Maximilian J. Riedel no es solo el heredero de una histórica cristalería, es el hombre que ha conseguido que miremos una copa de vino como si fuera un instrumento de precisión.
Undécima generación de una saga que sopla vidrio desde 1756, Riedel se ha convertido también en un fenómeno contemporáneo (más de 600.000 seguidores en Instagram) capaz de traducir casi tres siglos de tradición en un lenguaje actual, sensorial y directo.
En su universo, las copas no son un accesorio, sino “transmisoras silenciosas de conocimiento”. Y no lo dice a la ligera. Desde 2013, es él quien diseña cada colección de la firma austríaca, afinando formas que no buscan belleza sino rendimiento: amplificar aromas, dirigir el vino en boca y alterar, literalmente, la percepción de lo que bebemos.
Riedel Veloce
Bajo la premisa de que “la forma sigue a la función”, Riedel ha cambiado la forma de servir vino en todo el mundo. Porque aquí no hay magia, sino ingeniería aplicada al placer: no existe el vino perfecto, pero sí la copa adecuada para cada variedad. Y cuando ambas cosas encajan, la experiencia se dispara.
Madrid fue testigo reciente de esta filosofía durante la Riedel Wine Glass Experience, celebrada en el hotel Rosewood Villa Magna de la mano de Euroselecció. Allí, el propio Maximilian que, como él mismo advirtió, “venía a Madrid a complicarnos la vida”, demostró con la serie Veloce cómo un mismo vino puede parecer completamente distinto según el cristal en el que se sirva.
Por qué tu vino no sabe igual que en el restaurante
Lo primero que desmonta Riedel es el escepticismo. En sus catas, el impacto es inmediato: “Se sorprenden al ver cómo la forma de la copa cambia la apariencia del vino y cómo, estando lado a lado, parecen vinos distintos siendo el mismo”.
La única manera de que el consumidor lo entienda es que lo huela y lo pruebe en copas diferentes, explica. Para él, el vino es, ante todo, una experiencia íntima: “El vino habla a nuestros sentidos. Es muy sensual, muy personal y privada”. Y precisamente por eso, cada detalle importa.
Uno de los debates habituales es si priorizar diseño o durabilidad. Su respuesta no es tajante, pero sí reveladora: “Todo es experiencia y sensualidad. Un diseño, te gusta o no te gusta. Por eso tengo tantas colecciones”.
Riedel Veloce
Reconoce, además, un cambio de tendencia: “Si me hubieras preguntado esto hace diez años, habría dicho que todo es durabilidad. Ahora la tendencia es muy delgada, muy ligera, y con eso pierdes durabilidad”.
En cuanto a los factores técnicos, lo tiene claro: “Mi abuelo ya descubrió que no es tanto el material como la forma”. Y rompe otro mito habitual: “Para mí no existe la temperatura ambiente, yo sirvo todos los vinos, blancos o tintos, frescos; pero esto es un gusto personal”.
Para quienes empiezan, desmonta la idea de la copa única: “No existe una copa universal porque es algo personal. Debes invertir en la copa de la variedad de uva que más te guste”. Su ejemplo es directo: “Yo bebo vino tinto el 80% del tiempo, así que para mí tiene sentido invertir en esa copa específica”.
Errores comunes que se pueden evitar en casa
Uno de los fallos más extendidos está en cómo guardamos las copas. La solución, según Riedel, es más simple de lo que parece: “Como un libro en una estantería abierta, así es como debes guardar tus copas”. El motivo es clave: “La humedad destruye tu copa, la arruina. Se mete en la superficie del vidrio y se vuelve opaca”.
También advierte contra los armarios cerrados: “Otro problema es si la gente guarda sus copas en la bodega con un 70% de humedad, las destruye. O en un armario cerrado que huele mal, a madera o a lacas”. Su recomendación: espacio abierto y uso frecuente.
Riedel Vitis
En cuanto a la limpieza, no hay dogmas: “Dos opciones. Lavado a mano o lavado a máquina, ambos funcionan. No hay bueno o malo. Siempre con cuidado”.
Decantar también blancos y espumosos
Uno de los consejos más inesperados es su defensa del 'shock decanted': “Siempre para vinos jóvenes blancos y rosados; incluso champanes jóvenes”. El efecto es inmediato: “Con ello conseguiremos 30 minutos de magia: mucho más aroma, sabor más nítido. Después, el vino vuelve a reposar”.
¿Habrá copas para vinos sin alcohol?
Lejos de rechazar tendencias, Riedel observa con interés el auge del vino sin alcohol: “He probado mis copas con vinos sin alcohol. Si el vino es un riesling, sigue siendo el sabor del riesling lo que marca la diferencia”.
Porque, como recuerda, el vino es mucho más que alcohol: “Tiene que ver con la fruta, con la variedad de uva, el ADN, la acidez, la mineralidad, el proceso de envejecimiento”. Su conclusión es clara: “Creo que los vinos sin alcohol han llegado para quedarse y también tendremos que adaptarnos a ello”.
Y, más allá de modas, Maximilian J. Riedel deja una reflexión de fondo: el gran reto no es qué bebemos, sino cómo educamos a quienes lo beberán mañana.
