- Comensales: 2
Pocas recetas han logrado lo que las patatas fritas: atravesar fronteras, clases sociales y cocinas domésticas para convertirse en un lenguaje común del placer gastronómico. Da igual si se sirven en un bar de barrio, en un restaurante de alta cocina o en un puesto callejero: el gesto de hincar el diente a una patata dorada y crujiente es casi un reflejo cultural compartido.
El origen exacto de las patatas fritas sigue siendo motivo de debate entre Bélgica y Francia. Ambos países reivindican su invención, aunque lo que sí parece claro es que su popularización en Europa se remonta a finales del siglo XVII o principios del XVIII. Con el tiempo, cruzaron el Atlántico y se convirtieron en un emblema de la comida rápida en Estados Unidos, donde adoptaron su forma más globalizada: finas, saladas y omnipresentes.
Pero reducir las patatas fritas a la comida rápida sería injusto. En la cocina contemporánea han sido revalorizadas como producto gastronómico en sí mismo, con técnicas precisas de corte, fritura y selección de variedades.
De hecho, hay que tener muy claro que no todas las patatas sirven para freír. Las variedades con alto contenido en almidón, como la agria o la kennebec, son especialmente apreciadas porque permiten lograr un interior tierno y un exterior crujiente. La textura final depende tanto del tipo de patata como del tratamiento previo: el lavado del almidón, el secado y, en muchos casos, el reposo en frío.
El tipo de aceite también influye. El de girasol alto oleico o el de oliva suave son opciones habituales en España, cada uno aportando matices distintos de sabor y textura. El punto de sal, añadido justo después de la fritura, es el último gesto que termina de construir su identidad.
Patatas fritas sin (casi) aceite
El famoso chef Jordi Cruz, jurado de MasterChef España, ha compartido en redes su truco para conseguir unas patatas fritas crujientes sin utilizar apenas aceite.
"La clave está en combinar tres pasos: retirar parte del almidón; una precocción rápida en microondas y el acabado crujiente en airfryer", asegura. Todos los detalles de la elaboración, justo abajo.
Ingredientes
- Patatas medianas para freír (agria, kennebec), 4
- Aceite de oliva suave, un chorrito
- Sal, al gusto
Paso 1
Pela y corta las patatas en bastones. Déjalas un rato en agua fría para eliminar parte del almidón y escúrrelas bien.
Paso 2
Añade un pequeño hilo de aceite y mezcla para que todas las patatas queden ligeramente embadurnadas.
Paso 3
Colócalas en un bol, cúbrelo bien con film de cocina y cocina 6 minutos en el microondas a 800 W. Quedarán muy tiernas, casi como si estuvieran confitadas.
Paso 4
Con cuidado de no quemarte con el vapor, pásalas a la 'airfryer' y cocina 15 minutos a 185-190 °C. A mitad de cocción, remueve las patatas para que se doren de forma uniforme.
Paso 5
Para el toque final, sube la temperatura a 200 °C durante 5 minutos más.
Paso 6
Finalmente, sácalas, sálalas al gusto y mezcla todo ligeramente. Y listo.
Durante décadas, las patatas fritas fueron vistas como acompañamiento. Hoy, sin embargo, muchas cocinas las reivindican como plato principal o elemento central de creación. Desde las clásicas 'patatas bravas' hasta versiones trufadas, con salsas fermentadas o reinterpretaciones gourmet, su versatilidad es casi infinita.
En países como Bélgica, existen incluso establecimientos dedicados exclusivamente a ellas, las friteries, donde se sirven con una variedad sorprendente de salsas y cortes.
Más allá de la técnica, las patatas fritas tienen algo difícil de medir: carga emocional. Están asociadas a momentos informales, a la infancia, a comidas compartidas sin pretensiones. Son un alimento que no exige ceremonia, pero que la genera.
Quizá por eso, pese a su simplicidad aparente, siguen ocupando un lugar privilegiado en la mesa contemporánea. Porque pocas cosas son tan universales como el placer de algo crujiente, caliente y recién hecho.
