Wallis Simpson junto al Duque de Windsor, Eduardo VIII.

Wallis Simpson junto al Duque de Windsor, Eduardo VIII. Gtres

Casas Reales TRAICIÓN A LA REALEZA BRITÁNICA

El amor de Wallis Simpson no fue Eduardo VIII sino su amigo Herman Rogers

El corazón de la duquesa de Windsor nunca perteneció a su marido, sino a un adinerado estadounidense que fue el gran apoyo del matrimonio durante su exilio en Francia. Así lo destapa la biografía escrita por Andrew Morton.

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El rey Eduardo VIII abdicó por amor en 1936 tras solo 11 meses de reinado. El tío de Isabel II (91) no dudó en dejarlo todo para casarse con Bessie Wallis Simpson, la americana que le robó el corazón. Mientras el monarca demostraba con rotundidad su pasión por la plebeya dos veces divorciada, ella prefería la compañía de un apuesto compatriota estadounidense.

Simpson se acercó a su deseado hombre durante el exilio al que les sometieron a su marido y ella tras la abdicación y después de que Jorge VI, hermano de Eduardo y padre de la actual reina de Reino Unido, se hiciera con el trono. Eduardo VIII vivía un amor que no le correspondía, o al menos así lo relata Andrew Morton, el biógrafo de Wallis, conocido también por sacar a la luz las conversaciones más polémicas que mantenía con Lady Di sobre su matrimonio con el príncipe Carlos (69).

Wallis Simpson junto al Duque de Windsor, Eduardo VIII.

Wallis Simpson junto al Duque de Windsor, Eduardo VIII.

Según Morton, Herman Rogers es el nombre del supuesto amor platónico de Simpson. Este multimillonario norteamericano ayudó a los duques de Windsor a encontrar un hogar en París y más tarde en la Riviera francesa, lejos de las habladurías de la corte inglesa y refugiados de la Segunda Guerra Mundial. Las reuniones con Rogers eran constantes y Wallis encontró en él al mejor confidente de sus secretos y sus preocupaciones. Eso sí, cuando se veían siempre estaba delante la esposa de él, Katherine.

Pero una década después Rogers se quedó viudo, y entonces Simpson quiso seguirle aún más de cerca y conseguir conquistarle. Lo intentó, y mientras llevaba a cabo su seducción apareció una tercera en discordia: Lucy Wann. La agenda también interpuso en su camino hacia el corazón del apuesto estadounidense, porque un viaje a EEUU de Wallis hizo que Wann tuviera vía libre para hacerse con Rogers.

Wallis, en el centro, con Katherine y Herman Rogers.

Wallis, en el centro, con Katherine y Herman Rogers.

Simpson se negaba a perder 'la partida' de ese modo y quiso advertir a 'su' conquista con una carta: "No hagas nada hasta que regrese", le escribía. Pero justo después se enteró de que Lucy ya había conseguido su objetivo y se iba a casar con Herman Rogers.

Los duques de Windsor no quisieron aparecer en la boda de su amigo, pero Wallis quiso estar presente cuando toda la celebración había llegado a su fin y solo quedaban los novios. Eduardo VIII y su esposa le regalaron a Rogers una bandeja de plata muy trabajada y con el emblema de la realeza británica, pero con su reciente esposa no tuvieron un detalle tan glamuroso y únicamente le obsequiaron con un bolso de paja. Ante tal escena, Bessie Wallis se acercó a la recién casada y, según la biografía de Morton, le dijo:"Te hago responsable de lo que pueda pasarle a Herman. Es el único hombre al que de verdad he querido". Lucy, con una mueca de vencedora, contestó: "Tú has conseguido a tu rey, pero yo he conseguido a Herman".