Mallorca es mucho más que playas idílicas, montañas escarpadas, marisco y sobrasada. También se bebe a sorbos lentos, con memoria y con paisaje. Después de décadas de declive y abandono de un patrimonio enológico único, de un tiempo a esta parte, el vino mallorquín ha dejado de ser un secreto bien guardado para convertirse en un emblema de identidad, sostenibilidad y modernidad.
Bajo el paraguas de la DO Mallorca —con sus históricas DO Binissalem y Pla i Llevant— y la IGP Vi de la Terra Mallorca, la isla vive un momento especialmente fértil, donde conviven la recuperación de variedades ancestrales, la viticultura ecológica y una nueva generación de bodegas inquietas.
El vino y las bodegas de donde nacen han puesto de manifiesto que Mallorca es comunidad, celebración y compromiso. Una manera de apostar por la economía local, por la sostenibilidad real y por la preservación de un paisaje agrícola que define la isla.
La Denominación de Origen Pla i Llevant.
Desde la Festa des Vermar de Binissalem hasta el Raïm Wine Fest organizado por la IGP, la cultura del vino se vive en la calle y se comparte en torno a la mesa.
Para entender este renacer basta con descorchar cinco vinos. Cinco etiquetas que funcionan como un mapa sensorial de la isla y de las tendencias que hoy la definen.
Sa Vall, Miquel Gilabert
Sa Vall, de Miquel Gilabert.
El Pla i Llevant, con sus viñedos casi a nivel del mar y la influencia del Embat —ese viento marino que refresca y saliniza la uva—, encuentra en este blanco de crianza uno de sus grandes exponentes. Elaborado con Giró Blanc, Viognier y un pequeño aporte de Pinot Noir, Sa Vall – Selecció Privada 2020 fermenta y envejece seis meses sobre lías en barricas nuevas de roble francés.
El resultado es un vino de color amarillo dorado, aromas florales y recuerdos cítricos, con un sutil toque de mantequilla. Largo, fresco y con volumen en boca, es una muestra del refinamiento que están alcanzando los blancos mallorquines, capaces de dialogar con pescados en salsa, mariscos y cocina mediterránea elaborada. Precio: 26,50 €
Gallinas y Focas 2021, de 4 Kilos
Gallinas y Focas 2021, de 4 Kilos.
Este vino tinto ecológico, criado durante 18 meses en barrica de roble, demuestra que Mallorca también sabe jugar con la madera sin perder frescura. Gallinas y Focas 2021 seduce desde la nariz con un abanico de fresas maduras y moras jugosas, envueltas en notas balsámicas y especiadas que aportan complejidad sin excesos.
En boca es suave, de cuerpo medio y textura sedosa, con una acidez bien medida que alarga el trago y lo hace tremendamente bebible. Representa una tendencia clara en la isla: tintos honestos, equilibrados y pensados para disfrutar, más que para impresionar. Precio: 23,60 €
Soca-rel Manto Negro de Soca-rel
Manto Negro, de Soca-rel.
Si hay una uva que simboliza Mallorca, esa es la Manto Negro. Soca-rel la interpreta desde una óptica natural y ecológica, dando lugar a un tinto fresco, jugoso y directo. De él destaca la fruta roja en estado puro, una exuberancia agradecida y una facilidad de trago que lo convierte en el aliado perfecto para compartir.
Este vino conecta con otra gran corriente en la isla: la mínima intervención, el respeto por el viñedo y la búsqueda de vinos vivos que expresen sin filtros el carácter del terruño. Precio: 21, 90€
Terna de Son Vinater 2022, de Mesquida Mora
Terna de Son Vinater 2022, de Mesquida Mora.
Mallorca también se atreve. Terna de Son Vinater es un blanco de maceración —estilo orange wine o brisat— que rompe esquemas sin cansar. Complejo, profundo y muy ligado al paisaje, despliega aromas florales, recuerdos de miel y sensaciones de sotobosque mediterráneo.
Elaborado macerando sus variedades durante diez días con las pieles y criado sobre lías en huevo de hormigón, es un vino de parcela único en la isla. Seco en boca pese a su perfume aparentemente dulce, representa a la perfección la libertad creativa que permite la IGP Vi de la Terra Mallorca, auténtico laboratorio de innovación vinícola. Precio: 22,80€
Vins Oblidats Escursac, de Ca'n Verdura Viticultors
Vins Oblidats Escursac de Ca'n Verdura Viticultors.
Detrás de Ca’n Verdura está Tomeu Llabrés y una misión clara: recuperar variedades casi desaparecidas de la DO Binissalem. Tras devolver protagonismo a la Manto Negro o la Giró Ros, el turno es ahora de la Escursac, una uva autóctona mallorquina autorizada oficialmente hace menos de una década.
Este tinto nace de una diminuta parcela de apenas 0,7 hectáreas en Binissalem, sobre suelos de call vermell ricos en hierro, a los pies de la Sierra de Tramuntana. Cultivado con mínima intervención y absoluto respeto por la biodiversidad, el vino es tan sorprendente como divertido, una rareza que habla de territorio, historia y valentía. Precio: 15,95€
