El pueblo español donde Mario Casas disfruta del verano

El pueblo español donde Mario Casas disfruta del verano

Corazón

El pueblo español donde Mario Casas disfruta del verano: tiene 6 km de playa y un dolmen de 2 metros de hace 5.000 años

El actor gallego desconecta del cine en este municipio de La Coruña de 30.000 habitantes.

Más información: El pueblo donde desconecta cada verano Sara Carbonero: 5.000 habitantes, cuna del Quijote y a 1 hora de Madrid.

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Mario Casas (39 años) tiene un pueblo fetiche en Galicia y no es ni A Coruña ciudad ni un destino de postal masificado

Es Carballo, una villa atlántico que ha convertido la playa de Razo en el refugio perfecto donde uno de los actores más deseados de España se permite ser, simplemente, Mario.

Cada verano, cuando las cámaras se apagan y el ruido de Madrid aprieta, el actor coruñés huye hacia el municipio de Carballo, en plena Costa da Morte

Allí, su brújula personal apunta siempre al mismo sitio, la playa de Razo, un arenal salvaje que, unido al sistema dunar de Baldaio, despliega en torno a 5-6 kilómetros de arena continua abierta al Atlántico.

Ese corredor de playa casi infinita se ha convertido en su escenario íntimo, kilómetros para correr al amanecer, entrenar, surfear y caminar al atardecer sin apenas interrupciones, más allá de algún aficionado que se gira al reconocerle entre neoprenos.

No es raro ver a Mario y a su hermano Óscar entrando al agua con la tabla bajo el brazo, mezclados entre locales y turistas, sin más protocolo que unas chanclas llenas de arena. 

Razo funciona como el "gimnasio natural" de la familia Casas, ahí se curten con baños helados, tandas de olas y paseos largos por la orilla, aprovechando que el arenal ofrece espacio de sobra para perderse sin sentirse observado.

Entre sesión y sesión, el actor se mueve por la zona con discreción, alquilando casas cerca del mar y encadenando días de rutina casi anónima, muy lejos de la agenda promocional y las alfombras rojas.

Pero Carballo es mucho más que la playa favorita de una estrella. La villa es la capital de Bergantiños, un municipio de más de 30.000 habitantes, joven, comercial y muy vivo, puerta de entrada a la Costa da Morte y cruce natural entre A Coruña, Santiago y Fisterra.

Su centro urbano mezcla bares, tiendas y mercados donde el producto local manda, con una potente escena de arte urbano.

Decenas de murales han convertido antiguas fachadas en una galería al aire libre, dándole al pueblo una estética contemporánea que encaja con el tipo de campañas y rodajes que buscan atmósfera atlántica, pero moderna.

A pocos kilómetros del mar, el paisaje cambia. Valles verdes, el río Anllóns serpenteando y, sobre todo, una capa de historia que añade narrativa al territorio que pisa Mario Casas.

El símbolo más potente es el dolmen de A Pedra Moura, en la parroquia de Aldemunde. Un monumento funerario megalítico levantado hace unos 5.000 años, en pleno Neolítico, cuando ni siquiera existía la idea de Galicia tal y como hoy se entiende.

De aquella estructura ancestral se conservan varias grandes losas formando la cámara, un resto de la tumba original que estuvo cubierta por un túmulo de tierra.

La leyenda local cuenta que una "moura", un ser mítico de la tradición gallega, cargó las piedras sobre la cabeza mientras hilaba y daba de mamar a un niño, explicando así una construcción que, para los habitantes de la zona, solo podía ser obra de fuerzas sobrenaturales.

Parque del río Anllóns

Parque del río Anllóns

Es fácil imaginar al actor, amante de las historias y los personajes escuchando estas narraciones de boca de la gente del lugar después de un día de mar.

La escena cambia por completo cuando se mira Carballo con distancia, ahí está Mario Casas, estrella consolidada, borrándose el maquillaje de la fama en una playa interminable mientras, a pocos minutos en coche, un dolmen de 5.000 años recuerda que este rincón atlántico siempre ha vivido de historias.

En un mismo mapa conviven las olas que entrenan su cuerpo, el pueblo joven y comercial que le ofrece anonimato y el megalitismo que dispara la imaginación.