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La tapa siempre ha sido mucho más que un pequeño bocado servido junto a una bebida. Es una forma de estar, de conversar, de compartir el tiempo y el espacio alrededor de una barra.

Ahora, ese gesto cotidiano que define la sociabilidad gastronómica española da un paso decisivo hacia el reconocimiento internacional: el Gobierno impulsa la candidatura de la tapa española como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad ante la UNESCO.

La iniciativa se enmarca dentro del recién presentado Plan Internacional de la Gastronomía Española, una ambiciosa hoja de ruta liderada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en coordinación con ICEX y Turespaña. Un plan que se articula en 10 medidas, estructuradas en cuatro grandes y ha contado con la participación más de 120 profesionales del sector.

Chefs, productores, empresarios y expertos— han aportado su conocimiento para definir diez medidas concretas, con objetivos claros y medibles, que buscan consolidar a España como potencia gastronómica global.

La tapa como patrimonio vivo

Reconocer la tapa como patrimonio cultural vivo es una de esas 10 medidas propuestas por el Gobierno. Frente a otras expresiones culinarias más codificadas, la tapa es un patrimonio vivo, cambiante y profundamente ligado al territorio.

La gastronomía española, un patrimonio cultural incalculable.

Desde un pincho de tortilla, unas lonchas de jamón, una aceituna aliñada en un bar de barrio, una gilda en el norte, una pringá en Andalucía o una creación contemporánea en una taberna de autor. Su valor no reside solo en la receta, sino en el ritual: compartir, elegir, conversar, ir de bar en bar. Comer de pie. Comer juntos.

El propio ministro, Luis Planas, lo subrayó durante la presentación del Plan al recordar que España cuenta con “una cocina con identidad propia, que respeta la tradición y al mismo tiempo impulsa la creatividad y el talento”. En ese equilibrio entre lo popular y lo innovador, la tapa se erige como uno de los símbolos más reconocibles —y exportables— de nuestra cultura gastronómica.

Gastronomía, turismo y marca país

La candidatura de la tapa se integra en el tercer eje del Plan, dedicado al turismo, un ámbito clave si se tiene en cuenta que los cerca de 97 millones de visitantes que recibe España cada año se convierten, inevitablemente, en embajadores de nuestra mesa. Para muchos de ellos, el primer contacto con la cocina española no es un restaurante de manteles largos, sino una barra repleta de pequeñas delicias.

El Plan entiende la gastronomía como un activo estratégico de país, alineado con la Estrategia Nacional de Alimentación, y apuesta por ordenar, estructurar y proyectar lo que ya funciona. No se trata de reinventar la tapa, sino de reconocer su valor cultural, proteger su esencia y proyectarla al mundo como parte de una narrativa común, diversa y cohesionada.

Un liderazgo que quiere perdurar

Además de la candidatura ante la UNESCO, el Plan Internacional de la Gastronomía Española articula medidas en formación, internacionalización y marca país, con una idea clara: la gastronomía no es solo creatividad, también es conocimiento, empresa y sostenibilidad. “Tenemos que garantizar que los proyectos creativos sean también viables”, señaló Planas, insistiendo en que el prestigio debe traducirse en oportunidades reales para el sector.

Con vocación de permanencia, el Plan se desplegará a través de programas anuales —el primero de ellos se presentará en 2026— y se concibe como un marco abierto, adaptable y en constante evolución.

Si la UNESCO reconoce finalmente a la tapa como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, no estará premiando únicamente una forma de comer, sino una manera de relacionarse. Un lenguaje común que se entiende en cualquier rincón del país y que ha sabido viajar sin perder su alma.