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En el corazón de Madrid, compartiendo un rincón de excepción con la Puerta de Alcalá, un bar de vinos ha logrado entrar en la élite internacional del vino con el máximo reconocimiento de Wine Spectator.

El Grand Award sitúa a Berria entre un club extremadamente exclusivo de 99 restaurantes en todo el planeta —solo tres en España— y consagra una de las propuestas vinícolas más ambiciosas del país.

Berria no es un bar de vinos al uso. Es, en realidad, una declaración de intenciones: más de 3.000 referencias en bodega y más de 100 vinos disponibles por copa construyen un universo líquido que rehúye los atajos y abraza la complejidad.

La carta, diseñada con precisión casi quirúrgica, combina grandes etiquetas internacionales con joyas nacionales, añadas singulares, productores artesanos y vignerons independientes que rara vez encuentran espacio en la rotación habitual de la hostelería.

El reconocimiento de Wine Spectator premia precisamente esa amplitud, pero también el criterio. Detrás de la selección está Mario Ayllón, una de las voces más lúcidas de la sumillería española contemporánea, que ha convertido la bodega del local en un mapa vivo del vino mundial, pensado tanto para el experto como para el curioso.

El premio llega, además, en un momento simbólico: el quinto aniversario del proyecto. Para su fundadora, Gabriela Alcorta, este reconocimiento no es un punto de llegada, sino una confirmación de rumbo. La filosofía del espacio, que nació como proyecto familiar, se sostiene bajo la premisa de acercar el vino sin barreras.

La bodega de Berria Wine Bar.

Esa ambición se traduce también en su propuesta gastronómica, recomendada por Guía Repsol, que acompaña el discurso vinícola sin eclipsarlo. La cocina, liderada por la chef María Mena, parte del producto y se adapta al ritmo del comensal, con un servicio ininterrumpido que permite desde un aperitivo improvisado hasta una cena pausada maridada con grandes etiquetas.

El relato de la experiencia se completa en sala, bajo la dirección del maître Jorge García, donde el servicio de sumillería actúa como hilo conductor entre la carta y el cliente. El resultado es un acompañamiento cercano, pedagógico y sin solemnidad, que convierte la elección del vino en una conversación más que en una decisión intimidante.

El equipo que hace posible el funcionamiento de Berria.

El espacio también juega su papel. En el interior, el ambiente cálido invita a la exploración lenta de la bodega. En el exterior, una terraza abierta durante todo el año convierte la experiencia en algo casi escénico: el vino servido con la Puerta de Alcalá como telón de fondo, en uno de los enclaves más reconocibles de la capital.

En apenas cinco años, Berria ha pasado de ser una promesa a convertirse en una referencia internacional. El Grand Award no solo reconoce una carta monumental, sino una forma de entender el vino en Madrid: sin barreras, con ambición y con una vocación clara de dialogar de tú a tú con los grandes templos vinícolas del mundo.