforzado la seguridad con una valla perimetral de casi dos metros y un sistema de videovigilancia que convierte la finca en una suerte de fortaleza en mitad del campo.
No es sólo una cuestión de protocolo: para un miembro de la realeza condenado por la opinión pública y señalado en una de las mayores tramas de abuso de las últimas décadas, la protección física se ha vuelto tan esencial como la distancia simbólica respecto a la Familia Real.
Andrés llegando a Marsh Farm, en las últimas horas. Gtres
Las primeras imágenes de Andrés en su nuevo retiro rural hablan por sí solas: solo, acompañado únicamente por sus perros, con gesto serio y ensimismado, recorriendo un entorno que, más que un privilegio aristocrático, parece una forma de confinamiento dorado.
Suceso violento
Esa necesidad de privacidad se ha intensificado tras el violento episodio vivido recientemente, cuando un grupo de manifestantes irrumpió en la finca durante la Semana Santa, profiriendo insultos y poniendo en riesgo su integridad.
El incidente, sofocado gracias a la rápida intervención de sus guardaespaldas, dejó claro que la hostilidad hacia su figura no se limita a los titulares: se ha trasladado a la calle y añade una capa más de tensión a su día a día.
Despojado de todos sus títulos, apartado de la agenda oficial y señalado por su relación con Jeffrey Epstein, al exduque de York solo le queda mantener un perfil bajo, alejado de cualquier foco.
Los manifestantes, a las puertas de su casa. Gtres
A ello se suma el arresto policial que sufrió el pasado 19 de febrero, coincidiendo con su 66 cumpleaños, por sospecha de mala conducta en cargo público, y la sombra de las acusaciones de agresión sexual a Virginia Giuffre cuando era menor de edad.
Incluso su entorno familiar se ha visto arrastrado por este vendaval: Sarah Ferguson (66), su exesposa, aparece mencionada en correos asociados al magnate estadounidense y también ha optado por retirarse discretamente.
Por su parte, las hijas de ambos, las princesas Beatriz (37) y Eugenia de York (36) comprueban cómo el apellido y la cercanía a su padre se han convertido en un lastre dentro de una Institución que ya no las ve como parte de su futuro.