Durante la noche del 31 de agosto de 1997 ninguna cámara de tráfico del centro de París funcionó. El traslado al hospital de Diana de Gales, herida tras el accidente en el túnel bajo el Puente del Alma, se prolongó durante 45 minutos, cuando en condiciones normales el recorrido se realiza en siete. Ni siquiera la llevaron al centro sanitario más cercano al lugar del siniestro. Tampoco se le practicó autopsia alguna, sino que se embalsamó su cuerpo para supuestamente ser incinerado después, algo excepcional cuando se trata de un accidente. Con todo, sus restos ni siquiera descansarían en el lugar en el que se la ha venerado durante dos décadas.

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Éste y otros detalles, recogidos en un libro que sólo verá la luz en España, ponen en duda las circunstancias accidentales de la muerte de la princesa del pueblo. Desmontan, una a una, las hipótesis con las que se cerró una investigación que a día de hoy sigue despertando suspicacias. La escritora Concha Calleja ha investigado y recopilado una valiosa documentación en la obra Diana, Réquiem por una mentira, que obliga, cuando menos, a cuestionarse el principio del fin de Lady Di. 

La autora ha entrevistado, entre otros, al propio Mohamed Al Fayed (88), padre de Dodi, quien invirtió más de tres millones de libras para tratar de descubrir la verdad. Convencido de que se no se trató de un accidente, refrenda sus palabras con la declaración que le hizo la propia Diana de Gales antes de morir. "Si me pasa algo a mí, puedes estar seguro de que el príncipe Felipe (96), ayudado por la inteligencia británica, es el culpable".

Lady Di, momentos antes del accidente, en una imagen captada por los paparazzi. Gtres

"Diana fue asesinada. Eso es una certeza, pero ¿quién? Dilucidar quién lo hizo requiere una investigación no periodística, sino policial. Y eso ahora es imposible porque los cuerpos de los fallecidos se incineraron en su día", explica la autora en conversación con EL ESPAÑOL.

Lo que es otra evidencia es que la princesa del pueblo temía por su seguridad. En una ocasión, acudió incluso a un abogado porque detectó que los frenos de su coche no funcionaban. Llegó a escribir una carta de su puño y letra en la que relataba este episodio y el interés de su familia política en que desapareciera para así facilitar la boda del príncipe de Gales con su amante. "Estoy aquí sentada en mi mesa, en octubre, anhelando a alguien que me abrace y me dé fuerzas para mantenerme fuerte y con la cabeza bien alta. Esta etapa particular en mi vida es la más peligrosa... mi marido está planeando "un accidente" con mi coche. Una avería en los frenos y graves heridas en la cabeza, para así dejar el camino libre", escribió Lady Di no sin cierto pesar.

El dueño de los almacenes Harrod's se atreve a apuntar directamente a una persona: está plenamente convencido de que a Diana y a Dodi "los asesinó el duque de Edimburgo. Es un auténtico nazi".

Para refrendar su testimonio, la autora se apoya, entre otras cosas, en documentos como el testamento de la propia Lady Di- que ampliaría su hermano años después- así como en las declaraciones de algunas de las personas que formaron parte de la investigación. Así, ha podido deducir, entre otras cosas, que el cuerpo de Lady Di no reposa, como se creía hasta ahora, en el mausoleo que construyó su hermano en Althorp y cuya entrada tiene un elevado coste. En realidad, sus restos descansarían en la cripta de la iglesia de Santa María la Virgen, aunque los vecinos de la zona guardan silencio acerca de estos nuevos datos. "Muchas personas aún creen que Diana, de hecho, fue enterrada en la capilla, tal y como había dicho ella que quería ser enterrada con su padre. Es importante responderles que ella realmente está enterrada en la isla de Althorp", reza uno de los informes que encontró Calleja durante una incursión a dicho lugar en el que se dan indicaciones expresas sobre cómo responder a todo aquel que se interese acerca de esta cuestión.

"El cortejo funerario que despedía a Diana en Londres era de más de 13 kilómetros y estaba encabezado por sus dos hijos, su exmarido, Carlos de Inglaterra (68), y su hermano, Charles Spencer. Dos millones y medio de admiradores mostraban en las calles su respeto y cientos de millones en todo el mundo lo seguían por televisión. En mi libro demuestro que el tan venerado ataúd estaba vacío", reconocía la autora hace tan sólo unos días. 

