Llegas tarde a casa, estás cansado después de una jornada demasiado exigente y hay que preparar la cena. Tienes tres opciones: hacer una tortilla francesa, calentar una lasaña precocinada o pedir algo a domicilio.
Lo intentas con la tortilla para que no te venza la pereza y sentirte culpable, pero, ¡sorpresa!, los huevos llevan una semana caducados: ni siquiera has tenido tiempo de ir al súper. Al final la lasaña resulta ganadora: es lo más cómodo, rápido y, oye, —no nos engañemos—, tampoco está tan mal.
Esta situación se repite a menudo en los hogares, fomentada por unos horarios de trabajo poco o nada conciliadores, unas cocinas minúsculas (tu pisito de 30 m² no da para más) y una industria de platos preparados cada vez más desarrollada. ¿A dónde nos lleva todo esto? ¿Vamos a dejar de cocinar? ¿Van a extinguirse las cocinas domésticas? ¿Nos estamos pasando de alarmistas?
La mesa redonda Comer sin cocinar. ¿Van a desaparecer nuestras cocinas?, llevada a cabo en el marco de la 24ª edición de Madrid Fusión, ha abordado estas cuestiones que llevan tiempo repitiéndose dentro y fuera del sector.
Platos preparados: ¿un caramelo envenenado?
La comida preparada ha estado en el centro del debate, un sector "en crecimiento" que "seguirá creciendo de cara a los próximos años", tal y como ha asegurado Laura Gil, Senior Client Director WorldPanel by Dominator. Y seguirá haciéndolo porque cada vez hay una mayor demanda de ahorro de tiempo por parte de los clientes.
Esa demanda va acompañada de "una tecnología" cada vez más sofisticada "para hacer productos de muchísima calidad", algo que no ocurría hace 15 años, cuando los platos precocinados "no estaban buenos", según ha señalado Raúl Martín, CEO de Familia Martínez, uno de los principales proveedores de platos preparados de Mercadona. "No se pueden comparar los de ahora con los de antes; poco a poco iremos teniendo productos con menos azúcar", ha insistido.
Mejores platos precocinados, en poco tiempo, y, encima, a un precio asequible. No suena mal, ¿no? Pero, entonces, ¿tiene sentido que sigan habiendo cocinas en las casas? ¿Qué pasaría si gran parte de la gente dejara de cocinar? ¿Qué ocurre con la identidad en la cocina?
Los participantes de la mesa redonda 'Comer sin cocinar. ¿Van a desaparecer nuestras cocinas?'
Sin cocinas, ¿podría haber existido un plato como la sopa de tomate de la abuela Josefa, del restaurante Lú Cocina y Alma (**) del chef Juanlu Fernández?
El cocinero jerezano, presente en la charla, se considera "la antítesis" de toda esa industria de alimentos precocinados, pero es "consciente" de que es una realidad cada vez más acuciante, "y los cambios en la vida hay que saber gestionarlos".
Aun así, insiste en que hay que intentar "que el alma no se pierda": "Es cariño, es amor, es una persona que ha dedicado una mañana a cocinarte; mi abuela desde que se levantaba invertía todo su tiempo en preparar un plato efímero".
"La industria tiene que conseguir eso, porque el sonido de la olla exprés ya se perdió, a no ser que pongáis un dispositivo de escucha en cada táper", bromeaba el chef.
En este sentido, Martín sostiene que su empresa ya cocina platos tradicionales como codillo y lentejas, e incide en que muchas veces sus productos preparados superan a cualquier elaboración casera: "Habría que ver cuánta gente es capaz de hacer una tortilla mejor que la que vendemos nosotros preparada".
"Si tú vas a hacer algo que otros hacen mejor, ¿para qué hacerlo? Aliento a que siempre nos apoyemos en la industria para una mejoría", ha expresado.
¿Quizá para no perder aquello que nos hace humanos? ¿Tal vez por el mero disfrute de hacer algo, sin necesidad de compararse con otros ni de ser el mejor en ello?
La cocina, un espacio en transformación
Manuel Delgado, responsable estratégico de Interiorismo de IKEA en España, lo tiene claro: las cocinas no van a dejar de existir. "Un estudio de 2024 nos dice que el 100% de las casas españolas tiene cocina, es la única estancia que llega a ese porcentaje; la cocina no va a desaparecer, pero sí va a evolucionar, de hecho es el espacio que más ha evolucionado en los últimos años", comenta.
Una cocina de IKEA integrada en el salón-comedor.
Esto se debe en gran parte a los llamados foodlovers, los cuales otorgan una mayor importancia a esta habitación; aunque también están quienes ven la cocina como algo puramente funcional y no emocional.
Así pues, por lo general, actualmente la cocina ocupa un lugar más central en las viviendas, un sitio que antes correspondía al salón. Ahora las cocinas se abren al comedor, al resto de la casa, lo que también demanda un diseño más "invisible", con un almacenaje oculto y ordenado para así integrarse mejor con el resto de las estancias.
"La cocina es un espacio multifuncional: en ella no sólo comemos, también podemos teletrabajar, hacer los deberes con los niños...; es también un espacio de bienestar, donde preparamos los alimentos que nos nutren y que nos hacen sentirnos bien", alega Manuel.
Más allá del drama
Por lo pronto no parece que las cocinas vayan a desaparecer totalmente de los hogares y, pese a los platos precocinados y otras nuevas fórmulas de ahorrar tiempo, no hay indicios claros de que la sociedad vaya a abandonar por completo el noble arte de cocinar.
"Desde que existe la clase trabajadora ningún obrero ha ido a mediodía a casa a comer, el trabajador llevaba táper de casa hecho normalmente por la mujer; el problema es que ahora esa mujer trabaja y el táper lo hemos delegado en los bares o en las industrias alimentarias", comentaba en esta misma dirección la cocinera María Nicolau este martes en una charla en el Centro Cultural Conde Duque.
"Yo no creo que la cocina vaya a desaparecer; si va a desaparecer, ¿por qué os habéis comprado una airfryer? ¿Dónde la vais a meter?", ha expuesto también el biotecnólogo José Miguel Mulet en dicha charla.
"Ahora cocinar es más un hobbie, pero no necesariamente una obligación, porque cuando es una obligación puedes acudir a las mil ofertas que hay que te permiten evitar cocinar. Lo que cabría preguntarse es si estamos comiendo peor por cocinar menos o por no comer tanto en casa, pues las cifras de obesidad infantil están aumentando", ha continuado Mulet.
Así pues, parece que estamos asistiendo a múltiples cambios en la forma de entender la cocina y de relacionarnos con ella, un paradigma distinto en comparación a las generaciones previas (como no podía ser de otro modo). Una metamorfosis inevitable que no necesariamente implica una pérdida total de todo lo que conocíamos.
"A nivel cultural, yo he crecido entre ollas exprés, pero mi hijo no. Al final esos platos preparados irán cada vez más metidos en la cultura, estarán más normalizados. Y la artesanía, que antes era algo humilde, ahora será el nuevo lujo", concluye Juanlu.
