Casas Reales ANIVERSARIO MONEGASCO

Carolina de Mónaco, el mito de la belleza, la elegancia y la sensualidad, ya tiene 60 años

Ni su hija Carlota ha podido superarla en estilo y personalidad. Con motivo de su cumpleaños, recordamos la vida de una de las mujeres más fascinantes de la realeza.

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El 23 de enero de 1957 nacía en Mónaco, Carolina Luisa Margarita Grimaldi. Primogénita de Rainiero III de Mónaco y la inolvidable Grace Kelly, su vida ha estado marcada por su exquisita belleza, su impecable estilo, su agitada vida sentimental y por su papel como mediadora entre todos los miembros de su familia, incluidos sus hermanos, Estefanía (51) y Alberto (58).

Una vida que comenzó de manera un tanto peculiar, ya que Carolina vino al mundo en la biblioteca del Palacio de Mónaco. Para tal dulce evento, la sala se forró con telas de color verde, a petición de Grace Kelly. Según dicen, era una tradición irlandesa que gustaba a la por entonces princesa consorte. Casi dos meses más tarde, Carolina era bautizada en la Catedral de San Nicolás con la presencia de Margaret Davies, sobrina de Grace Kelly, y el príncipe Jorge Festetics de Tólna; sus padrinos.

Infancia entre Mónaco y Estados Unidos

Carolina comenzó sus estudios en palacio bajo la estricta tutela de su madre. Años más tarde, acudiría al prestigioso colegio monegasco, Las damas de San Mauro. Además, todos los veranos, la princesa volaba hasta Estados Unidos para asistir a campamentos donde perfeccionaba su inglés. Allí, estrechaba lazos con su familia materna e incluso visitó la ciudad que vio nacer a su madre, Filadelfia.

París, la ciudad que la convirtió en icono de estilo y mujer casada

Pero al cumplir los 18 años, Carolina se mudó a la capital francesa para comenzar sus estudios de filosofía, psicología y biología en La Sorbona. Sin embargo, si algo gustaba a Carolina más que los libros era la moda y los hombres. Allí, en la ciudad de la luz, sus estilismos se impregnaron de savoir faire (K, los restaurantes más exclusivos se convirtieron en su segunda casa y su corazón se enamoró por primera vez. Philippe Junot (76), un conocido juerguista que rondaba por París, se ganó el afecto de Carolina. Un romance que ni Rainiero ni Grace vieron con buenos ojos.

Sin embargo, Carolina, con tan solo 21 años, y Philippe, 17 años mayor, se dieron el ‘sí, quiero’ en el Palacio de Mónaco el 28 de junio de 1978. A este polémico enlace solo acudieron 65 invitados. Pocos, pero muy conocidos. Ava Garner, Frank Sinatra, Cary Grant e incluso los condes de Barcelona asistieron a la ceremonia religiosa.

Sus años más duros

Aunque Carolina se había casado segura de que su amor por Philippe sería eterno, el 9 de octubre de 1980 ponían fin a su matrimonio. La versión oficial fue el mítico "desavenencias en la convivencia", mientras la prensa apuntó a infidelidades por parte de él. Algo que habría colmado la paciencia de su esposa. Una separación que hizo felices a sus padres, pero enfrentó a la familia con la Iglesia. Mónaco, un país oficialmente católico, no veía con buenos ojos el divorcio. Sin embargo, tras la mediación de Rainiero y Grace el matrimonio fue anulado de manera eclesiástica, años más tarde, exactamente el 1 de junio de 1992.

Libre para rehacer su vida, Carolina se marcha a Inglaterra y allí mantiene sendas relaciones sentimentales con el tenista argentino Guillermo Vilas (64) y con Roberto Rossellini Jr (66), hijo de Ingrid Bergman y Roberto Rossellini. Protagonista de todas las revistas de sociedad de la época, Carolina siente que el amor vuelve a sonreírle y que maneja su vida. Sin embargo, el destino le tenía preparada una amarga sorpresa. El 13 de septiembre de 1982, su madre Grace sufría un terrible accidente de tráfico (en el que también se vio involucrada Estefanía de Mónaco, pero salió ilesa) y moría un días más tarde en el hospital de Mónaco. Una dramática pérdida que sumió a toda la familia en un pozo de tristeza y desesperación.

