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En la calle Portal de Molina, en una de las arterias del casco histórico de Albarracín, se esconde El Portal de Albarracín, en una casita de piedra y madera donde, desde los años 80, la familia Prieto daba de comer cocina tradicional aragonesa. 

Hoy esa misma casa se ha convertido en un íntimo restaurante gastronómico de sólo seis mesas con unos 18 comensales por servicio, al que se accede casi como quien entra en un comedor privado. 

Al frente están Sonia Prieto y Reynol Osorio, pareja dentro y fuera de la sala, que se conoció en República Dominicana y terminó echando raíces gastronómicas en Teruel. La Guía Repsol acaba de concederles su primer Sol por su labor culinaria. 

Así pues, el restaurante de los padres de Sonia sigue siendo ahora "familiar, pequeño y sincero", como ellos mismos lo describen, pero desde una mirada joven y refrescante, gracias a la buena mano de Osorio, formado en casas como Ricard Camarena o la Hospedería El Batán de María José Meda.

Cocina honesta y de paisaje

En El Portal de Albarracín se cocina con sencillez, respeto al producto y raíces emocionales, una declaración de intenciones que se traduce en una cocina de temporada basada en ingredientes sostenibles y de proximidad.

Así, en sus menús encontramos verduras de la huerta local, setas de la Sierra, melocotón de Calanda, panceta y otros productos de Teruel, caza, legumbres y pescados de interior como el esturión aragonés, siempre tratados con fondos suaves, escabechados precisos y puntos de cocción medidos.

El salón del restaurante.

La bodega es un manifiesto territorial: todas las referencias son vinos aragoneses, un hilo líquido que acompaña un discurso gastronómico pensado para contar la provincia desde el plato y la copa.

Dos menús de temporada

La experiencia en El Portal se articula en base a dos menús degustación que cambian al compás de las estaciones. Por una parte, el menú 'Descubrimiento. La cocina que somos', propone un paseo por territorio, raíces y recuerdo a través de cuatro aperitivos, dos entrantes, un plato principal y un postre, con un precio en torno a los 50 euros.

Por otra parte está el menú 'Clásicos. Los platos de siempre', que condensa sabores con memoria por unos 38 euros (lo que lo sitúa entre los más baratos de España con Sol Repsol), y funciona como puerta de entrada a una casa donde el pan casero se sirve como un pase más y donde postres como la tarta de queso o los bocados de tradición dulce cierran el menú con la misma honestidad con la que empieza.