Vista de Navaconcejo
El pueblo perfecto para una escapada en primavera: iglesia del siglo XVI, piscinas naturales y pasadizos conectados al río
Este lugar cuenta en primavera con el espectáculo de sus cerezos en flor que tiñen de rosa su paisaje.
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El agua desciende entre gargantas y caminos rodeados de verde, mientras los cerezos cubren el paisaje y transforman el valle en una escena llena de vida.
Las calles tranquilas y el murmullo constante de los arroyos crean una atmósfera serena, donde el tiempo parece avanzar más despacio. Todo invita a caminar, respirar profundo y dejarse llevar por la sencillez de un entorno que conserva intacta su autenticidad.
Ese lugar es Navaconcejo, un rincón del valle del Jerte donde el agua, montaña y naturaleza se funden en una experiencia pausada y profundamente evocadora.
Este pueblo se alza como un pequeño núcleo de historia, piedra y agua donde el pasado medieval dialoga con la naturaleza más virgen. Situado en la provincia de Cáceres, Extremadura, no solo ofrece paisajes de cerezos en flor, gargantas y picos de Gredos, sino también un casco histórico lleno de carácter.
Se gestó en la Edad Media como un concejo rural, de ahí su nombre, en referencia a las tierras situadas en las navas o llanuras junto al río.
Su casco histórico responde al tipo de pueblo-calle, una estructura compacta en torno a un eje principal, la antigua calle Real, que discurre paralela al río Jerte y condensa la vida cotidiana.
Lo más llamativo es la presencia de casas adobe, una vivienda cuyas paredes principales se construyen con ladrillos de adobe. No es cemento ni ladrillo cocido en horno, sino tierra compactada.
Estas casas suelen ser bajas, de uno o dos pisos, con paredes gruesas que ayudan a aislar del frío en invierno y del calor en verano. El techo es de teja árabe y destacan sus balcones de madera que parecen flotar.
Dominando la Plaza Mayor, el edificio más emblemático es la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Su construcción se prolonga entre los siglos XVI y XVII. El paisaje espiritual se completa con sus ermitas barrocas, la del Santísimo Cristo del Valle y la de San Jorge, del siglo XVII.
Cascada en la ruta del desfiladero de Nogaledas situado en la localidad cacereña de Navaconcejo iStock
Otro de los elementos singulares del pueblo son las callejinas, pequeños pasillos o túneles que conectan el río con el casco urbano. En el pasado, estos pasos servían para que las lavanderas pudieran bajar directamente al Jerte.
Más allá del casco, se puede visitar el mirador del Cerrillo, que ofrece vistas panorámicas del valle, o la Garganta de las Nogaleas con su espectacular cascada de gran altura. Aquí podrás bañarte en verano a lo largo de sus piscinas naturales y estar en pleno contacto con la naturaleza.
En el calendario festivo, Navaconcejo comparte con el resto del Valle del Jerte el cerezo en flor, un evento que atrae a miles de personas cada primavera y convierte el lugar en un enorme lienzo rosado.
Este pueblo significa un punto de referencia en el Valle del Jerte, con su casco histórico respirando aire puro de Gredos y disfrutando de la naturaleza más inmediata.