Segundo matrimonio y redención

Pero perder a su madre con 25 años supuso para Carolina un punto de inflexión en su vida. Dispuesta a no dejar que este trágico suceso la llevara por un camino de sombras, comenzó a ejercer como primera dama no oficial monegasca y conoció al que sería, sin lugar a dudas, el hombre de su vida. Stéfano Casiraghi, ejecutivo millonario de una de las familias más ricas de Milán, fue su segundo marido. Tras un brevísimo romance, la feliz pareja se casa por lo civil (la princesa aún no contaba con la nulidad eclesiástica de su primer enlace) con Carolina embarazada. La ceremonia, celebrada en la Sala de los Espejos del Palacio de Mónaco el 29 de diciembre de 1983, supuso una dosis de alegría en la apagada vida de Rainiero III.

Meses después nacería Andrea (32), su primogénito. Para entonces, Carolina y Stéfano son la pareja real más buscada. Con las llegadas de Carlota (30) y Pierre (29), el mundo de la princesa estaba completo. Su marido y ella acudían a fiestas, viajaban, disfrutaban de sus hijos… Nada parecía poder terminar con su felicidad.

De alegre princesa a dama triste

Sin embargo, la vida vuelve a arrebatarle la sonrisa cuando Stefano muere en un accidente marítimo en Mónaco el 3 de octubre de 1990. Por si no fuera suficiente, Carolina se encuentra en París y recibe la noticia del fallecimiento mediante una llamada telefónica de su padre. Es así como la princesa pasa de ser la sonrisa de su país a ser una dama viuda entregada a la crianza de sus tres hijos. Se acabaron las fiestas, los eventos… Su dolce vita había terminado. "El valor de la soledad me lo enseñó mi madre" dijo en una ocasión. Carolina guardó luto durante seis largos años.

¿Dónde está Carolina?

Durante esta época, la princesa se retira a vivir a Saint-Rémy-de-Provence y desde allí supervisa la educación de sus hijos y cura sus heridas. Es ahí, en su refugio francés, donde pasa largas temporadas con el actor Vincent Lindon (57). Sin embargo, no es hasta 1996 cuando se embarca en una relación que terminaría en boda.

Tercer matrimonio y segundo divorcio

Sin miedo al amor ni al qué dirán, Carolina comienza en dicho año una relación con Ernesto Augusto de Hannover (62). Es con él con quien se lanza a tener su última hija, Alejandra (17) y con el que se casa el 23 de enero de 1999. Una relación que estuvo plagada de polémicas por el comportamiento arisco y casi violento de él con la prensa. Además, todos recordamos a una cabizbaja Carolina de Mónaco llegando a la boda de Felipe VI y Letizia sola. Según contaron las malas lenguas, Ernesto se encontraba en el hotel durmiendo la resaca de la noche anterior.

Con más sombras que luces en su matrimonio, Carolina y Ernesto emprenden caminos separados en 2009, aunque no llegan a firmar los papeles. (Y siguen sin firmarlos). Una separación que no llegó a ver su padre, Rainiero III, quien había fallecido 4 años antes.

Entregada madre y abuela

Libre como el viento otra vez, Carolina se instala en Mónaco tras vivir con Ernesto y Alejandra en Fontainebleau (París). Es entonces cuando la vemos de nuevo en su papel de Primera Dama monegasca, ocupándose de que toda la familia esté unida en los momentos más importantes. Además, se ha convertido en una abuela cariñosa que disfruta de Raphaël (3), hijo de Carlota y Gad Emaleh (45), y de India (1) y Sacha (3), hijos de Andrea y Tatiana Santo Domingo (33). Tres nietos a los que se incorporará este año el primer bebé de Pierre y Beatrice Borromeo (31).

Así pues, Carolina de Mónaco cumple 60 años con cada una de sus reales arrugas bien ganadas. Nadie como ella ha exprimido cada momento como si fuera el último. Ha reído y ha llorado con los ojos del mundo sobre ella. Un peso que ha llevado con la mayor dignidad posible. Y cuando ha fracasado (que lo ha hecho) al menos lo ha llevado con estilo. ¡Cuántas quisieran!