Javier Gutiérrez, 55 años

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Corazón

Javier Gutiérrez, 55 años: "Hago jornadas de 14 horas de trabajo y mi pareja ejerce de padre y madre con mis 2 hijos"

El actor asturiano explica cuál es su día a día compaginando su profesión con el cuidado familiar.

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Hay una verdad incómoda que rara vez desfila por las alfombras rojas, el éxito tiene un sabor agridulce cuando se cocina lejos de casa.

Javier Gutiérrez (55 años), uno de los rostros más magnéticos y respetados del cine español, decidió hace unos meses despojarse de la armadura del personaje para hablar de las cicatrices que deja la profesión en el ámbito privado.

Lo hizo en su tierra, bajo el cielo de Avilés, donde el calor de los suyos le empujó a una confesión de esas que no suelen dar los titulares de estreno.

Aprovechando su paso por el festival Avilés Acción, el actor asturiano se sinceró ante los micrófonos de la TPA sobre un tabú que, como él mismo subrayó con agudeza, suele recaer injustamente sobre los hombros de las actrices y casi nunca sobre los de sus compañeros varones, el abismo de la conciliación.

Para Gutiérrez, la logística de ser padre mientras se lidera un rodaje no es una cuestión de agenda, sino de supervivencia emocional. Reconoció que lograr ese equilibrio es algo "muy, muy complicado", una frase que suena a suspiro de quien conoce bien la culpa de la ausencia.

La industria no entiende de turnos de ocho horas; el cine es un devorador de tiempo que impone "jornadas maratonianas de 12 a 14 horas", obligando a los intérpretes a convertirse en fantasmas dentro de sus propias rutinas familiares.

Pero, ¿quién sostiene la estructura cuando el protagonista está a cientos de kilómetros ensayando una escena? El actor no se anduvo con rodeos ni falsas modestias.

Su carrera, jalonada de premios y reconocimientos, se levanta sobre un sacrificio ajeno que él mismo quiso dignificar. Para mantener este ritmo, confesó, "se necesita la generosidad de en este caso mi compañera que se dedica a hacer de padre y de madre".

Ante ese vacío físico, Gutiérrez ha tenido que aprender a gestionar la presencia desde la intensidad, transformando el poco tiempo libre en un refugio blindado.

"De alguna forma intentamos suplirlo por lo menos en mi caso más con la calidad cuando estoy que con la cantidad de horas", reflexionó, dejando claro que en su casa el reloj se mide en latidos, no en minutos.

Sin embargo, el reto no es solo por estar presente, sino por ser presente. La carga mental de la interpretación es una marea que no siempre se retira al llegar la orilla del hogar.

El actor relató cómo, a veces, su entorno tiene que ejercer de ancla para recordarle que debe dejar "el traje del personaje en el camerino".

Aunque intenta con empeño separar la ficción de la realidad, llegando a bromear con que "sería una auténtica chaladura convivir las 24 horas del día con el personaje", la honestidad volvió a ganarle la partida al admitir que "no siempre es posible dependiendo de cómo haya ido el día o de lo que te espera el día siguiente".

Pese a sus dilemas personales, el doble ganador del Goya no perdió la perspectiva social. Consciente de su posición, se colocó a sí mismo en ese "pequeño saco de privilegiados", lanzando un dardo directo a la romántica pero precaria imagen del sector.

"Es una auténtica tragedia, más del 90% de compañeras y compañeros no pueden vivir dignamente de su trabajo", señaló el actor de La isla mínima o Campeones.

Al final, el testimonio de Javier Gutiérrez nos devuelve una imagen mucho más real del artista, la de un hombre que mientras cosecha aplausos en la pantalla también lidia en la sombra con las mismas renuncias y fragilidades que cualquier otro padre que llega tarde a casa