Propaganda sigue siendo ese secreto a voces que convirtió a Chueca en punto de peregrinación para los amantes del vino. Hoy, casi 25 años después, su propuesta respira aún más ambición sin perder la esencia cool que lo convirtió en el wine bar más deseado de la capital, cuando todavía nadie hablaba en estos términos.
Tras la despedida de su hermano mayor en la calle Jorge Juan, el espacio de Libertad 12 (el de siempre, el auténtico) continúa funcionando como un auténtico templo del vino italiano en Madrid, con una carta que desafía cualquier intento de síntesis: las referencias invitan a recorrer Italia copa a copa, de norte a sur, sin renunciar a guiños bien afinados al resto del mundo.
Aquí se viene a beber, sí, pero también a cuestionar las reglas, a maridar sin corsés y a dejarse llevar por una selección viva que se renueva constantemente con hallazgos de pequeños productores, historias líquidas que el equipo conoce de primera mano y comparte con entusiasmo casi militante.
Propaganda (Libertad, 12)
Detrás de esa energía está Mattia Pierantoni, alma y criterio de Propaganda, un apasionado del vino italiano que ha sabido trasladar a Madrid una mirada profundamente personal sobre el producto.
Su conocimiento se mueve con soltura entre denominaciones clásicas y proyectos más contemporáneos, pero encuentra un contrapunto brillante en su devoción por Champagne, protagonista indiscutible de sus célebres brunchs dominicales.
Mattia en la puerta de Propaganda
Esa dualidad Italia y Francia define también el carácter del lugar: sofisticado pero accesible, técnico pero hedonista. Mattia no solo selecciona vinos, los interpreta; construye relatos líquidos que invitan tanto al aficionado curioso como al bebedor experto a descubrir nuevas lecturas en cada copa.
A la identidad líquida se suma ahora una oferta gastronómica renovada que refuerza el conjunto sin eclipsarlo. Propaganda sigue siendo el bar de vinos de siempre, pero incorpora platos que están marcando el ritmo de la temporada.
El Galletto al Mattone, un picantón de corral cocinado bajo presión, jugoso y profundamente sabroso, se ha convertido en un fenómeno inmediato. Le siguen el Spaghetti ai Frutti di Mare, vibrante y generoso, y una serie de crostoni (como el Milano, el Carciofi alla Pizzaiola o el de mozzarella con alici) que funcionan como pequeños vuelos directos a Italia.
Propaganda (Libertad, 12)
Regresa además el imprescindible Prosciutto e Melone, tan simple como infalible, y aparecen guiños más personales como la lengua de ternera en salsa verde alla Giudia, inspirada en la tradición del barrio judío de Roma, o un sorprendente bistec de coliflor con salsa de pecorino que confirma que aquí también hay espacio para la mirada vegetal.
Todo suma en un discurso coherente donde el vino sigue siendo el eje, pero la cocina acompaña con inteligencia y cada vez más protagonismo.
96 puntos y un sitio fijo en la carta
Más allá de las referencias italianas y las burbujas galas, Mar de fondo, de Bodegas Miradorio (Cantabria), es uno de esos vinos en los que el capo de Propaganda fija su atención por lo que expresan en copa y por lo que representan en origen.
Este blanco de perfil atlántico combina riesling, hondarrabi zuri, albariño y godello, variedades trabajadas por separado para sacar el máximo de cada parcela y construir un vino fresco, aromático, elegante y con una tensión muy marcada.
Su personalidad le valió 96 puntos en la Guía Tim Atkin 2024, la mayor puntuación lograda por un vino cántabro, además de la distinción de ‘Descubrimiento del Año’ en su categoría.
Mar de fondo, Bodegas Miradorio
“Me gusta mucho porque detrás hay un trabajo muy auténtico de gente a la que conozco y aprecio, y porque consigue tener una personalidad muy definida: es un blanco atlántico, fresco, salino, elegante y con una tensión increíble que lo hace súper gastronómico”, explica Mattia Pierantoni.
En Propaganda, añade, “funciona especialmente bien, sobre todo con crudos como el tartar de atún, las anchoas del Cantábrico y toda esa cocina italiana más mediterránea y sabrosa que trabajamos”.
Mar de fondo es un vino que destaca por ofrecer “equilibrio, identidad y facilidad de beber”, una combinación que el italiano valora especialmente. Precio: 19,50 euros
