El verano en Ávila estrena nuevo punto de encuentro gastronómico. Entre las históricas murallas de la ciudad y el jardín amurallado de La Casa del Presidente, abre sus puertas ÑaCa, una terraza efímera que convierte las noches estivales en un plan de vino, brasas y platos para compartir, con un ticket medio de entre 40 y 50 euros.
La propuesta nace de la mano de Caleña, el restaurante liderado por el chef Diego Sanz, y supone su versión más desenfadada y accesible.
Un pop up gastronómico que, de miércoles a sábado y hasta finales de septiembre, invita a disfrutar de una cocina informal que mantiene intacta su conexión con el territorio y el producto local.
El nombre de ÑaCa surge de la propia palabra Caleña y remite a esa expresión popular vinculada al hambre, al antojo y a las ganas de dar un buen bocado.
Y precisamente de eso se trata: de compartir una mesa al aire libre y dejarse llevar por una carta pensada para comer sin prisas y, en muchos casos, con las manos.
La oferta arranca con pequeños bocados como la croqueta de jamón, la empanadilla de atún o la clásica gilda de matrimonio.
La gilda de marinera que preparan en Ñaca.
A ellos se suman platos de temporada como la ensaladilla de langostinos de Medina, el tomate de Cebreros aliñado, los mejillones en salsa de chipotle o el bonito en salpicón y encurtidos.
El protagonismo de las brasas llega con los pinchos al sarmiento, donde el pollo, el lechazo y la panceta se convierten en los grandes reclamos de la noche.
La ensaladilla es otra de las opciones que trae la efímera carta de Ñaca.
La experiencia se completa con una cuidada selección de vinos por copas y la posibilidad de acceder a la bodega de Caleña, una combinación pensada para acompañar el ritmo relajado de las cenas de verano.
Con capacidad para apenas 40 comensales, ÑaCa apuesta por la exclusividad sin renunciar a la cercanía. Un rincón gastronómico que suma un nuevo atractivo a la oferta estival de La Casa del Presidente y que aspira a convertirse en una de las direcciones imprescindibles para quienes buscan disfrutar del verano abulense desde una mirada contemporánea, entre patrimonio, buena mesa y el placer de cenar al fresco.
