Si algo define al calabacín es su docilidad culinaria: se deja cortar, rellenar, triturar, saltear, encurtir o incluso hornear en repostería sin levantar la voz. En la cocina italiana, por ejemplo, las zucchine ocupan desde las clásicas flores rebozadas hasta los salteados con ajo y hierbas, pasando por los omnipresentes 'espaguetis' vegetales, los llamados zoodles, que hoy triunfan como alternativa ligera a la pasta.
En casa, basta un espiralizador o un cuchillo afilado para transformar el calabacín en cintas que se mezclan con tomates, quesos frescos o mariscos, admitiendo desde un pesto clásico hasta una vinagreta asiática.
En la cocina española, el calabacín se integra con naturalidad en cremas, pistos, salteados y tortillas. Las cremas templadas o frías de calabacín, a menudo en combinación con puerro, zanahoria o manzana, se prestan a jugar con especias, quesos o un toque de frutos secos para ganar textura.
En el terreno de las masas saladas, es casi insustituible: rellena quiches, tartas de hojaldre, cocas mediterráneas, empanadas o pizzas caseras, donde aporta humedad, dulzor vegetal y esa sensación de “verde” que equilibra embutidos y quesos más grasos. Frito o rebozado, en chips finísimos o en bastones a la romana, compite con la berenjena como rey de las frituras veraniegas.
Elegir piezas pequeñas o medianas, con piel brillante, firme y sin golpes, es el primer gesto gastronómico hacia este vegetal. Desde ahí, el resto es cuestión de cuchillo, tiempo de cocción y una mirada curiosa: la que permite ver en un calabacín algo más que un recurso de nevera y entenderlo como lo que es, una hortaliza contemporánea, saludable y sorprendentemente versátil.
Sándwich de calabacín de Paula Monreal
La creadora de contenido gastronómico Paula Monreal (@paufeel) ha compartido en redes un vídeo de una receta para comer calabacín de una forma diferente e inesperada: ¡a modo de sándwich!
"Sin harinas, con muy pocos ingredientes y superfácil de preparar", asegura Paula. Todos los detalles de este plato, justo aquí.
Ingredientes
- Calabacín grande, 1
- Huevos, 2
- Queso rallado, 2 tazas
- Sal y pimienta, al gusto
- Aceite de oliva virgen extra, un chorrito
Paso 1
Lava el calabacín y rállalo con un rallador. Luego ponlo en una bolsa para escurrir el agua de la verdura o en un paño de cocina.
Paso 2
Cuando se haya escurrido el agua, pon el calabacín rallado en un bol y añade el queso, los huevos, la sal y la pimienta. Mezcla todo bien.
Paso 3
Engrasa una sartén con un poco de aceite de oliva virgen extra.
Paso 4
En esa misma sartén, pon un molde, (aunque también lo puedes hacer sin él) y rellénalo con un poco de la masa; haz otro igual, quita el molde y tapa la sartén y déjalo a fuego bajo durante 3 o 4 minutos, dale la vuelta y vuelve a tapar la sartén otros 3 o 4 minutos.
Paso 5
Pasado este tiempo, sácalo de la sartén y rellena el 'sándwdich' de pan de calabacín de lo que más te guste y disfruta.
Acompañamientos
Una buena opción es acompañar este sándwich con una ensalada verde sencilla, hecha con hojas crujientes como rúcula, canónigos o lechuga y una vinagreta de limón o lima que limpie el paladar.
También le sienta muy bien un tomate aliñado o una pequeña ensalada de tomate y cebolla morada con aceite de oliva y un toque de vinagre de Jerez, que aporta jugosidad y contraste.
Si te apetece algo crujiente, puedes servir bastones de zanahoria y apio con una salsa de yogur y limón o con hummus suave, o incluso un coleslaw ligero hecho con col y zanahoria ralladas y salsa de yogur en lugar de mayonesa.
Si buscas un acompañamiento más saciante, unas patatas o boniatos asados con hierbas, o una bandeja de verduras asadas (pimiento, berenjena, cebolla, zanahoria) funcionan como guarnición templada y colorida que completa el plato sin robarle protagonismo al calabacín.