[Más información: Las mentiras que rodean el entierro de Lady Di: el ataúd estaba vacío y su cuerpo se incineró]

Imagen del funeral de Lady Di. Gtres

Cúmulo de indicios

La noche del accidente, la pareja formada por Diana y Dodi se sintió acosada por los periodistas. Era algo insólito, pues en el mes y medio que llevaban juntos apenas habían despertado un moderado interés en la prensa. Esa noche, la desorbitada presión mediática -más propia de una convocatoria de prensa que de un seguimiento espontáneo- les llevó a tomar varias decisiones y maniobras que les hizo incluso modificar la ruta. El conductor, Henri Paul, optó sorprendentemente por el recorrido más largo. El chófer y jefe de seguridad, también fallecido en el siniestro, mantuvo contactos con los servicios secretos la tarde del accidente. La investigación sobre sus cuentas bancarias reveló cantidades desorbitadas para un sueldo propio de su cargo. 

Lady Di, el día de su muerte, abandonando el Hotel Ritz de París. Gtres

Además de estos datos, Concha Calleja desgrana cómo la investigación, en un principio, obvió la existencia de un Fiat Uno que impactó contra el Mercedes en el que viajaba Diana. También desaparecieron los informes médicos, en los que figuraba, entre otras cosas, el posible embarazo de la princesa del pueblo, aunque no se llegó a identificar si el padre era el propio Dodi o su pareja anterior, Hasnat Khan. "No querían que los príncipes William (34) y Henry (32) pudieran tener un hermano o una hermana de una raza diferente. Es realmente increíble. Es una locura que ellos sigan viviendo en el pasado y que se crean que están por encima de la ley, que son gente diferente y que pueden hacer lo que quieran. Lo que me han hecho a mí y a la princesa Diana no voy a dejar que quede impune", asegura Mohamed Al Fayed durante su entrevista con la autora.

[Más información: Nuevos (y reveladores) datos sobre la muerte de Lady Di]

En este sentido, la preocupación de Lady Di por su seguridad se extiende también a sus parejas. El propio Hasnat Khan denunció en su día amenazas telefónicas que terminaron el día que cortó su relación con la princesa del pueblo. No fue el único.

Portada del libro que verá la luz en España.

Camilla 'salta' a la cama

Concha Calleja, que se adentra en los perfiles psicológicos de Diana y Carlos de Inglaterra para tratar de comprender su relación, no se olvida del trascendente papel que jugó Camila Parker (69) en el matrimonio. "Mi trabajo, en primer lugar, consiste en hacer una reverencia... y luego saltar a la cama. Esta frase la decía mi bisabuela a su tatarabuelo Eduardo VII. Ellos fueron amantes durante 12 años. Estaría bien repetir la historia. Me llamo Camila Shand", fueron las palabras con las que se presentó la hoy esposa del príncipe de Gales.

El idilio entre ambos continuó durante todo el matrimonio con Lady Di. Tras el divorcio, la princesa del pueblo llamó a su hermano, con el que no mantenía una fluida relación, para pedirle ayuda a fin de volver a la residencia familiar, pero éste no quiso escucharla. "Tu presencia alterará la armonía familiar", fue la respuesta de Charles Spencer a Lady Di. Una actitud que para la Concha Calleja da muestras del carácter interesado de Spencer, que habría explotado la muerte de su hermana apropiándose de los derechos del merchandising. "Montó un parque mortuorio. El años en que falleció Diana él iba a vender la finca familiar debido a las deudas, pero tras la muerte de su hermana logró sanear sus empresas e ingresar unos 50 millones de libras. Ha montado todo un negocio en torno a la desaparición de Lady Di", explica Calleja.

La autora ha desvelado que, aunque por el momento el libro sólo verá la luz en España, otros países como Portugal o Rumanía estarían interesados en publicar la obra. Durante su investigación, reconoce que no se puso en contacto ni con la familia Spencer ni con los Windsor. "Prefiero pedir perdón que pedir permiso. Y dudo que tras la publicación del libro quieran hablar conmigo. ¿Para qué?", se pregunta la autora en conversación con EL ESPAÑOL.