"Hoy estoy aquí sentada ante mi mesa, en octubre, deseando que alguien me abrace y me dé coraje para permanecer fuerte y mantener la cabeza alta. Esta particular fase de mi vida es la más peligrosa. Mi marido planea un accidente en mi coche, un fallo de los frenos y una seria herida en la cabeza para dejar el camino libre para contraer matrimonio con Tiggy (la niñera de sus hijos). Camilla (70) es sólo una trampa, y todos nosotros somos utilizados por este hombre en cada sentido de la palabra".

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Estado del coche en el que viajaba Diana el 31 de agosto de 1997.

Son las palabras que la propia Diana de Gales dirigió a su mayordomo, Paul Burrel, en otoño de 1993 –diez meses antes de su sonado divorcio de Carlos de Inglaterra (68)–. En la misiva que escribió de su puño y letra confesaba sus mayores temores: que atentaran contra su vida. Temía por su seguridad y sospechaba también que alguien del palacio quisiera quitársela de en medio. Estaba obsesionada con que pudiera morir durante uno de sus viajes en avión o en coche y más de una vez tuvo miedo de la suerte que creía que podía correr.

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Diana vivía aterrorizada. En otra ocasión, llegó a acudir a un abogado tras detectar que los frenos de su coche no funcionaban. Compartía preocupación con Mohamed Al Fayed (88), padre de Dodi, su último amor. El multimillonario egipcio estaba convencido de que a Diana la asesinaron. Siempre mantuvo la teoría de la conspiración en lugar del accidente fortuito como tesis de lo que realmente sucedió la madrugada del 31 de agosto de 1997. Sostenía, además, que la princesa del pueblo estaba embarazada y que en Buckingham no podían consentir que el futuro rey de Inglaterra tuviera un hermano musulmán. 

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El empresario asegura, además, que en las semanas previas a su muerte Diana le confesó incluso sus miedos y sus sospechas. "Si me pasa algo a mí, puedes estar seguro de que el príncipe Felipe (96 años), ayudado por la inteligencia británica, es el culpable".

No era la única que temía por su vida. El propio Hasnat Khan, el cirujano paquistaní del que Diana estuvo enamorada desde 1995, llegó a denunciar amenazas telefónicas que misteriosamente terminaron el día en el que decidió cortar su relación con la princesa debido a la presión mediática.

Las últimas horas de Diana

Lo cierto es que aquella fatídica noche en la que Lady Di perdió la vida se produjo un cúmulo de circunstancias que llevaron no sólo a Mohamed Al Fayed, sino también a muchos otros a pensar que en el accidente habían confluido sospechosas circunstancias.

El último verano de la reina de corazones había acaparado gran interés en la prensa del momento. Durante el mes de julio puso fin a su relación con Hasnat Khan y comenzó un breve idilio con Dodi, con el que disfrutó de unos días de descanso en Saint Tropez. Justo la semana antes de su muerte, fue retratada en una icónica y célebre instantánea al final de la pasarela del yate en el que navegaba por Cerdeña. Tenía entonces una actitud muy reflexiva y lucía un bañador azul.

Entre los planes de Diana no estaba viajar a París, sino a Reino Unido, pero el 30 de agosto puso rumbo a la ciudad del amor junto a Dodi, quien disponía de un apartamento allí. Sólo iban a pasar dos días, antes de regresar a Londres, donde le esperaban sus hijos que comenzarían en breve el curso escolar. Aterrizaron tras un vuelo privado pasadas las tres de la tarde y se alojaron, sin embargo, en el hotel Ritz, donde la prensa se agolpaba con gran expectación para captar cualquier imagen del romance. 

Lady Di, saliendo del hotel Ritz de París el día de su muerte. Gtres

Tras hablar brevemente con sus hijos por teléfono sobre las seis de la tarde y descansar mientras Dodi visitaba una joyería, Lady Di y su acompañante se trasladaron al apartamento del egipcio a fin de arreglarse para salir a cenar al restaurante Benoit París, donde tenían reservada una mesa a las nueve. A esa hora salen de casa. Sin embargo, en vista del acoso mediático al que estaban siendo sometidos, decidieron cambiar la ruta y regresar al hotel para disfrutar de una velada mucho más privada en la suite imperial.   

Diana, en el interior del coche, minutos antes del fatal accidente. Gtres

Pasada la medianoche del 31 de agosto, Diana, Dodi, el guardaespaldas Trevor Rees-Jones (único superviviente del accidente) y el conductor y jefe de seguridad del Ritz Henri Paul (que había estado bebiendo a las horas antes porque no estaba de servicio) salieron del Ritz de regreso al apartamento parisino del egipcio. Preferían pasar allí la noche teniendo en cuenta la persecución de los paparazzi. Sólo Rees-Jones llevaba puesto el cinturón de seguridad, algo que llamó mucho la atención en el entorno de Lady Di, puesto que su obsesión por la seguridad siempre le llevó a hacer uso de él.

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