José Mercé (70), sobre su infancia en Jerez

José Mercé (70), sobre su infancia en Jerez

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José Mercé (70), sobre su infancia en los 70: "Con 13 años me salí del colegio y a los dos meses me fui a cantar a Madrid"

El cantaor flamenco gaditano explicó cómo fueron sus inicios en el flamenco a una temprana edad.

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José Mercé (70 años) no recuerda su infancia como una postal perfecta, sino como una mezcla de disciplina, calle y sueños tempranos que terminaron llevándolo del coro de una iglesia de Jerez a los escenarios del mundo.

Ese niño gitano que jugaba en el barrio de Santiago y cantaba en la Basílica de la Merced nunca imaginó que acabaría vendiendo un millón de discos, pero sí tenía clara una cosa: "Con 13 años me salí del colegio y empecé a cantar... a partir de ahí empecé a buscarme las habichuelas".

Nacido en 1955 en el jerezano barrio de Santiago, Mercé creció en una de esas calles donde todo pasaba fuera de casa: juegos, regañinas, primeros cantes y primeras miradas al futuro.

De "casta le viene al galgo", hijo de una saga flamenca histórica, pero su día a día de niño no tenía nada de glamuroso: bocadillo, calle y bulerías improvisadas. Años después, al mirar atrás, no duda: no cambiaría aquella niñez "por nada del mundo".

El giro inesperado en su historia llegó de la mano de los curas. De muy pequeño entró en la Escolanía de la Basílica de la Merced: ahí empezó a cantar "de verdad" y ahí nació también su nombre artístico.

Él mismo lo explica sin rodeos: "Me crié con los curas, con los mercedarios", un entorno rígido que, paradójicamente, le abrió la puerta a la música y a una disciplina que luego llevaría al flamenco.

En esa infancia hay una etiqueta que le persigue, la de rebelde. Mercé se ríe y matiza el mito con una frase que lo define mejor que cualquier titular: "He sido un rebelde de pacotilla, digamos".

Lo cuenta con detalle: "Cuando salieron los pantalones de campana, los botines y el peladito ese que te dejaban esto aquí cuadrado, yo estas cosas me las hacía y siempre estaba castigado".

El niño de coro, formal en apariencia, se las ingeniaba para colar un punto de modernidad en cada corte de pelo y en cada prenda, aunque eso le costara días de castigo.

El gran salto llega cuando apenas tiene 13 años. Frente a la seguridad de seguir en el colegio religioso, elige la incertidumbre del escenario: "Con 13 años me salí del colegio y empecé a cantar. Primero empecé en el tablao de Cádiz y después de dos o tres meses me vine a Madrid".

No fue una escapada romántica, sino una decisión cruda: "A partir de ahí empecé a buscarme las habichuelas. Y mira por donde, tuve la gran suerte de que me vio Antonio Gades y estuve con él diez años recorriendo mundo".

Ese primer contacto con Madrid, fue un choque emocional que aún se le clava en la memoria. Acostumbrado a los pueblos blancos de Andalucía, la capital le resultó casi hostil: "Recuerdo cuando llegué a Madrid, acostumbrado a ver los pueblos blancos de Andalucía, que cuando iba por María Molina se me cayeron dos lágrimas como garbanzos".

Detrás de la anécdota hay una imagen muy poderosa: un adolescente solo, con una maleta de sueños y un acento jerezano inconfundible, enfrentándose a una ciudad enorme que no lo estaba esperando.

A partir de ese momento, todo cambia. Antonio Gades lo incorpora a su compañía, rueda con Carlos Saura, viaja, aprende, se curte. Pero el propio Mercé insiste en que nada de eso se entiende sin aquel niño del barrio de Santiago, sin las misas cantadas en la Merced ni los castigos por los pantalones de campana.

"En mi vida siempre he ido subiendo escaloncitos poquito a poco, pero subiendo siempre", resume. Y quizá por eso su historia de infancia engancha tanto, porque detrás del mito y de los récords de ventas hay un chaval que se atrevió a dejar la escuela a los 13 años para jugárselo todo a una voz.