En plena sierra de Málaga, La Axarquía ha dejado de ser solo un nombre en los mapas gastronómicos para convertirse en una de las comarcas más inquietas de la viticultura española.
No solo por sus vinos, sino también por su tradición de la pasa. La uva moscatel de Alejandría, base de algunos de sus vinos y de la Pasa de Málaga, se sigue secando al sol en los paseros, un método artesanal único que ha sostenido la vida en los pueblos de la sierra durante siglos.
Su relieve quebrado, la cercanía al mar y la mezcla de suelos calcáreos y arcillosos dibujan un terruño singular donde la uva se revuelve con energía y la cepa responde con carácter.
Entre viñas, almendros y calles blancas, pueblos blancos como Cómpeta, Comares o El Borge completan una postal que une patrimonio, gastronomía y vino con una identidad difícil de imitar.
El secado al sol en paseros, la vendimia a mano y el trabajo en pendientes extremas han hecho de esta comarca un paisaje agrícola único, hoy reconocido como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial por la FAO.
Paisaje de viñas en la Axarquía malagueña
En los últimos años, productores locales han recuperado variedades autóctonas y han puesto en valor técnicas de mínima intervención, buscando vinos que no solo se prueben, sino que se entiendan: con tensión, frescura y una huella clara de origen.
Este es el momento de los vinos del levante malagueño, de blancos con nota floral, acidez viva y un final salino que los vuelven irresistibles en la mesa, de tintos de sorprendente elegancia y de dulces que nos devuelven a tiempos pasados con un pie en el futuro.
La región ha aprendido a hablar con su propio lenguaje, lejos de las imitaciones y más cerca de la identidad, y eso se percibe en la copa.
La selección que sigue recoge esa singularidad. Vinos que encajan con la cocina de producto, que radicalizan la ligereza y que, al mismo tiempo, tienen profundidad.
Todos con una premisa clara: emoción sin artificios, y un guiño constante a las laderas imposibles y a las manos que los hacen posibles.
Fabio Coullet Ingénito
Este vino nace de viñedos escarpados donde la mecanización es impensable y la viticultura se vuelve heroica: todo, desde plantar hasta cosechar, se hace de manera artesanal. Ingénito, de Fabio Coullet, es la expresión pura de ese paisaje inhóspito.
Fabio Coullet Ingénito
Un tinto de garnacha cultivada en pendientes de más de 70% de desnivel, vendimiada a mano y transportada a hombros y con mulas. Fresco, mediterráneo y con un carácter de terruño que lo define como un vino sin artificios, con alma e identidad. Precio: 24 euros
Ariyanas Blanco Seco Sobre Lías
Moscatel de Alejandría que sorprende: al olerlo parece dulce, con lichis, albaricoques, jazmín y azahar, pero en copa es seco, untuoso y sápido. Bodegas Bentomiz refleja aquí la Axarquía malagueña con matices minerales, pizarrosos y salinos.
Ariyanas Blanco Seco Sobre Lías
Tomarlo bien frío es clave. Ideal para maridar con sushi, sashimi, pescaditos fritos y adobados. Un blanco que convierte el verano en una experiencia de sabor, con complejidad y frescura. Precio: 23,95 euros
Rujaq Andalusí Trasañejo
Dimobe elabora este moscatel de Alejandría dulce criándolo durante 20 años en botas de roble americano. Los suelos de pizarra otorgan una calidad extrema a la uva. En boca es goloso, pero fresco, con acidez equilibrada y alcohol integrado que lo hace fácil de beber.
Rujaq Andalusí Trasañejo
Largo, intenso, con notas de fruto seco, mieles, pasas y ahumados. Un trasañejo con historia, emoción y profundidad, donde el tiempo se percibe en cada sorbo. Precio: 26 euros
Monte Faco Moscatel Seco
Otro vino que prueba que el mejor moscatel no tiene por qué ser dulce. Procedente de viñas de más de 70 años plantadas en pendientes de más de 30% de desnivel, este blanco conquista con su frescura aromática de cítricos y flores blancas, con el azahar tan característico de la variedad.
Monte Faco Moscatel Seco
Acidez vibrante y perfil mineral marcado por el suelo pizarroso. Perfecto para acompañar pescados mediterráneos y mariscos. Un vino de gran relación calidad-precio, con identidad y ligereza. Precio: 6 euros
Vidueños de Sedella Blanco
Mezcla de moscatel, doradilla, montúa y calona, todas variedades locales de la Axarquía. Fermentado con un tercio de las pieles en huevos de cemento y criado durante 9 meses en contacto con sus lías para aportar estructura extra.
Vidueños de Sedella Blanco
Este blanco complejo, con notas de fruta de hueso y hierbas mediterráneas, representa la nueva generación de vinos de mínima intervención de la región. Con identidad, textura y un final que invita al siguiente sorbo. Precio: 21,75 euros
